Cómo usar la metodología ágil para empoderar a tus colaboradores

La empresa requiere crear equipos multidisciplinarios de colaboradores. Foto: Shutterstock

Esta forma de liderazgo permite crear equipos multidisciplinarios de empleados para resolver diferentes problemas con ideas a partir de su experiencia laboral.

El jefe común se encarga de asignar tareas a los colaboradores, decirles cómo hacerlas y esperar un resultado deseado, pero ¿qué tal si en lugar de asignar deberes y métodos, se invita a los empleados a hacer cambios a situaciones o problemas? Eso se puede lograr con la metodología ágil.

En palabras de Juan Francisco Jiménez, socio en Bain & Company México, firma global de consultoría de negocios y autora del libro “Doing Agile Right – Transformación sin caos”, la metodología ágil consiste en crear equipos multidisciplinarios de colaboradores para resolver los problemas con ideas a partir de sus experiencias. Se elige un grupo de personas y se les da el poder para investigar, identificar, probar e implementar las soluciones que permitan a la compañía crecer.

“Dependiendo de la situación, los empoderas para decidir qué cambios hacer basándose en su experiencia”, explicó Jiménez en entrevista con El Economista.

Por ejemplo, en una sucursal bancaria, se puede elegir a un cajero, administrador, ejecutivo y vendedor para que hagan equipo y a partir de sus experiencias en el área en la que se desarrollan, resuelvan un problema como reducir los tiempos de espera o lograr que los empleados salgan más temprano de trabajar.

Cuando se les da la libertad, pueden encontrar pequeñas cosas que desde el alto nivel no se observan y que pueden cambiar con mínimos movimientos. Esa es una de las mayores ventajas contra el método tradicional , donde se hacen planes de proceso sin preguntar qué se necesita o cómo se viven ciertas situaciones.

“Empoderas a la gente, los dejas que prueben sin ninguna limitación, solo cuidando temas de seguridad o reputaciones, y una vez que ellos demuestran que la metodología funciona, pueden seguir al siguiente nivel que es implementarlo a nivel masivo”, detalló Jiménez.

Desarrollo de habilidades

Al implementar la metodología ágil se observa que la productividad de los colaboradores se incrementa y que los procesos para resolver conflictos e implementar estrategias se reducen. Por ejemplo, de uno a dos meses cuando antes podía tardar hasta seis meses.

Las compañías que lo implementan a gran escala tienen entre 15% y 30% menor costo y de 20% a 50% más generación de valor.

En los empleados, también se producen múltiples cambios como alto nivel de eficacia, mayor motivación, confianza, desarrollo de creatividad, compromiso y se vuelven embajadores del cambio, tienen la mejor aptitud y “la camiseta bien puesta”.

Por ello, después del Covid-19 y ante la “Nueva Normalidad”, lo ideal es aplicar la metodología ágil para tener un mejor desempeño y lograr que la empresa se recupere en el menor tiempo posible. De esta forma, se detonará la innovación, un liderazgo ágil y la colaboración.

Reconectarse con lo esencial

Para Jiménez, cambiar a esta forma de trabajo no es complicado ni costoso; se requiere determinación y cambio de mentalidad, por lo que cualquier empresa, sin importar su tamaño, puede beneficiarse.

Suele pensarse que en una pequeña y mediana empresa este tipo de acciones pueden ser más complejas de implementar; sin embargo, quienes tienen el verdadero reto son las grandes que pueden aprender de las más pequeñas.

En las grandes organizaciones predominan las jerarquías, viejos métodos que difícilmente se cambian, mientras que en las pequeñas es más sencillo, porque el fundador está cerca de la operación del negocio, se tienen bien presentes los ideales y misión de la organización, y hay un interés genuino de tener éxito.

“El fundador no solo los apoya (a los colaboradores), sino que es el primero en poner el ejemplo en que cuando un empleado viene con una buena idea, se compromete a llevarla a cabo en la organización. En cambio, cuando crecen, se vuelve burocrática y se pierde la visión del fundador”, precisó Jiménez.

El reto es ver cómo recuperar esa visión del fundador, esa cercanía con el cliente, con la línea y operación, y la capacidad de innovar y mejorar los procesos. Si tienen esta metodología, los líderes se acercan mejor con la realidad del negocio y así podrán mejorar y/o crecer.


CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario