Las ocho señales del ladrón corporativo

La mayor parte de los fraudes lo hacen personas de la empresa. Foto: Especial

Una de las problemáticas que más afecta al país es la corrupción, sobre todo en el ámbito empresarial, la cual se ha incrementado en los últimos años y que provocan grandes pérdidas e incluso la caída de la organización.

De acuerdo al reporte Global de Fraude y Riesgo 2017-2018 elaborado por Kroll, empresa enfocada en investigaciones corporativas, mitigación y control de riesgos, los principales fraudes son llevados a cabo por personas dentro de la organización, sobre todo por los empleados juniors o en entrenamiento (49%); ex empleados (37%) y proveedores de servicios de tecnología (34%).

“Sabemos que no todos los defraudadores son iguales, quieren ser invisibles la mayor parte del tiempo; sin embargo, hay ciertas características que podemos notar se repiten en cada uno de los casos trabajados y nos permiten hablar de un perfil del ladrón corporativo”, explicó Brian Weihs, Director General de Kroll México.

Identifica a los defraudadores

Tras años de investigación, se ha observado que quienes realizan algún tipo de fraude se caracterizan por ocho actitudes:

  1. No se suelen tomar vacaciones: prefieren no tomar un receso para no ser descubiertos cuando no están en la oficina.
  2. Son empleados de confianza: generalmente se acercan a los dueños o presidentes de empresas y ganan su confianza rápidamente.
  3. Son los últimos que salen de la oficina al terminar la jornada: es en esos periodos de tiempo en los que la oficina está vacía o con menor afluencia de público y empleados, cuando se cometen las arbitrariedades.
  4. Mantienen un bajo perfil dentro de la empresa: con el fin de encubrir sus actividades, los defraudadores tratan de seguir con su “vida normal” al interior de las empresas, de tal manera que su conducta no despierte sospechas entre sus compañeros de trabajo ni superiores.
  5. Logran despistar por completo: tienden a tener una educación por encima de la media, son de trato agradable y representan al ciudadano común al simular una vida familiar estable.
  6. Van más adelante que todos: día a día se están adelantando a los controles, pues suelen tener un conocimiento muy detallado de la forma en cómo opera la organización y sus sistemas de información.
  7. Se manejan como “dueños” del sector donde trabajan: al tener conocimiento de todo tipo de controles y la confianza de sus superiores, se manejan dentro de su sector de forma muy natural y rápida.
  8. Rechazan injustificadamente ascensos o rotaciones: no buscan ser promovidos ni cambiados de sector para no perder la relación con el proveedor con el que está haciendo su negocio paralelo.

Aunque estas características son útiles, hay otros aspectos que indican si una persona está cometiendo algún tipo de fraude. La fórmula que permite detectarlo contiene cuatro elementos importantes: el incentivo, la racionalización, oportunidad, y la capacidad. Estos forman el “Diamante del Fraude” desarrollado por David T. Wolfe, y Dona R. Hermanson.

“Tomando en cuenta los cuatro ejes del Diamante del Fraude, resulta más claro entender la problemática al interior de las compañías. Presiones y situaciones agobiantes, son incentivos para propiciar un comportamiento ilícito; estos se convierten en argumentos válidos para llevar a cabo acciones indebidas; si no hay un control efectivo dentro de la compañía que sancione claramente el delito, la oportunidad de cometerlo es mayor, y finalmente si se tiene el conocimiento necesario para llevar a cabo el acto regular, el resultado final detonará en un fraude”, explica Arturo del Castillo, Director Asociado de Kroll México.

¿Cómo solucionarlo?

Para evitar estas situaciones, son necesarios los controles permanentes y el castigo legal a quienes estén cometiendo alguna falta.

“Si las empresas identifican al ladrón corporativo y en lugar de denunciarlo solo lo despiden sin causa y con indemnización, en definitiva, están generando un escenario de fraudes continuos ya que el resto de sus compañeros se sentirán impunes”, indica Arturo del Castillo.

Las empresas deben estar atentas no sólo a no generar ambientes propicios para el fraude, sino también a identificarlos rápidamente.

“Con un castigo legal podemos terminar con el problema de raíz. Lo importante es que la empresa esté dispuesta a invertir dinero y tiempo en los procesos judiciales”, concluye Brian Weihs.

CRÉDITO: 
Redacción / El Empresario