Ayudan más las empresas sociales

Diseñar negocios exitosos capaces de resolver problemas sociales es posible y viable, además impulsan la economía del país y disminuyen la pobreza, que en México representa al 45.5% de la población, de acuerdo a datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

“Un empresario social no hace magia. Maneja su negocio de una forma ordenada en busca de utilidades con el objetivo de conectar las necesidades del mercado con el capital”, menciona el empresario Guillermo Jaime en su libro Capitalismo Social, la conexión entre la riqueza y la base de la pirámide.

Para el fundador y presidente de Mejoramiento Integral Asistido, (MIA), empresa dedicada a la construcción de viviendas sustentables, el modelo de capitalismo social implica conectar la riqueza con la pobreza por medio de proyectos que activen la economía en la base de la pirámide o que brinden una mejor calidad de vida.

El autor hace una clara diferencia entre el emprendedor social y el empresario social. La vocación del primero nace de un deseo y afán de ayudar a otras personas, y sueña con cambiar el mundo, mientras el segundo busca resolver los problemas sociales de una forma innovadora y con un enfoque de alto impacto en aspectos económicos, ambientales, culturales y de salud.

Con esta premisa, Guillermo Jaime busca, a partir de su libro, cambiar la mentalidad romántica y soñadora del emprendedor social por una que genere estrategia, lleve a la empresa a la permanencia y establezca un cambio de valor entre riqueza y pobreza, además produzca oportunidades en los segmentos donde hay menos ingresos.

De esta forma el empresario social impulsa empresas que atienden un mercado al que pertenece la mayor parte de la población mundial, aquellos que están en la base de la pirámide y que representan un inmenso océano azul lleno de necesidades.

Para ser un empresario social y crear un negocio sustentable a largo plazo se requiere acercarse a las comunidades e interactuar con las familias que viven en pobreza, porque las decisiones que se toman en un entorno urbano no son las mismas que se deciden en un mundo rural, en el cual se camina y come con la comunidad. Se requiere escuchar a las personas para conocer sus motivaciones y aspiraciones, poder comprenderlas y llevarles soluciones.

Guillermo Jaime dice que cuando decidió desarrollar su negocio de impacto social buscaba disminuir la pobreza patrimonial, y sabía que más de 50 millones de personas en México no tenían casa, por lo cual decidió acercarse a las comunidades y conocer de cerca las necesidades, entonces creó el negocio de la construcción de la vivienda, resolviendo un problema de primera necesidad.

Financiamiento social

El empresario refiere que la falta de visión para buscar rentabilidad lleva a los emprendimientos sociales a convertirse sólo en un receptor de recursos e implementar un modelo filantrópico, en el cual al recibir un dólar, en lugar de multiplicarlo, lo utilizan para cubrir necesidades, creando fondos perdidos.

Estas empresas, subraya, deben tener la misma visión que aquellas no sociables para ganar dinero y crear valor para los accionistas. El líder debe encargarse de incrementar los recursos por medio de su mercado y trazar una estrategia de rentabilidad social responsable a fin de aprovechar lo mejor posible el capital que tiene a su disposición, ya sea en fondos de inversión, empresas, organizaciones civiles o gobierno.

El autor sugiere establecer un modelo de rentabilidad social responsable para generar utilidades a partir del volumen, es decir incrementar la cantidad de ventas de un producto con precios económicos y no apostar por incrementar el margen de ganancia. El crecimiento de una empresa en volumen beneficia a más personas en la base de la pirámide.

Mantener el equilibrio entre el plan de negocios y el impacto social es un desafío para las empresas sociales, al igual que obtener recursos financieros. Por ello el autor recomienda acercarse a los fondos de corte social que prospectan el retorno de inversión a largo plazo, porque basan el rendimiento en volumen.

Otra opción es crear redes con diversos fondos de inversión, ONG o gobiernos, para repartirlos en distintos proyectos, a fin de crear un efecto dominó para solucionar un problema social.

Al aumentar el número de participantes “el abanico de oportunidades que se abre para la base se la pirámide es mucho mayor. Se crea una conexión múltiple que satisface directamente problemas sociales; de salud, alimentación, vivienda, transporte, entre otros”.

Por último, las empresas sociales también deben poner atención en crear su propia cultura, porque ésta lleva a la compañía a tener rentabilidad y equilibrio en las finanzas, debido a que los empleados y consumidores tienen un buen nivel de vida y un buen ambiente de trabajo.

“La diferencia entre sumar gente a un emprendimiento social y atraer el mejor talento a tu empresa es que no sólo se trata de que las personas simpaticen con tu idea de negocios y beneficio potencial a la sociedad, sino que den un aporten real a la compañía y contribuyan al crecimiento exponencial”, finaliza Guillermo Jaime.

elizabeth.meza@eleconomista.mx

CRÉDITO: 
Elizabeth Meza Rodríguez /El Economista

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