Acabemos con los mercenarios del dinero: Samsó

Raimon Samsó, autor del libro "Super Coaching". Foto: Especial

Para Raimon Samsó, economista y experto en coaching, uno de los principales problemas que se observan en el mercado laboral es la abundancia de mercenarios del dinero: personajes que realizan actividades profesionales con el único objetivo de conseguir un sueldo.

“Trabajar sólo por dinero no es ético. Tenemos que acabar con aquellos que se levantan sólo para obtener recursos económicos. Lo ideal es ejercer la actividad porque nos gusta y se alinea con nuestros valores personales”, menciona el experto, quien expone en entrevista que el gran error que cometen los trabajadores es pensar que los ingresos económicos son la base de la felicidad personal, lo que los lleva a realizar actividades cada vez más demandantes y menos satisfactorias.

En el caso de los profesionales mexicanos, el autor del libro “Super Coaching”, indica que la falta de autoconocimiento y autoestima es la causante del crecimiento de los mercenarios del dinero:.

“El capital humano en México es bueno y talentoso, pero la carencia de confianza en sí mismos les impide dar el gran salto y conseguir el éxito profesional y personal”, añade el hombre que durante 14 años trabajó para el sector bancario y, después de una crisis sentimental, retomó su verdadera pasión, la literatura.

Vencer el fracaso y la frustración

Otro de los obstáculos que paraliza la carrera de los profesionales es la comodidad que se obtiene en cierto lugar de trabajo y que para Raimon Samsó, “es una manera sutil de negarse a uno mismo lo deseado (…) Yo las considero justificaciones para aceptar el fracaso”.

En “Super Coaching” se habla de que estar abierto a las crisis no es sólo una forma de aceptar los cambios, sino de actuar restándole importancia a la idea de fallar. Y es que no hay mejor manera de aprender y lograr el éxito que equivocándose en el camino: “Tenemos permiso de errar, el empacho de seguridad es un peligro y puede privarte de llegar lejos”.

La actitud lo es todo ante las adversidades, ésta se encarga de que una falla no se convierta en frustración, síndrome que genera energía inversa y, de no ser canalizada correctamente, se manifiesta a través de la ira, la rabia y el abatimiento.

Saber asumir y superar la frustración es esencial para continuar en el negocio y lograr los objetivos impuestos. Para Raimon Samsó hay tres formas de aumentar el umbral de rechazo a este sentimiento:

  • 1. Asumir que la escasa tolerancia a la frustración es un comportamiento poco maduro y caprichoso alentado por un ego inflado. La clave está en acabar con el control que ejerce el ego
  • 2. Aprender a relativizar, es decir, restarle importancia a cosas que no la tienen pero que terminan sacado a flote un sentimiento negativo
  • 3. Esforzarse un poco más, afrontar los proyectos importantes y aceptar que se requiere esfuerzo, disciplina y paciencia si los resultados no llegan tan pronto como se esperan

El autor de 14 libros y 14 ebooks de desarrollo personal, recomienda gestionar el tiempo de trabajo de forma óptima para evitar fallas en las actividades que desencadenen sentimientos poco positivos:

Hay que parar, dejar de correr y no hacer nada, sólo así seremos capaces de reflexionar sobre la vida que llevamos y la forma en que tomamos decisiones. Posteriormente hacemos un plan, generamos ideas y entonces actuamos en nuestro beneficio”, concluye.

Cuatro estrategias para gestionar el tiempo

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  • 1. Establecer prioridades. Si no sabemos que es lo prioritario en nuestra vida perderemos energía y tiempo en solucionar tareas superfluas.
  • 2. Marcar objetivos realistas. Establecerse pequeñas metas e irlas cumpliendo hasta que la suma de éstas dé como resultado el objetivo final.
  • 3. Planificar actividades. Es una manera eficaz de asegurarte que cumplirás con cada una de las tareas impuestas al inicio de la jornada laboral.
  • 4. Premiarte por lo conseguido. Darte una recompensa agradable por cada meta alcanzada es una buena estrategia para motivarte y lograr los objetivos impuestos.

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CRÉDITO: 
Zyanya López / El Empresario