La felicidad personal es una dicha amputada: Carmelo Vázquez

Carmelo Vázquez, experto en psicología positiva. Foto EE: Gabriela Esquivel

La felicidad tiene que ver con una vida en la que las emociones positivas predominen sobre las negativas, pero también con vivir en un entorno que permita a las personas desarrollar y exhibir plenamente sus potencialidades, y construir ese ecosistema es tarea de gobiernos y empresas, sostiene Carmelo Vázquez, doctor en Psicopatología.

Considerado mundialmente una autoridad en psicología positiva, el académico español afirma que hoy “sabemos sobre la felicidad muchas cosas, pero quizá no tantas como muchos desean para poderla utilizar de un modo que ofrezca más beneficios económicos”.

Y es que, la felicidad se ha ligado a la productividad. Universidades como las de Wisconsin y Harvard, y más recientemente la de Warwick ha estudiado el efecto de una mente positiva y una actitud de satisfacción en la empresa. Según estos estudios, la felicidad de los empleados eleva de 12 a 31% la productividad.

Pero “el problema es que todos tienen una fórmula propia de la felicidad y hay cierto escepticismo sobre este discurso, porque la gente piensa que es una cuestión meramente emocional, por un lado, y una mercancía de cambio, por el otro” señala Carmelo Vázquez, quien impartirá una cátedra en la Maestría de Liderazgo Positivo, del Instituto de Ciencias de la Felicidad, en la Universidad Tecmilenio.

Para el reconocido experto, circunscribir la felicidad al terreno individual es amputarla. “Olvidamos que, bajo ese mensaje individualista, las condiciones socioeconómicas de un país afectan a las cuotas de bienestar de los ciudadanos. Lo vemos en España, donde la gente puede sentirse feliz, pero eso no refleja lo que significa vivir en un país en el que no hay oportunidades para nuestros hijos, donde la gente tiene que migrar. Sería un sarcasmo pensar que todo eso no tiene que ver con la felicidad de la gente”.

Para que la ecuación esté completa, además de una actitud positiva, se deben considerar las condiciones en las que los individuos viven, la familia, la política, los derechos, la violencia.

“Los gobernantes deben apuntar a que la gente se sienta más colectiva favoreciendo políticas públicas que tengan sentido de pertenencia, teniendo un sistema de impuestos más justo, persiguiendo a los evasores fiscales. Mis hijos viven en países nórdicos y allá es incomprensible que alguien que repare algo en tu casa no te ofrezca una factura”, abunda el experto.

Y esto también tiene que ver con la educación. El reconocido experto critica que los últimos gobiernos de derecha en su país hayan eliminado de los contenidos educativos temas relacionados con la ética bajo el supuesto de que se trataba de contenidos socialistas encubiertos.

Felicidad, ¿manto protector?

El Informe de la Felicidad Mundial del 2015 coloca a México y Costa Rica como los países más felices en América Latina. Suiza y las naciones escandinavas alcanzan los niveles más altos de dicha social. Pero si somos más felices que los estadounidenses y los franceses ¿por qué tenemos en la región bajos márgenes de productividad?

El catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense considera que sin el tejido social que caracteriza a América Latina “la situación podría ser mucho peor” por lo que éste y elementos como la vitalidad y la iniciativa que caracterizan al pueblo mexicano, funcionan como un manto protector.

Por otro lado, persiste la idea de que la felicidad descansa únicamente en los hombros de las personas, cuando debe haber responsabilidad de la empresa en dar protección laboral, de capacitación y condiciones de trabajo positivas que favorezcan la productividad.

“La productividad no depende de mí, hay muchas condiciones que la favorecen. No creo que los alemanes y los finlandeses sean más productivos que otros trabajadores del mundo, pero hay factores sociales y económicos que explican por qué sucede así”, concluye en entrevistado.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario