Pandemia incrementa el sector informal

En promedio los hogares perdieron 47.7% de su ingreso de junio a julio. Foto EE: Archivo

Luego del nivel más alto de desempleo por esta pandemia en mayo pasado, muchas personas han encontrado trabajo. Sin embargo, la gran mayoría lo ha hecho en la informalidad, donde carece de condiciones laborales dignas. La tasa de desocupación en ese sector bajó de 18.4 a 8.9% entre mayo y julio.

Lo anterior, de acuerdo con los resultados de la Encuesta de seguimiento de los efectos del Covid-19 en el bienestar de los hogares mexicanos (Encovid-19), realizada por el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (Equide).

De mayo a junio, la tasa de desempleo formal pasó de 10.3 a 7.5%, señala el estudio. Es decir, se restableció en casi 3 puntos porcentuales. Pero el sector informal, que no ofrece estabilidad laboral, prestaciones ni seguridad social, como atención médica y hospitalaria o ahorro para el retiro, tuvo una recuperación de 9 puntos.

Equide, de la Universidad Iberoamericana (Ibero), ha realizado tres encuestas en lo que va de la pandemia de Covid-19 en México. El objetivo es conocer los efectos de la enfermedad no sólo en el empleo y ocupación, también en la alimentación, salud mental y otras dimensiones “usualmente omitidas”.

En esta última encuesta, correspondiente a junio-julio, 27.2% de los hogares reportaron que algún integrante había perdido su empleo o fuente de ingreso. En promedio, perdieron 47.7% de su ingreso en ese mes; para julio el promedio fue de 48.5% menos en sus ingresos.

Para construir la encuesta e interpretar los resultados, Equide incluye en su definición de desocupación a:

  • La población desocupada y que busca empleo (desempleo abierto)
  • Población “descansada” sin goce de sueldo
  • Población que no puede salir a buscar empleo

En la primera encuesta, en abril, el equipo de Equide encontró que 10.8% de la población económicamente activa perdió su empleo. O bien, si no fue despedida, fue enviada a casa sin salario, a la espera de volver. En ese porcentaje también se encuentran personas que no pudieron salir a buscar trabajo precisamente por las medidas sanitarias.

“En contraste, datos oficiales mostraban que antes de la pandemia, en el último trimestre de 2019, solo 3.3% de la población económicamente activa se encontraba desempleada”, detalla.

En mayo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó una tasa de desempleo abierto de 4.2 por ciento. Los datos de la Encovid-19, que toma en cuenta a la desocupación desde una perspectiva más amplia, registraba una tasa de 14.6 por ciento.

Y “la preocupación por contar con alimentos en el hogar continúa aumentando”. En junio 69.2% de los hogares encuestados reportaron dificultades para comprar comida. Para julio subió a 72.8 por ciento.

Esto ha provocado un incremento en la población que percibe inseguridad alimentaria. O sea, las personas que tienen preocupación por no disponer de alimentos suficientes. En abril, 10.3% se encontraban en la escala de inseguridad alimentaria severa. Para julio, aumentó a 11.6 por ciento.

Mientras también en abril había 39% que se encontraba en la clasificación de seguridad alimentaria. Para julio, esa población disminuyó a 27.2 por ciento, según la Encovid-19.

Trabajadores con ansiedad y depresión

La pérdida de empleo o de la fuente de ingresos y, por tanto, la preocupación por tener alimentos suficientes para la familia está mermando la salud mental de muchos trabajadores. Desde el primer levantamiento de la Encovid-19, el equipo de especialistas observó altos niveles de ansiedad y depresión.

Tres de cada 10 personas mayores de 18 años presentaron “síntomas severos de ansiedad” en junio y julio, señala el informe. Estos signos “son mayores entre la población de menor nivel socioeconómico”.

En cuanto a las personas con signos de depresión, Equide reporta una disminución entre abril y junio, al pasar de 27.6 a 23.0 por ciento. Como en la ansiedad, la mayor prevalencia de esta enfermedad está en los trabajadores más pobres.

“La falta de recursos hace que esta población difícilmente acceda a servicios de atención psicológica para hacer frente a estos síntomas. Por lo que es prioritario crear espacios adecuados para ello”, sugiere.

CRÉDITO: 
Blanca Juárez / Factor Capital Humano