Cambio climático: es nuestro turno de asumir el desafío

Alrededor de 500 grandes empresas han establecido objetivos para reducir sus emisiones de carbono. Foto: Shutterstock

Este artículo es parte de Solutions&Co, una iniciativa internacional y de colaboración que reúne a 20 medios económicos de todo el mundo, en el cual participa El Economista. La edición tiene la finalidad de difundir los casos de empresas que, desde su modelo de negocio, luchan contra el cambio climático. El Economista lanzará su edición especial el 3 de diciembre. ¡Esperalo!

El pasado 11 de noviembre conmemoramos los sacrificios de aquellos que, hace 100 años, dieron sus vidas durante la Primera Guerra Mundial para defender nuestras libertades y nuestro modo de vida. A veces me pregunto qué harían estos valientes hombres y mujeres en nuestra situación actual, ahora que enfrentamos nuevas amenazas globales para la paz y la seguridad, a pesar de que algunas no porten armas de fuego.

De hecho, el cambio climático pone mucho más en peligro nuestro modo de vida que muchas de las amenazas militares del siglo XX. Si bien una gran mayoría coincide con este postulado, la movilización de líderes con mentalidades afines y que están decididos a frenar la progresión del calentamiento global es todavía demasiado modesta.

Que no se me malinterprete: empezamos bien. Como resultado de la histórica adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, hemos visto surgir compromisos globales en todos los sectores de la economía. Alrededor de 500 grandes empresas han establecido objetivos basados en premisas científicas para reducir sus emisiones de carbono conforme con lo pactado en el Acuerdo de París.

Cerca de 400 inversores, que reúnen un total de 32 billones de dólares en activos bajo gestión, se han comprometido a trabajar para lograr la transición hacia un mundo con bajas emisiones de carbono. Más de 100 pueblos originarios, gobiernos locales y empresas han lanzado una coalición para proteger los bosques, los alimentos y la tierra, con el objetivo de reducir en un 30% las emisiones totales antes de 2030, algo imperioso para el medio ambiente.

Dentro del marco del considerable desafío al que nos enfrentamos, estas iniciativas son a penas la prueba de que un cambio es posible, pero no constituyen una garantía. Todos debemos contribuir para lograrlo, hacer una suerte de "All in” como preconiza de título del último libro de David Grayson, Chris Coulter y Mark Lee. La obra pone de relieve que no solo necesitamos reorientar nuestras empresas para satisfacer las necesidades básicas de la humanidad, respetando los límites del planeta, pero también que, como líderes empresariales, debemos integrar la militancia por un cambio transformacional a nuestras actividades cotidianas.

¿Por qué? Porque la inercia del sistema en la trayectoria actual implicaría que la transformación, tanto necesaria como inevitable, será demasiado lenta para evitar el desastre. Y mientras que la aceleración de la transición es esencial para nuestra prosperidad conjunta, nunca antes, en tiempos de paz, habían sido necesarios cambios tan profundos en materia de políticas públicas. Además, esta vez, el mundo entero debe movilizarse contra una amenaza invisible. Será más difícil. Requiere de todos. Para este combate, nadie puede quedarse al margen.

Por un lado, el trabajo científico más reciente del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas nos remite a las consecuencias que tendremos que enfrentar, incluso en caso de lograr el objetivo menos ambicioso de limitar el aumento de la temperatura a 2°C por encima de los niveles preindustriales.

Por otro lado, los datos económicos de grupos como la Comisión Mundial de la Economía y el Clima indican claramente que contener el calentamiento global es la única manera racional de avanzar. Incluso las estimaciones conservadoras estiman que los beneficios económicos globales de una drástica reducción de las emisiones de dióxido de carbono serían de unos 26 billones de dólares para el año 2030. Esto, al margen de las 700,000 muertes prematuras por contaminación del aire que tal reducción evitaría y de los 65 millones de trabajos que crearía.

Ante tales hechos, ya no puede resultar ni moral ni económicamente aceptable preguntarse si vale la pena comprometerse. La única pregunta debe ser: "¿Cómo?"

Necesitamos un plan de batalla en múltiples frentes. Debemos ayudar a la sociedad a ser más resiliente a los cambios que ya han comenzado, ya sea la creciente escasez de agua o la vulnerabilidad a los fenómenos meteorológicos extremos. Al mismo tiempo, debemos abordar las causas subyacentes de la fluctuación climática; desde una economía basada en combustibles fósiles hasta un sistema financiero que desestima el valor de las generaciones futuras en provecho de las actuales.

Como comunidad de líderes empresariales, debemos estar juntos. Debemos preguntarnos qué papel pueden desempeñar nuestras organizaciones para acelerar la transición hacia un mundo sostenible y sin emisiones de carbono.

Algunas medidas, como la aplicación de los precios del carbono en la toma de decisiones de gastos de capital, el cambio a un consumo de energía 100% renovable y el fin de la deforestación en todas las cadenas de suministro, son sencillas. Pero debemos ir más lejos. Necesitamos dialogar directamente con los legisladores, no para abogar por el beneficio egoísta y a corto plazo de nuestras propias organizaciones, sino para ayudar a crear los marcos que den lugar a la transformación y que permitan que la sociedad se beneficie. Sin un esfuerzo colectivo de este estilo, nadie tendrá éxito.

Hace un siglo atrás, millones de personas entendieron esta dinámica. Ante la amenaza colectiva, antepusieron los intereses de los demás a los propios, luchando juntos para cambiar el curso de la historia y para crear un mundo mejor para todos. Ahora es nuestro turno de enfrentar el mismo desafío.

Autor: Paul Polman, CEO de Unilever

CRÉDITO: 
Paul Polman, CEO de Unilever