Cómo formar líderes a partir de la neurociencia

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La cultura cerebro amigable busca enseñar y fomentar las habilidades que el líder requiere, donde se valoran sus debilidades y fortalezas, y se potencian sus aptitudes.

El líder de ahora no es ni el recuerdo de lo que antes era (exigente excesivamente, prepotente y alejado de sus colaboradores), sabe que la retroalimentación es necesaria, los éxitos son gracias al equipo de trabajo, inspira, tiene imaginación y sobre todo, se preocupa por sus colaboradores, porque como dice una frase muy común: “antes que ser un buen líder, hay que ser un gran ser humano” y eso es algo que lo que están plenamente conscientes. El único problema es que muchas veces no saben desarrollar esas habilidades.

“Con la neurociencia diseñamos herramientas y experiencias basadas en el cerebro para sacar al líder que está dentro de cada persona, sin importar a lo que se dedique. Todos podemos convertirnos en líderes”, explica en entrevista a El Economista, Ricardo González, director en México del About my Brain Institute México, especializado en desarrollar líderes a través de la neurociencia que lleva aplicándose desde 2009 en Australia y llegó a México hace dos meses.

Este proceso es conocido como la “cultura cerebro amigable”, cuya finalidad es enseñar y fomentar las habilidades que los líderes requieren, donde se valoran sus debilidades y fortalezas, y a la par se incluyen en el proceso a la familia, amigos, compañeros de trabajo y personas importantes en su entorno.

“Esto te permite hacer conciencia, ser más empírico con los demás y generarles confianza”, añade.

Las cuatro “i”

La metodología se basa en desarrollar cuatro áreas de la persona que se engloban en cuatro “i”, siendo la primera la de integración. En esta etapa se busca lograr un equilibrio entre la vida personal y el trabajo, así como aprender a desarrollar un sistema eficaz de trabajo para tener un optimo rendimiento y dedicar el tiempo justo a dormir, comer, descansar y hacer las cosas que más le apasionan a la persona.

El segundo paso del programa es la inspiración, la capacidad de inspirar a los demás, trasmitirles confianza, pasión y generar un ambiente de trabajo sano con una buena comunicación, lo que mejorará la colaboración entre todos los compañeros.

En este punto, el líder aprende a dominar sus miedos, reflexiona sobre la forma en qué toma las diferentes situaciones de la vida y entiende que no debe ser egoísta, pues si se quiere tener buenos resultados, hay que ayudar a los demás a crecer para que todos lo hagan al mismo tiempo.

En la tercera “i” está la imaginación, una de las características básicas de todo buen líder de la actualidad y que conduce a la innovación.

“Se trata de ver cómo generas tus ideas, qué tan optimista y resiliente eres, cómo está tu determinación, qué tan curiosos eres para aprender o preguntar, cómo manejas el cambio y cómo es tu actitud”, dice González.

Por último, en la cuarta fase se encuentra la intuición, aprender a hacer caso a los instintos, tener agilidad para resolver conflicto, comprender cómo es qué se toman las decisiones, descubrir qué tanto se está abierto a la retroalimentación, la forma de priorizar y cómo se adapta el líder a los cambios.

Para ingresar a este plan, González refiere que sólo se requieren exámenes para medir el estado de liderazgo en el que está la persona y conforme a ello, se desarrolla un sistema personalizado donde pueden incluirse lecturas, retos con otras personas, dibujar o escribir.

Asimismo, el coaching se puede dar a nivel personal, con una duración estimada de cuatro a seis meses, y sesiones cada 15 días, o a grupos empresariales quienes pueden invertir entre seis y ocho meses en la capacitación. Desde el primer día, los cambios son notables

En los dos meses que el instituto comenzó operaciones en México, ya se han impulsado a 50 líderes y se espera que para finales de 2018, la cifra llegué a las 1,000 personas.

elizabeth.lopez@eleconomista.mx

CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario