Consejos de liderazgo de un sobreviviente de los Andes

Carlitos Páez fue uno de los sobrevivientes cuando tenía 18 años. Foto: Cortesía

En 1972 un avión que cruzaba por la cordillera de los Andes se estrelló a más de 4,200 metros de altura, en esa aeronave viajaban 44 pasajeros y sólo 16 sobrevivieron, entre ellos Carlitos Páez, que en ese entonces tenía 18 años.

Su historia ha recorrido el mundo y es inspiración para muchos, incluso empresas se sustentan en su historia para impulsar el desarrollo personal y liderazgo.

“Las empresas entienden que nuestra historia aplica en el trabajo en equipo, en la toma de decisión, tolerancia a la frustración y adaptación al cambio; son cosas que las empresas necesitan”, menciona Páez en entrevista con El Economista.

Recuerda que el grupo se mantuvo con vida 72 días y que vivieron situaciones extremas, desde pasar frío y hambre hasta recurrir a la antropofagia, que es comer tejidos humanos, y es que, al igual que ellos, las empresas viven situaciones extremas, por ello Páez nos comparte cómo salir adelante en estas situaciones.

Dice que la clave fue “pelear para volver a casa, nuestra lucha era por cosas muy simples, por la vida y por volver a casa”.

Conviértete en un viviente

Páez cuenta que la historia cambió a raíz de una mala noticia, en el día 10, cuando supo que no los buscarían más. “Recibí una noticia por radio de que no nos buscaban más, de que iban a venir a buscar nuestros restos en febrero, cuando llegaran los deshielos”.

En ese momento, las 16 personas sabían que su vida estaba en sus manos y no en las de los demás, y es que lo mismo sucede en las empresas: el éxito o fracaso de una compañía está en sus decisiones y en cómo se enfrenta al día a día.

“En la vida siempre hay que pelear por algo, no hay que pensar mucho, hay que hacer cosas”, dice Páez y menciona que, si algo cambiaría de esa experiencia, sería tomar acciones antes, no esperar al décimo día.

“Nosotros fuimos los timones de nuestro propio destino, no nos quedamos esperando. Siempre hablo del sobreviviente y el viviente, nosotros en el día a día dejamos de sobrevivir, pero empezamos a vivir. El sobreviviente es el que está en una isla esperando a que lo vengan a buscar, pero cuando te conviertes en el timonel de tu propio destino te conviertes en otra cosa, como yo digo, en viviente”.

Tolerancia a la frustración

“El gran mérito de nuestra historia fue que al no le dijimos que sí, todo fue gracias a una actitud grupal que luchaba por objetivos en común”.

Aunque no todo fue armonía, pues tuvieron muchas discusiones, lograron salir adelante.

“La decisión que tomamos para salir fue equivocada, pero como lo hicimos con tanta pasión, no importó, llegamos a la civilización, es eso de lo que se trata, no de historias perfectas, sino historias con actitud y perseverancia”.

Actitud y trabajo en equipo

“Fue la actitud la que nos sacó de los Andes, la que nos hizo trabajar en equipo, no tanto por ser un equipo de rugby, sino porque creo que el ser humano está diseñado para trabajar en equipo”. Pero también se necesita humildad, porque la arrogancia rompe la armonía.

“Fuimos muy respetuosos de los roles”. Adolfo Strauch, uno de los sobrevivientes, empezó a inventar cosas, como la manera de caminar sobre la nieve haciendo zapatos con los almohadones, también inventó lentes negros y la forma de hacer agua derritiendo nieve que ponía en unas latas plateadas y por el efecto del sol comenzaba a derretirse.

“A mí me tocaba tapar el avión para que no entrara viento, nadie se metía en mi rol y yo no me metía en el de los otros”, dice Páez.

“Nuestra historia es un homenaje a la vida, hoy somos más de los que salimos
aquel 11 de octubre. Salimos 44(...) y hoy somos 130, tengo hijos y nietos. Lo que le digo a la gente es que no hay que pensar mucho, hay que hacer cosas”.

CRÉDITO: 
Elizabeth Meza Rodríguez / El Empresario