Nestlé apuesta por productos "eco friendly"

Foto EE: Archivo

A la edad de 75 años, el chocolate Carlos V se volvió orgánico y está listo para competir en un creciente mercado de marcas independientes y artesanales en México, en donde se usa cartón reciclado para el empaque.

“Hemos tenido otros lanzamientos de chocolates orgánicos en Brasil y Perú con otras marcas, pero la tableta de 70 gramos que damos a conocer este lunes se comercializará sólo en este país, aunque podría ir después a Estados Unidos, como sucede exitosamente con otros productos, como el chocolate Abuelita”, explicó el vicepresidente de Chocolates y Confites en Nestlé México, Juan Carlos Peralejo.

Como garantía de elaboración se cuenta con la acreditación de la Certificadora Mexicana de Productos y Procesos Ecológicos (Certimex).

Sin detallar la inversión realizada para el nuevo producto, el directivo explicó que en la parte industrial no hay diferencia en la producción, por ejemplo, de su tradicional barra de 18 gramos, más allá de utilizar una pasta de cacao orgánico cosechado en Tabasco, azúcar orgánica y manteca de cacao.

“El nuevo chocolate que presentamos en el contexto de la celebración del Día del cacao y el chocolate no tendrá una comercialización masiva. Vamos a ir a los anaqueles orgánicos de las tiendas de autoservicio, enotecas, tiendas de chocolates y aeropuertos, entre otros puntos”, explicó Peralejo.

Debido que uno de los principales insumos para Nestlé a nivel mundial es el cacao, principalmente de Ghana y Costa de Marfil, la empresa suiza emprendió la estrategia Cocoa Plan para ayudar a los productores a lograr eficiencias en su cultivo y desarrollar productos periféricos, como cremas o jabones que beneficien su economía.

En México funciona desde el 2013 y ha permitido preservar la tradición cacaotera en Chiapas y Tabasco, bajo tres ejes: cadena de suministro, productividad y desarrollo social.

Además, de este lanzamiento, Nestlé se alista para celebrar el 80 aniversario del chocolate Abuelita en octubre próximo.

CRÉDITO: 
Alejandro De La Rosa / El Economista