¿Cómo se forma un buen líder?

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Cualquier persona puede serlo si tiene disposición, creatividad, concientización y sentido de responsabilidad.

El tema del liderazgo está cobrando gran fuerza en todo el mundo, pero al momento de desear convertirse en líder, inmediatamente se piensa que se debe nacer con esa cualidad, ¿es cierto?

La realidad es que hay millones de personas que desde la infancia han mostrado aptitudes para dirigir, por ejemplo: motivan a otros niños, organizan diferentes actividades recreativas o emprenden ideas innovadoras y aventureras; sin embargo, esto no significa que quien no lo haga no pueda liderar al ser adulto.

El líder sí nace, pero también se hace si se tiene disposición, creatividad, concientización, sentido de responsabilidad y sobre todo se sabe lo que realmente implica serlo.

Para Liz Wiseman, experta en liderazgo e inteligencia colectiva, un líder es aquel que inspira a los demás y quien canaliza la inteligencia y energía del grupo para resolver algún problema importante o para aprovechar una oportunidad.

“La definición más pro de líder es alguien que eliges seguir cuando no tienes qué. Un jefe es alguien con quien estás obligado a trabajar porque te pagan, en cambio un líder es aquel por el que trabajas aunque no tengas que hacerlo. Lo haces voluntariamente, lo decides seguir porque la visión que tiene saca lo mejor de ti y de los demás empleados”, dice en entrevista.

Los líderes son inteligentes

La autora del bestseller Multiplicadores: cómo potenciar la inteligencia de tu equipo, indica que una de las principales características de los mejores lideres es la inteligencia, además de que conocen la que su grupo de trabajo posee, ello ayuda a resolver conflictos o iniciar nuevos proyectos exitosos.

“Los mejores lideres saben que los trabajadores resolverán un problema sin que ellos estén presentes”.

Asimismo, los líderes son intelectualmente curiosos, es decir, en lugar de usar su intelecto para dejar en claro a los demás que tienen todas las respuestas o decir lo que se debe hacer, usan su inteligencia y curiosidad para descubrir y resaltar los conocimientos de los otros. Preguntan, promueven los debates rigurosos, ven en las personas a genios genuinos y crean un ambiente de seguridad y creatividad.

Tipos de líderes

Wiseman indica que los líderes que motivan a los demás y amplifican la inteligencia son conocidos como multiplicadores, pero desafortunadamente hay algunos que reducen las capacidades de los empleados. A ellos se les conoce como disminuidores.

“Este tipo de personas son muy inteligentes, pero se enfocan tanto en lo que saben que no pueden pasar su conocimiento para realmente ver las capacidades del equipo. Por ello los otros se restringen de dar ideas, se ‘apagan’ y dan menos de la mitad de su potencial, en promedio sólo 35 por ciento”.

Este tipo de líderes se ubican más en empresas con un riguroso orden jerárquico, algo que es muy común en Latinoamérica, donde se tienen compañías muy inteligentes pero que desperdician el talento y potencial de los empleados.

Generalmente los disminuidores no saben que lo son, pero sus acciones los identifican rápidamente.

Por ejemplo, sienten que deben proteger a sus empleados de las distracciones y emociones negativas, por lo que eliminan los obstáculos y barreras; son grandes defensores de las jerarquías y siempre lo dejan en claro; son el centro de atención en las reuniones; creen que la presión mejora el desempeño; imponen ideas, no escuchan las de los demás y toman las decisiones finales solos o con un pequeño círculo.

El error de los líderes

Al intentar no ser un líder exigente ni disminuir las capacidades del equipo de trabajo, muchas personas llegan a ser demasiado protectores.

La especialista indica que muchos líderes rescatan a sus empleados de todo tipo de problemas sin hacer que ellos lo resuelvan por sí mismos, lo que provoca dependencia.

“Es como un buen padre o madre que hace todo por sus hijos y no deja que aprendan. Debe saber que los hijos necesitan aprender a resolver sus propios problemas”, explica Wiseman.

Añade que para ser un mejor líder hay que experimentar el sufrimiento y enfrentarse a grandes dificultades o de lo contrario, no se tendrá un adecuado crecimiento personal ni de equipo.

Otro error común es dejar la originalidad y genialidad al final, y empezar a trabajar de inmediato, sobre todo cuando se va formando la compañía.

“Se debe aprender que puede comenzarse una compañía con una excelente idea y un líder energético, pero para hacer que crezca y sea exitosa, se necesita tener un líder creador de genialidad, que no sólo cree y multiplique las ideas, sino que use toda su inteligencia para la organización. Los emprendedores deben intercambiar su estilo de gerencia”, concluye.

CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario

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