Costoso, dar espalda a la ética en negocios

Foto: Cortesía

Cada vez más empresas en México se dan cuenta que se paga un alto precio por la irresponsabilidad empresarial y que, por el contrario, considerar a la ética dentro de las decisiones de la organización, la pone en ruta hacia su sostenibilidad a largo plazo, afirmaPablo Ayala Enríquez, director de Sentido Humano del Tecnológico de Monterrey.

Para contribuir a cerrar la brecha entre la ética y los negocios, El Economista y el Centro Internacional de Casos del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), que dirige Jorge Alfonso González, dan a conocer cada 15 días un nuevo dilema en el que se invita al lector a reflexionar sobre las posibles soluciones que daría a cada uno de los casos.

Esto forma parte de una colaboración que, desde septiembre del 2013, llevan a cabo el periódico y esa casa de estudios, con la intensión de contribuir a la formación empresarial y dotar a los hombres de negocios y ejecutivos de las herramientas necesarias para la toma de decisiones. En la sección de El Empresario se han publicado las series: Habilidades para la administración de pequeñas empresas y Técnicas de Emprendimiento. Cada una con 10 casos distintos.

Ayala Enríquez, quien es doctor en Ética y Democracia, afirma que la ética en los negocios, cuyo serial comenzamos a publicar en octubre, es una de las megatendencias en el mundo empresarial, en el que si una organización no asume las consecuencias de su operación diaria, difícilmente podrá sostenerse en el tiempo.

“Cada vez más las voces a nivel internacional piden a la empresa que asuma su responsabilidad como institución generadora de bienestar. Ya no es posible hablar de una organización incapaz de entregar la triple cuenta de resultados: económicos, sociales y ambientales”, indica.

La sociedad, agrega, paga un alto precio por la irresponsabilidad empresarial. “Hacer negocios de espalda a la ética es muy costoso. De ésta no sale para pagar sobornos, ni multas, ni la ineficiencia de los procesos, simulaciones o una mala decisión. La ética empresarial pone a la empresa en camino a su sostenibilidad a largo plazo. Pero creo que aún tenemos todo un camino por correr”.

Sin embargo, hablar de ética es un asunto complejo. Un dilema confronta al decisor con sus valores y el marco normativo en el que se mueve. Pero no es en blanco y negro, ni es claro, se presenta entreverado.

“Para unos puede ser la mar de facilidad, pero para otros es un asunto complejo. Lo que queremos es dejar al lector – con cada caso publicado- la tarea de que discuta en el restaurante, en las mesas de café, con el propósito de que diga qué hubiera hecho para resolverlo”, explica.

DEL AULA AL PERIÓDICO

Con sede en Guadalajara, Jalisco, el Centro Internacional de Casos, es un espacio para la capacitación de estudiantes y ejecutivos mediante la documentación de situaciones que enfrentan día a día las empresas.

Pablo Ayala explica que validar cada dilema lleva hasta seis meses, desde su elección hasta su publicación en el periódico. Se trata de casos reales que enfrentan organizaciones dispuestas a compartir su experiencia. Una vez redactado y revisado por un editor, se somete a un grupo de estudiantes de maestría. Si el dilema genera discusión y pone a prueba los valores del grupo, se considera para su publicación.

“Publicar cada 15 días implica un desafío, es documentar historias, tener información disponible”, afirma por su parte el director del CIC, Jorge Alfonso González, quien afirma que las grandes empresas suelen ser cautelosas en compartir sus experiencias.

“Identificamos dos grandes grupos: las dispuestas a hablar de errores del pasado y están tranquilas porque saben que si un estudiante busca su historia encontrará que subsistió a pesar de esos problemas; el otro grupo es de empresas que gustan de hablar de las buenas prácticas que han realizado para conquistar un mercado, un producto nuevo”, explica.

En cada artículo se invita al lector a certificarse en el tema en cuestión. Una vez publicados los 10 casos de cada serie se publica un test que el lector contesta y envía al CIC, donde se asigna a tres profesores para que lo evalúen y se proceda finalmente, a la certificación.

[email protected]

acv

CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario