Costureras rarámuris visten a hospitales públicos

Foto: Cortesía

En 1990, un grupo de mujeres tarahumaras del poblado de San Juanico, en el municipio de Bocoyna, en Chihuahua, inició un proyecto productivo, en el que el insumo principal eran sus manos, con las que confeccionaron artesanalmente sábanas y ropa hospitalaria para organismos públicos. En ellas sobresalía su gran voluntad de encontrar un oficio que les diera los recursos suficientes para alimentar a sus hambrientas familias.

Todo comenzó a través de un proyecto del Programa Nacional de Solidaridad, en el que expresaron a las autoridades su deseo de hacerse con máquinas de coser para confeccionar ropa. Sin pericia, ni capacitación, se dudaba de que estas mujeres pudieran colocar en el mercado la ropa que confeccionaran, fue así que las propias autoridades pensaron que, si maquilaban sábanas y otra ropa hospitalaria que no necesitara mayor complejidad, pero que cumpliera con las normativas propias de un nosocomio, tendrían mayor viabilidad de éxito. De esta manera, autorizaron los contratos para abastecer algunos pedidos del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Las mujeres rarámuris están organizadas en una cooperativa. Por cada pieza que elaboran reciben 10 pesos y se paga a destajo. Así, si una mujer cose 50 sábanas por día puede sacar 500 pesos diarios. De esta manera evita, si es que tiene la suerte de emplearse, el trabajo arduo de un aserradero, que es la ocupación principal en la Sierra Tarahumara, y en la que obtendría la misma cantidad de dinero, pero a un enorme costo para su salud, porque en ese lugar trabajan a la intemperie y sin las condiciones de seguridad necesarias. También están las mujeres que doblan y cortan, tarea por la que reciben 1 peso por pieza. Éstas sacarían al día la misma cantidad cuando hay muchos pedidos y pueden dividirse 10,000 piezas entre duplas.

Sin embargo, el camino para estas cooperativas ha sido complicado. De los 20 talleres originales en diferentes municipios de Chihuahua, hoy con muchos esfuerzos subsisten 11, cuya supervivencia ha sido por el tesón de la fundadora Alma Rosa Núñez González y de sus cuatro hijos, que con todo ahínco han apoyado el proyecto desde sus posibilidades y capacidades. Los cambios de regímenes y las diferencias operativas de éstos han provocado que a veces obtengan los contratos y otras no. La necesidad no sólo les ha obligado a capacitarse para poder diversificar su portafolio de productos (filipinas, chamarras, uniformes, etcétera), pero también la calidad en la producción ha sido requisito necesario para abrirse otras puertas, como el de la policía, guarderías y actualmente anhelan satisfacer los uniformes de las maquiladoras, si bien en la actual administración pudieron conseguir un buen contrato de otros hospitales públicos.

En una invitación para provisión al gobierno a pequeñas y medianas empresas, Alma Rosa conoció a ejecutivos de Asturcón, empresa fabricante de productos textiles, con quienes comenzó a hacer negocios. Esta compañía no sólo ha provisto de tela a las costureras, también les dio plazos flexibles de pago y su fundación proveyó máquinas de coser y capacitación a la cooperativa.


Asturcón incluso acercó a la cooperativa a la Aceleradora de Negocios IDEARSE-Anáhuac, la cuál a través de su intermediación les consiguió fuentes de financiamiento, con créditos mucho más accesibles de los que obtenían de la usura y a plazos más razonables, cuidando el buen manejo de sus pasivos para dejar abierta la posibilidad de más recursos en el futuro. La aceleradora capacitó también a Chuyito, el hijo menor de Alma Rosa, quien es el encargado de toda la operación y logística de la cooperativa.

Hace un año, la aceleradora IDEARSE-Anáhuac invitó a un funcionario de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para que conociera a fondo el funcionamiento de estos talleres. De muchos lados de la República Mexicana han llegado solicitudes para replicar el modelo de negocio; empero su consolidación es imperante antes de poder replicarlo y sobre todo lo que se busca es transferir las mejores prácticas laborales de la OIT a esta empresa.

Con Asturcón se ha decidido llamar a este emprendimiento Confeccionando prosperidad, por los beneficios que ha traído a los rarámuris, ya que además de generar empleos dignos, los remanentes se distribuyen en satisfactores que la comunidad elige. Alma Rosa desea ver más familias beneficiadas en la tierra donde ella nació, y esa consigna la mantiene en pie de lucha todos los días.

*El autor es consultor de la Aceleradora de Negocios IDEARSE-Anáhuac

salvador.iturbide@anahuac.mx
idearse@anahuac.mx

El Empresario, sección de Pymes y Emprendedores de El Economista, y la Aceleradora de Negocios IDEARSE-Anáhuac, del Centro IDEARSE de la Universidad Anáhuac México Norte presentan este ejercicio académico y editorial para nuestros lectores. El objetivo es proporcionarles herramientas útiles para la toma de decisiones en sus negocios

CRÉDITO: 
Salvador Iturbide Palencia *

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