El liderazgo enfocado al bien común

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El talento de un líder influye en la salud de una organización y marca el rumbo de una sociedad, en buena medida ello se debe a que los directivos de una empresa crecen con un deseo de contribuir a un bien común e influir positivamente en las personas con las que se cruzan en la vida, señalan Luis Huete y Javier García en su libro Liderar para el bien común.

Un verdadero líder es aquel que tiene la capacidad de moverse entre la parte dura de los negocios y las situaciones que apelan al corazón, incluso contribuir al bien común aunque este se desarrolle en un entorno hostil”, señala Huete.

En entrevista, el académico de la IESE Business School, refiere que la capacidad de moverse entre lo racional y emocional es esencial para un bien líder, pero también lo es la habilidad de sentirse cómodo en las cosas que suceden día a día y conocer lo que pasa en los mercados.

Las competencias, el conocimiento y las actitudes de estas personas tienen una influencia positiva en el ámbito en que se desarrollan. “Miran la realidad con apertura y curiosidad, como un regalo más que como una serie de obstáculos que superar, aunque no dejan de ver las dificultades”.

Un directivo que buque ser un gran líder debe procurar desarrollar sus habilidades a nivel individual, en las relaciones personales, en equipo e instituciones, cuatro puntos que se desarrollan a lo largo del libro.

Para ello Huete se apoya a través de ejemplificar casos de éxito como el de Pixar, el renacimiento de Apple y el de Gabriel Bristol, quien pasó de ser un hombre que vivía en la calle a un virtuoso de los call centers, el libro relata la forma en que una persona puede llegar a ser un gran directivo.

También se apoya en películas de liderazgo como El Indomable Will Hunting y El Lobo de Wall Street, en esta última trata el tema de la cultura empresarial y como se transmite la motivación al personal. “El tipo de conductas que señalen los directivos como referencia y que sea refrendandos en los sistemas de remuneración, será el más reproducido”.

Además, el autor se centra en la formación de un líder, que va desde las creencias, habilidades y formas de ver el mundo. Dice que no es posible afirmar que el talento es de nacimiento pero cree firmemente que con esfuerzo, dedicación y ganas es posible formar un líder.

A lo largo del texto Huete aborda las relaciones personales y la capacidad que debe tener un líder para afrontar conversaciones difíciles, con temas incomodos o conflictivos. “La forma de afrontarlo determinará la gestión y los nexos con los demás”.

Por último, el especialista señala que existen cuatro cualidades que las instituciones deberían buscar en sus candidatos: curiosidad, percepción, empatía y determinación, pero también el ser un ejemplo como persona debe tomarse en cuenta, no con una idea de perfección sino de un individuo que a pesar de sus errores y limitaciones se mueve por algo más que un interés personal.

elizabeth.meza@eleconomista.mx

CRÉDITO: 
Elizabeth Meza Rodríguez

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