¿Arriesgarse o ser prudente en los negocios?

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Es común que los empresarios cometan errores predecibles o sean víctimas de sus prejuicios al momento de tomar medidas directivas. Para evitar tropiezos y catapultar la toma de decisiones acertadas y arriesgadas se deben combinar dos destrezas aparentemente diferentes, pero que todos poseen: el cerebro izquierdo y lo que hay que tener.

El término cerebro izquierdo abarca el enfoque analítico para resolver problemas en los negocios. Mientras que lo que hay que tener describe la disposición de asumir riesgos y traspasar límites empresariales. Tom Wolfe, periodista estadounidense, detalla que esta dupla “no es sólo la predisposición de ‘jugarse el pellejo’, sino también gestionar inteligentemente el riesgo”.

El pensamiento convencional insta a mantener “los pies sobre la tierra”. Esto es lógico cuando se pide un juicio sobre algo que no se puede influir. Pero cuando es posible, arriesgarse es una apuesta provechosa. Los psicólogos Shelley Taylor y Jonathan Brown descubrieron que las personas que poseen ilusiones positivas al tomar decisiones perfeccionan su rendimiento laboral y crean mejores vínculos sociales.

La habilidad para distorsionar la realidad y obtener resultados acertados recae en diferenciar qué se controla y lo que no. Se piensa que el mejor planteamiento es el juicio moderado. Sin embargo, cuando se puede influir en los resultados, el pensamiento positivo -aun siendo exagerado- es beneficioso. “Es mejor equivocarse pensando que podemos hacer las cosas que renunciar a hacerlas”.

Este sistema es retomado en el libro “Left brain, right stuff” (Cerebro izquierdo y lo que hay que tener) de Phil Rosenzweig, profesor de rendimiento empresarial del International Institute for Management Development de Suiza y cuya temática está sustentada por Daniel Kahneman, ganador del Nobel de Economía 2002, quien estipula que nuestra mente responde más rápido a lo que hay que tener, que con frecuencia conduce a errores, sino se conecta con la reflexiva capacidad del cerebro izquierdo.

Para tomar decisiones acertadas y arriesgadas, los ejecutivos deben conocer el criterio de valoración de la competencia y las recompensas a largo plazo. Deben preguntarse si es posible realizar un movimiento audaz y si vale la pena hacer una apuesta arriesgada que pueda reportar beneficios.

Cerebro izquierdo contra lo que hay que tener:

Sólo asumiendo riesgos y yendo más allá de los límites establecidos, las empresas pueden mantenerse por delante de sus rivales. Por tanto, “lo contrario del éxito no es el fracaso, sino la mediocridad. La inacción es peor que actuar y fallar”. El mejor nivel de confianza en las empresas es el que estimula a realizar las cosas mejor sin dar por hecho el éxito, esto empuja a trabajar mejor que la competencia.

El cerebro izquierdo y lo que hay que tener parecen factores contrapuestos, pero en realidad son complementarios. Para tomar grandes decisiones en los negocios, los directivos deben tener la capacidad de racionalizar, además de la disposición por asumir riesgos.

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CRÉDITO: 
Arturo Cardoso / El Empresario