Empresas: más que grandes, grandiosas

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Sin importar el tamaño de la organización, el objetivo siempre será el mismo: tener un crecimiento exponencial que permita su permanencia en el mercado. Jesús Sotomayor y Juan Grau en su libro Cómo competir para ganar, plantean que un buen empresario no busca sobrevivir, sino ganar.

Los autores llevan a cabo un análisis del mundo empresarial, en el que establecen la dificultad que representa para las empresas el mantener un auge sustentable. En la lucha cotidiana por sobresalir en un mundo competitivo, las compañías, sobre todo las de reciente creación, enfrentan grandes obstáculos. Sin embargo, instituciones como Femsa y Bimbo demuestran que es posible consolidarse cuando el respaldo es el trabajo constante y bien hecho.

Proponen que la mejor manera de remar en las turbulentas aguas del mercado es contar con un sencillo instrumento: la brújula empresarial. “Al fijar con claridad los puntos cardinales de la empresa, los equipos directivos pueden, por sí mismos, determinar el derrotero a seguir para sortear los escollos y dirigirse con rumbo firme hacia un curso de crecimiento integral, productivo y equitativo”. La idea funciona de la siguiente manera.

El norte. Aquí se enfoca a la atención a los clientes, quienes son la razón de la existencia de la compañía. Lo que se busca es convertir a los consumidores en verdaderos evangelistas, que satisfagan sus necesidades y que, además, difundan las bondades de los productos.

“En la brújula, la aguja debe siempre señalar hacia la creación de clientes, ya que éstos constituyen el polo magnético de la empresa”, se señala en el texto. Y a pesar de los cambios tecnológicos en el mercado, el objetivo permanecerá siempre estático: satisfacer a los usuarios generando utilidades.

El sur. Se define la creación de riqueza como “la prueba irrefutable de la validez de una empresa al satisfacer las necesidades de sus clientes”, patrimonio que se vuelve clave para la supervivencia de la organización. Para generarla –explican Sotomayor y Grau– se deben alinear los productos con las necesidades de los usuarios, entre mejor se compaginen estos elementos, mayor será su percepción e valor agregado y mayor el potencial de riqueza de la compañía.

El este. En este punto se incluye al elemento más importante para lograr competitividad: el personal. Algunas empresas continúan despidiendo gente con la idea de aligerar “la nave”, sin darse cuenta que sin ellos es casi imposible que sobrevivan a las turbulencias. Las personas que quedan por lo regular no están lo suficientemente capacitadas ni motivadas para seguir adelante.

Por lo anterior, las organizaciones tienen la responsabilidad de desarrollar el talento, pero –describen los autores– no sólo en términos técnicos, sino también en objetivos que impliquen el autodesarrollo y el aprendizaje continuo.

El oeste. Se refiere al cómo optimizar el uso de los recursos, tanto físicos como financieros, para remar contra marea y lograr el tan anhelado éxito; esto implica que la empresa debe reducir costos y ser productiva, sólo así centrará sus esfuerzos en generar y vender lo que más ganancias le deja.

Como competir para ganar

Sotomayor y Grau enumeran los recursos con los que dispone una empresa para competir y los agrupan en cinco M: materiales, maquinaria, moneda, mentes en obra y métodos. Éstos son los medios que toda compañía debe utilizar para ganar.

Es así como Jesús Sotomayor y Juan Grau explican, en Cómo competir para ganar, que “en el mundo de los negocios lo que importa no es competir, sino ganar. Por no a cualquier precio, sino hacerlo cabalmente (…) No se trata de crecer por crecer, o hacer nuestras empresas grandotas, sino grandiosas”.

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CRÉDITO: 
Zyanya López / El Empresario