El empresario debe ser admirado: Ramón Lecuona

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En México, la actividad empresarial es excepcional y atípica. Apenas 8% de la población se dedica a ella. Y es que, practicarla, implica enfrentar riesgos, esfuerzos y tolerancia al fracaso. No obstante, al generar riqueza mediante sus organizaciones, los empresarios contribuyen al bienestar de la población, una contribución que aún se les regatea.

“Hemos mejorado, pero todavía falta que, socialmente, generemos una cultura de admiración a la actividad empresarial. Cuando el empresario sea visto como alguien beneficioso para la sociedad y admirado por ésta, entonces los chavos querrán serlo”, afirma Ramón Lecuona Valenzuela, director de la Facultad de Negocios de la Universidad Anáhuac.

No hace muchos años, la empresa era vista como antagónica de los trabajadores, pero esa percepción comienza a cambiar, asegura. Un paso en esa línea es la entrega de la medalla Belisario Domínguez a Alberto Baillères González, dueño del Grupo Bal, el pasado 12 de noviembre, el segundo empresario en recibir la presea que otorga el Senado desde 1954.

“Todavía falta. Tenemos que expandir la figura del empresario como ente social indispensable para el progreso y como modelo para los jóvenes emprendedores”, enfatiza el académico.

Una forma, abunda, es erigir una visión del empresario más constructiva. “El país funciona y genera riqueza porque hay miles de empresa que son las que permiten cierto nivel de bienestar… hay miles de empresas que le dan de comer a este país, nos falta valorar eso”, enfatiza.

Primero, formarlos

Cada día, cerca de 2,400 estudiantes de licenciatura y posgrado acuden a la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac. Ramón Lecuona estima que 50% de ellos se convertirán en empresarios. La tarea de la Faculta es dotarlo de los conocimientos técnicos para enfrentar un mundo empresarial cada día más competitivo y complejo. Una “chamba” nada fácil.

Pero, como sostiene Lecuona Valenzuela: “decir que les damos los mejore conocimientos técnicos, es tanto como decir que fabricamos coches con motor. ¡Es lo mínimo que se espera!”. Lo que caracteriza al egresado de esa institución, afirma, es su vocación empresarial y su sentido de responsabilidad.

El fin último del empresario es tener una vida plena y haber contribuido socialmente a lo largo de ésta, haber sido solidario con los demás, y para ello la empresa debe ser exitosa comercialmente”.

A Ramón Lecuona le tocó fundar la Facultad hace 22 años. En ese tiempo integró licenciaturas y abrió cinco más, así como el posgrado y el doctorado; se fundaron la aceleradora de negocios y la incubadora, también se fortaleció el área de investigación y consultoría.

Uno de los ejes de la investigación en las escuelas de negocios es cómo institucionalizar la innovación, cómo llevarla a la organización. Modelos hay tantos, como tipos de empresas. El principio clave de la innovación es el trabajo en equipo y eso implica romper estructuras o feudos dentro de las empresas.

La necesidad de innovación “no es nueva, pero hoy es crítica y ese es parte de los conocimientos técnicos que debemos dar. La innovación, el liderazgo y el emprendimiento están en el mismo paquete… hay un chorro de investigación en el mundo, en el caso de México nos toca contextualizarlo mucho culturalmente”.

Y para ello, es indispensable la vinculación con las empresas, algo que caracteriza a las escuelas de negocios de universidades privadas. Ramón Lecuona señala que cada año actualizan, con el apoyo de las empresas, los planes de estudios y cada cinco hacen una revisión de todo el programa.

Entre los personajes que figuran dentro de su Consejo de Desarrollo están Ricardo Amtmann, presidente de Grupo Amtmann, Xavier López, presidente de Kidzania y Alberto Rivero Garza, director general de Grupo Jumex, entre otros.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario