El ego es el ente que nos impide crecer: Mario Alonso Puig

Mario Alonso Puig en World Leadership Forum, organizado por WOBI. Foto: Especial.

Ser consciente de los logros personales, hablar de lo que hacemos en la vida e incluso llegar a ser inspiración para otros, nos hace sentir seguros y capaces de todo; sin embargo, hay ocasiones que podemos llegar al externo y caer en las redes del ego, el principal enemigo que puede conducirnos al fracaso, tanto laboral como personal.

En palabras de Mario Alonso Puig, médico cirujano y experto en motivación, creatividad y comunicación, existen dos tipos de yo: el funcional donde somos conscientes de quienes somos y lo que hemos logrado, y el yo egóico, que no permite ver más allá de nosotros.

“No somos conscientes de que el ego es el ente que nos impide crecer. Debemos dejar de permitir que el yo egóico maneje el carro de nuestra vida, hay que desplazarlo también de copiloto para que nuestra vida se pueda transformar. Hay que pasas del yo al no yo”, explicó durante el World Leadership Forum, organizado por WOBI.

Destacó que el principal problema es que nos apegamos tanto al ego que creemos que sólo somos eso, de lo contrario creemos que no somos nada.

Como líder, este es un requisito elemental. Se debe observar más allá de lo que tenemos enfrente, sobre todo voltear a ver a los colaboradores, quienes son la base de todo negocio.

Conviértete en termostato

Puig detalló que cuando se comienza a ver más allá de nosotros, un líder puede voltear a ver adecuadamente a los colaboradores, las condiciones qué hay alrededor, lo que necesita cambiar y comienza a buscar las mejores soluciones a ello.

Para ello, afirmó que un líder debe convertirse en un “termostato” que regule el ambiente y no solo termómetro que mide los conflictos. El problema es que muchas personas no son conscientes de que quieren ser termostatos.

“No hay que esperar llegar a la temperatura adecuada para empezar a liderar, hay que hacerlo desde antes para tener una buena temperatura”, indicó.

Esto permitirá que el líder deje de buscar a alguien que resuelva los problemas porque cuando se ve a los demás cómo aliados o hermanos y no cómo enemigos, lo resultados en la empresa mejoran así como la vida personal. Se alcanza un nivel de bienestar y plenitud.

“Hay que dar un paso al frente y plantarnos con coraje, ilusión y entusiasmo diciendo ‘aquí estoy yo para hacer lo que pueda, donde estoy y con lo que tengo’”.

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CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario