Detecte si sus colaboradores tienen frustración laboral

Los jefes tóxicos son de los principales causantes. Foto: Shutterstock

¿Ha notado que alguno de sus colaboradores está llegando más tarde de lo usual, no rinde igual, lo ve desanimado e incluso se ha alejado de sus compañeros de trabajo? Podría estar frente a un caso de frustración laboral que si no se trata a tiempo puede repercutir severamente en la compañía y vida personal.

Al hablar de frustración laboral, nos referimos al sentimiento de vacío, sin propósito por las labores que se ejecutan y sin sentir mayor afecto que la dicha de recibir dinero a la quincena, uno de los principales males del siglo XXI además del estrés, problema de equilibrio laboral y personal y vivir a ritmos acelerados.

Alain de Matteis, coach de la consultoría vocacional Brújula Interior, explica que cuando una persona tiene este tipo de frustración, cree sentirse bien porque todos los elementos a nivel internos de la empresa y externos marchan correctamente, pero aun así tiene la sensación de que algo falta y que debe hacer cambios, lo cual es difícil de aceptar.

“Otras señales son que la persona permanece en su zona de confort, no se quiere mover ni crecer, no siente motivación en lo que hace o sólo piensa en el dinero”, dice en entrevista con El Economista.

Esto ocurre sin importar la condición social o tipo de trabajo, ya que miles de personas con altos puestos y salarios se sienten vacíos, enojados y completamente cansados, sin claridad de qué hacer. Una razón de ello es la falta de entendimiento de quiénes son y de lo que están buscando, más allá del dinero.

También les cuesta trabajo salir de casa, llegar al empleo, siempre se sienten cansados, sobre todo, al final del día y fines de semana, culminan la semana con gran agotamiento, están estresados e irritables.

Las razones

Para combatir la frustración laboral, lo primero es comprender de dónde surgió; es decir, analizar tanto los aspectos personales como los empresariales.

Una de las principales razones de su aparición es tener un jefe tóxico, aquel que no ayuda a crecer, es negativo, provoca maltrato verbal o emocional, se adueña de ideas, aplica el favoritismo o critica cada aspecto del trabajo sin razón.

De igual manera, está el ambiente laboral dañino donde predomina el estrés, los conflictos, falta de comunicación, el mal humor de los compañeros de trabajo, no hay flexibilidad, la información no se comparte y las reuniones son para echar la culpa de lo que ocurre y no para diseñar estrategias de trabajo o resolver conflictos.

“También hay detonadores como la falta de congruencia entre la persona y lo
que está haciendo, ahí es cuando abiertamente te dice ‘ya no quiero hacer eso’ y eso tiene que ver muchas veces con elegir carreras por su prestigio o creer que era la indicada y cuando se está en el ámbito laboral, darse cuenta de que no es lo suyo”, menciona Alain de Matteis.

Para encontrar el rumbo a seguir, la persona debe analizar a profundidad cuáles son sus intereses, que los motiva, establecer sus talentos, habilidades y debilidades, ya que así se tendrá un nuevo enfoque de lo que realmente se quiere hacer.

Por parte de la empresa, los líderes pueden implementar cuestionarios sobre la satisfacción, evaluar si se tiene un buen ambiente de trabajo y de ser problemático definir si es sólo en un área o toda la empresa, donde el director general debe evaluar si su forma de liderazgo es la correcta o qué requiere para mejorarla. Al final, las estrategias se realizarán de acuerdo con los problemas.

De igual manera, se puede acudir con especialistas para obtener apoyo y eliminar, tanto de la empresas como del colaborador, la frustración, crecer en su labor y sobre todo reencontrarse consigo mismos, sin pensar únicamente en el dinero.

“No hay que ver el trabajo como una fuente de ingreso. Dedicamos demasiadas horas de nuestra vida a él como para que sólo tenga esa función. Lo idóneo es que tengas buena remuneración y estés en un espacio donde crezcas a nivel profesional y personal y te sientas motivado”, concluye Alain de Matteis.

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CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario