No hay caminos cortos para mejorar nuestro bienestar

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La felicidad es el Santo Grial del ser humano. Esta obsesión ha hecho correr mucha tinta a lo largo de la historia, una búsqueda rápida en Google arroja tan sólo 7.8 millones de resultados. En los últimos 20 años esta necesidad se ha llevado a las organizaciones, porque se ha comprobado que la felicidad y el bienestar impactan en la productividad.

“Las personas más felices están más comprometidas con lo que hacen y alcanzan mejor sus metas. El Global Employee Engagement Index saca información relevante sobre qué países han hecho una mancuerna entre los niveles de productividad y el bienestar de sus trabajadores; otros estudios demuestran que las personas que no están comprometidas con lo que hacen, cuestan mucho a las organizaciones: tienen más accidentes, más ausencias, hay mayores niveles de rotación, y todo eso también cuesta a los países”, resalta Enrique Tamés, presidente y director del Instituto de Ciencias de la Felicidad, de la Universidad Tec Milenio.

Este Instituto basa su aprendizaje en la psicología positiva que, en lugar de enfocarse en los aspectos negativos y patológicos del ser humano, como la ansiedad, el estrés o la depresión, analiza sus aspectos más positivos como la creatividad, la inteligencia emocional y el humor.

Creado hace dos años, el ICF ha desarrollado cursos y metodologías relacionados con la felicidad y el bienestar de las personas y en las organizaciones. El 21 de octubre celebrará el Tercer Foro Internacional de Ciencias de la Felicidad y en enero iniciará la maestría sobre Liderazgo Positivo.

Sobre la necesidad de que exista el Instituto de Ciencias de la Felicidad, Tamés indique que “tanto o más importante que formar a nuestros alumnos en un área de especialidad, es que encuentren un propósito en la vida… la gente que tiene claro este propósito es más propensa a encontrar y desarrollar su bienestar y sus niveles de felicidad”.

“La felicidad es un concepto de moda. Es bueno estar de moda, pero también se corren ciertos peligros. Lo que hacemos en el Instituto es investigar, desarrollar cursos y legitimar estudios que nos ayuden a entender, de manera científica, qué es la felicidad y el bienestar, y qué podemos hacer los seres humanos para desarrollar nuestra capacidad. Somos únicos en México y de los pocos en América Latina, difundimos también información de otros centros de diferentes partes del mundo”, abunda.

—Reconoce usted que la felicidad es un término de moda ¿qué diferencia su trabajo?
Una manera muy sencilla para diferenciar un trabajo serio y del que no lo es, es que la receta mágica para ser feliz no existe, esas ofertas que dicen que yo simplemente hago esto u otro y en 24 horas me voy a sentir mejo. En un concepto tan profundo para el ser humano, como es la felicidad, la verdad es que los caminos cortos para mejorar nuestro nivel de bienestar no existen.

En el mundo organizacional, las herramientas para mejorar el bienestar son intervenciones que cuestan recursos y tiempo, con metodologías que con el tiempo y una aplicación seria, comienzan a dar resultados. Nada es de la noche a la mañana, ni es unidimensional. La felicidad es un tema muy complejo, que se debe atacar desde muchos frentes diferentes.

—El objetivo del ICF recuerda el trabajo que llevan a cabo otras organizaciones…
Sí, hay muchas herramientas que nos ayudan a detectar los niveles de bienestar en las organizaciones. Hay estudios interesantes que muestran que el involucramiento tiene que ver con la falta de liderazgo y cuando hay un liderazgo positivo hay más involucramiento, y por ende más productividad.

Estudios demuestran que los principales alicientes no tienen que ver con cuestiones financieras. Sí, es fundamental cuando hablamos de trabajos remunerados para satisfacer los niveles básicos de subsistencia, pero cuando se establece la remuneración suficiente para pasar este nivel, los motivadores que necesita la gente para estar más involucrada con su trabajo tiene que ver con relaciones positivas, su relación con el jefe. No sabes cuánto peso tiene este tipo de relación, hay muchos factores no financieros que influyen de manera determinante.

—Las universidades se ocupan poco de la inteligencia emocional de los alumnos, el ICF viene a cubrir este hueco?
De alguna forma. Nosotros estamos desarrollando estrategias para las fortalezas del carácter, que es algo más evolucionado que la inteligencia emocional. Todos los seres humanos, a lo largo de nuestra vida, aprendemos a hacer una cosa mejor que otra, a esto le llamamos fortalezas del carácter, muchas veces el éxito de las personas dependen más de éstas.

Si somos capaces de ubicar a las personas –de una organización- de acuerdo con sus fortalezas de carácter, créeme que las empresas en general van a recibir mucho mayor beneficio… Cuando las personas trabajan en un ámbito que hace match con sus fortalezas de carácter les va mucho mejor, su vida tiene un propósito, tienen mayores niveles de bienestar y felicidad, y eso se traduce en ámbitos más productivos dentro de la organización.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario