Se requiere de un México productivo, competitivo y seguro

Foto EE: EFE

Con un entorno de bajo crecimiento económico, incertidumbre que prevalece sobre los posibles efectos de la renegociación el TLCAN y de la reforma fiscal en Estados Unidos, México requiere un plan de gobierno para el próximo sexenio que lo lleve a convertirse en un país seguro, productivo y competitivo, y no de medidas populistas.

El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) dijo que una vez arrancado el camino para el proceso electoral del 2018, es indispensable que los candidatos a la presidencia tomen en cuenta el panorama interno y externo que se prevé, y tomen acciones.

“Es fundamental que tengan una visión clara de lo que se requiere para lograr que nuestro país retome un camino de crecimiento sostenido con empleo suficiente y bien remunerado para satisfacer las necesidades de un mayor bienestar de los hogares”.

En su análisis semanal cuestionó, pese a que mejoraron las proyecciones de crecimiento económico para este año, problemáticas como el sismo y los huracanes ocurridos durante el año, serán factores que frenarán el repunte económico de México.

Aunado a que el país vive una de las peores crisis de inseguridad y corrupción, que urge erradicar.

En este sentido, los analistas del sector privado consideran que las propuestas de campaña de los diferentes aspirantes a la Presidencia de México deberán ser claras, creíbles y concretas. “No sólo un puñado de metas populistas que simplemente se quedan en promesas sin cumplir a costa de un mayor deterioro de la situación de las familias”.

Abundó, sobre todo, cuando estamos entrampados en un entorno históricamente negativo en materia de corrupción, impunidad e inseguridad, además del cambio estructural que pueden representar las modificaciones en las reglas del comercio con el exterior.

El CEESP dijo que la población está dispuesta a depositar su confianza en acciones que den resultados visibles y permanentes.

Refirió que los indicadores de nuestro país, más allá de solo reflejar el efecto temporal de los sismos de septiembre, muestran una tendencia a la baja desde principios del año, lo que sugiere que el último trimestre mantendrá esa dinámica.

La inflación retomó fuerza en la primera quincena de noviembre, reflejando por una parte, el efecto estacional del ajuste de las tarifas eléctricas, aunque un factor que ha presionado el indicador general es el ajuste que han tenido los precios del gas doméstico y de las gasolinas, que muestran en el primer caso, alzas anuales superiores a 30% y en el segundo cercanas a 20%. En este entorno, la inflación al cierre del 2017 podría acercarse a 6.6%, con su consecuente efecto sobre el poder adquisitivo de los hogares.

Este factor ha incidido negativamente en el poder adquisitivo de los salarios, incluso los datos de la Secretaría del Trabajo muestran que durante los primeros diez meses del año el salario contractual real reporta variaciones anuales negativas.

CRÉDITO: 
Lilia González / El Economista