Planeación efectiva para ser una empresa extraordinaria

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“La planificación no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de decisiones presentes”. Peter Drucker

Hoy en día, el uso de la planeación se ha consolidado como un elemento casi imprescindible para elevar el éxito, tanto personal como empresarial, evitando que la compañía o persona vaya sin rumbo y destino bien definido en su estrategia de crecimiento y que los esfuerzos en el mediano y largo plazo se encuentren dirigidos a reaccionar y corregir.

En este sentido, la falta de planeación equivale a poner el futuro de la empresa en manos del azar. Es importante señalar que la planeación no intenta tomar decisiones mirando el futuro, sino que responde ante necesidades, oportunidades y ambiciones presentes, y el comprometerse con un crecimiento planificado implica pensar antes de actuar.

Para planear, es necesario definir algunos elementos básicos que permitan, a nivel personal o empresarial concebir una idea y materializarla, siguiendo una metodología sencilla, flexible, replicable y fácil de adaptar a cualquier contexto y situación. Existen cientos e incluso miles de técnicas de planeación tanto simples como complejas; sin embargo, todas ellas comparten ciertos componentes, un tanto intuitivos, que permiten simplificar un método práctico de planeación, compuesto por seis pasos:

  1. Indagar: todo plan surge tras identificar una oportunidad, necesidad de cambio o mejora. Esta noción idealmente será estratégica y específica, por lo que debe ser realista y atender algo puntual. El propósito de indagar es responder ciertos cuestionamientos que permitirán identificar, de manera más clara, cuál es el objetivo y el resultado que se pretende alcanzar.
  2. Estudiar: un estudio holístico y exhaustivo permite tener una visión clara y una comprensión profunda sobre la realidad, que permitirá analizar correctamente las posibles formas de enfrentar los factores que pueden afectar el resultado buscado.
  3. Proyectar: significa idear, trazar o proponer el plan y los medios para la ejecutar la idea previamente planteada, incorporando toda la información recopilada que se considere relevante para el plan. A esta etapa corresponde el determinar objetivos cuantificables y los indicadores que permitirán dar seguimiento, las acciones clave junto con sus respectivas fechas de entrega, responsables y resultado esperado, así como los recursos financieros, humanos y técnicos necesarios para lograr lo planteado.
  4. Proceder: es momento de poner en marcha el plan y ejecutar la visión que se ha desarrollando. La versatilidad del plan, la calidad de la información utilizada y la cantidad de escenarios contemplados será puesta a prueba en esta etapa, ya que aquí surgirán la mayor parte de los imprevistos y contingencias.
  5. Evaluar: es el resultado de las decisiones y acciones en un proceso asociado que contribuye a aumentar la posibilidad de éxito. Las métricas e indicadores anteriormente determinados, así como los tiempos estipulados, deberán ser cuidadosamente examinados para así determinar qué tanto se ha avanzado y si han surgido necesidades adicionales hasta el momento. De igual forma, el conducir evaluaciones detalladas permitirá identificar los elementos preponderantes del éxito o fracaso hasta el momento, y así emprender las acciones pertinentes para seguir o modificar lo hecho hasta el momento.
  6. Reconocer: es importante reconocer, agradecer y celebrar los logros y a las personas involucradas a lo largo del proceso. Sea mediante incentivos monetarios o no monetarios, el reconocer permitirá mantener el enfoque y la motivación, a su vez habilitando que los logros sean internalizados y por ende más fácil de replicar.

Una planeación efectiva es un elemento vital para cualquier proceso estructurado, y puede marcar la diferencia entre una empresa común y una extraordinaria.

*El autor es director de ZIMMA Corporate Finance
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Tel. 52926700

CRÉDITO: 
*Andrei Lepiavka Ostos