Por qué ser workaholic no conduce al éxito laboral

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Las personas con adicción al trabajo generalmente tienen miedo a no ser reconocidos o a perder su empleo; creen ser más eficientes y no saben qué hacer si tienen algún descanso.

Una de las cualidades más valoradas en una persona y sobre todo por las empresas, es trabajar arduamente y ser dedicado, debido a que se considera sinónimo de responsabilidad, mayor productividad y la clave para el éxito; sin embargo, enfocarse sólo en el trabajo puede ser dañino tanto para la salud como para la compañía.

En el ámbito laboral existen muchas aptitudes, como los que trabajan sólo por subsistir y quienes aman lo que hacen, pero hay otro grupo que lo hace de una forma excesiva aunque no le apasionen sus labores, señaló Aldo Suárez­, presidente de la Asociación Psiquiátrica Mexicana.

Estas personas son conocidas coloquialmente como workaholics, que se caracterizan por dar prioridad a su actividad laboral y se olvidan de que hay otras cosas importantes. No pueden poner un límite entre la vida personal y laboral, ni priorizan lo más relevante. Esto es más frecuente en cargos directivos y empresas financieras”, dijo en entrevista a El Economista.

Al final, la adicción puede a conducir a enfermedades como estrés o ansiedad, las cuales generan pérdidas económicas. Por ejemplo, la depresión cuesta 25 días de trabajo al año, el pánico 20, las fobias 15 y el estrés postraumático nueve días.


Por qué surge

El especialista indicó que comúnmente este comportamiento se tiene por retribución económica, ascensos o destacarse entre los mejores, pero la realidad es que no por pasar más horas en el trabajo la persona es más eficiente.

Muchas veces, lo que ocurre es menor eficacia y el desarrollo del síndrome de burnout (desgaste laboral), que se caracteriza por estrés crónico que deriva en irritabilidad, cansancio y ansiedad.

En este sentido, Dulce Almazán­, life & executive master trainer coach, señaló que otra razón por la que una persona se vuelve workaholic es la inseguridad de sentir que no se es valioso como persona o por temor a no controlar las cosas.

“A veces es tal el miedo que la persona necesita saber qué hacen los demás aunque no sean de su área. Tienen la necesidad de ser reconocidos por los jefes y de tener buenos resultados para valer como persona. Otros miedos son perder el trabajo o no subir de puesto”, enfatizó.

Los problemas

La coach Almazán indica que el mayor problema de ser workaholic es que para los demás “suena bien”, pero realmente tiene graves consecuencias en todas las áreas de la vida.

A nivel salud, esta adicción provoca un daño psicológico debido a los altos niveles de estrés, que a su vez reducen la productividad y deriva en otras complicaciones.

“Se produce un sentimiento de que no se vive la realidad, puede surgir depresión, ansiedad, frustración, estrés postraumático y pérdida de vida social”, detalló Aldo­ Suárez.

De igual manera, el ambiente de trabajo se vuelve hostil, estresante e incluso agresivo, ya que la forma de trabajo del workaholic, quien generalmente es el líder, provoca resentimiento en los colaboradores al exigirles laborar fuera de horarios o en días de descanso.

“Olvidan que los demás y ellos mismos necesitan de distracciones y descanso adecuado para aumentar su creatividad”, destacó Almazán.

Suárez alertó que otro gran conflicto es el riesgo de caer en otras adicciones como alcohol, consumo de tranquilizantes o estimulantes, tanto legales como ilegales.

Cómo prevenir

Los especialistas coinciden en que, cuando una persona se está volviendo adicta al trabajo, transmite algunas señales como insomnio, estrés, gastritis, migraña, tensión, no saber qué hacer cuando se tiene tiempo libre y la pérdida de la vida social. Asimismo, aumentan los conflictos familiares.

Por ello, es importante que si un compañero de trabajo, un familiar o uno mismo presenta los síntomas, se tomen medidas para salir de la adicción, sobre todo por parte de las empresas.

En este sentido, Jorge Mérida, director de bienestar emocional en el trabajo en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, mencionó que las empresas deben crear políticas en torno al tiempo que los empleados invierten en el trabajo y definir los límites de involucramiento en las labores.

“Las empresas deben tener sensibilidad a este fenómeno porque las dinámicas de un workaholic pueden afectar tanto a sus compañeros de trabajo como la compañía”, señaló.

Detalló que, con base en datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, México ocupa el primer lugar de horas que un empleado invierte en su trabajo.

Por ello, es importante promover la cultura de salud mental en el centro de trabajo, ya que es el lugar donde más tiempo se pasa y donde más surgen las complicaciones.

“Hay que poner nuestra atención en lo que sí vale la pena y esforzarnos en tener un equilibrio entre el trabajo y el éxito de la vida personal”, concluyó Almazán.

CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario