Manual Thinking: pensar antes de hacer

Foto: Especial

El diseño de productos se enfrenta a tres grandes frenos que dificultan sacar al mercado artículos novedosos y funcionales: el primero es que el responsable se enamora fácilmente de su idea inicial; el segundo es que los fabricantes suelen invertir sin problema en un producto cuando algo similar ya funciona en el mercado y el tercero es que es complejo encontrar ideas funcionales y novedosas a la vez.

Para vencer esos frenos Luki Huber, especialista en diseño de productos por la Escuela de Lucerna y la Massana de Barcelona, propone en su libro Manual Thinking, una herramienta para gestionar el trabajo en equipo, crear mapas mentales plegables, que facilitan los procesos de innovación.

Se trata, apunta, de creer en lo análogo para trabajar de forma dinámica, comunicativa y eficaz, con un mapa que funciona como una pizarra plegable, fácil de archivar, compartir y transportar. Estas herramientas ayudan a visualizar, sintetizar, desglosar, ordenar, relacionar y priorizar.

El mapa mental es un método exploratorio que ayuda a entender, con detalle, una cuestión. Para construirlo se pueden usar diversos métodos. La técnica “Kipling” por ejemplo propone desmenuzar la cuestión a partir de seis preguntas: ¿qué? ¿quién? ¿por qué? ¿cómo? ¿cuándo? ¿dónde?


El método Walt Disney propone tres formas diferentes de acercarse al problema: como soñador, realista y crítico. En la primera todos los integrantes hacen un esfuerzo de pensar sin ponerse límites, luego en el segundo todos asumen el rol de realistas y analizan cómo pueden convertir esos sueños y, finalmente como críticos, se preguntan cuáles son los puntos débiles de las ideas propuestas.

El método 3D es más complejo, requiere de entrenamiento y de algunos trucos y consejos. Este consiste en desglosar las cualidades de un objeto de referencia, por ejemplo una máquina para hacer yogurt, y asociarla al proyecto que nos ocupa. Ello implica no ponerse límites en las ideas y explorar el objeto en todos sus ángulos, olerlo y saborearlo si es posible.

Otra forma es a través del Checklist de Osborn, que parte de una serie de preguntas con las cuales se pretende alterar el producto. Las preguntas se clasifican en: modificar (qué puedes cambiar, qué otro uso, forma color, textura, temperatura, movimiento, significado puede tener?); agrandar (¿hacer más grande o pesado? ¿añadir algo?); minimizar (¿hacer más pequeño o corto? ¿quitar algo?); sustituir (¿remplazar componentes, material o ingredientes? ¿otros lugares o tiempos?); reordenar (¿opuesto? ¿al revés? ¿cambiar de positivo a negativo? ¿cambiar causa o efecto?); combinar (puedes mezclar ideas, unidades o beneficios? ¿hacer modular?).

Una vez elegido el método, y desarrollado las ideas, los participantes en la creación del mapa mental deben valor cuáles de éstas merecen la pena y cuáles no. Si el número de propuestas es grandes se puede hacer un primer filtro de forma democrática y posteriormente valorar sólo aquellas más prometedoras.

Para esta última labor, Luki Huber propone cuatro formas: evaluación por ejes o de matriz, ambos casos sirven para calificar el grado de originalidad de la idea y su dificultad para implementarla; tareas por ecualizador, que ubica las ideas conforme su importancia, y tareas por timeline, que pone fechas límite en un espacio de tiempo.

Los suscriptores de El Economista pueden acceder a una síntesis de este resumen sobre pretotipos elaborada por Leader Summaries. Para ello diríjase al apartado de descarga de PDF del periódico en la web de El Economista y pulse en el apartado de Biblioteca Empresarial o visite la página de Leader Summaries, resúmenes de libros.

[email protected]

CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario