Impuestos a la acumulación de riqueza en la era de la 4T

Recientemente ha circulado en medios el acuerdo de reforma constitucional impulsada por Alfonso Ramírez Cuellar por medio de la cual se busca dotar de facultades al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) a efecto de que pueda medir la concentración de riqueza en México, partiendo para ello de los datos que le provea el Servicio de Administración Tributaria (SAT).

El marco de fondo de la propuesta no es nuevo, basta recordar que el pasado 15 de agosto de 2018, el Diputado Federal por Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, presentó una iniciativa con Proyecto de Decreto que reforma y adiciona distintas disposiciones a la Ley del Impuesto Sobre la Renta, ello a efecto de grabar a las herencias o riqueza acumulada.

En la exposición de motivos de dicha iniciativa, se precisaba:

  • “Uno de los problemas sociales más graves que vive el país es la desigualdad y la movilidad social. En México los ricos se hacen más ricos y los pobres se hacen más pobres. La concentración de la riqueza es alarmante, el 1% de la población recibe 21% de los ingresos de todo el país…
  • La riqueza que se produce todos los días en México se encuentra concentrada en un grupo selecto de personas que se han beneficiado del poco crecimiento económico del cual ha gozado el país en las últimas dos décadas. Así, mientras el PIB per cápita crece a menos del 1% anual, la fortuna de los 16 mexicanos más ricos se multiplica por cinco.
  • El impuesto a la herencia es aquella tributación que hace el estado a la transferencia gratuita de propiedades que se realiza entre los individuos. La tributación está dirigida a toda aquella propiedad entregada o dejada por un sujeto al momento de su muerte.
    El enriquecimiento patrimonial que logran los ciudadanos de manera gratuita al lograr la transmisión de una herencia por propiedad los coloca dentro de una posición privilegiada que los posiciona dentro de los quintiles más altos de la sociedad, en donde poco más de la mitad de los mexicanos de los que nacen en esta situación se quedan dentro del mismo estrato social. Lo que significa que, sin haber trabajado, simplemente por el hecho de haber nacido con la fortuna de una herencia en una familia acomodada, tienen la posibilidad de pertenecer y sostenerse dentro de los estratos más altos de la sociedad mexicana, mientras que aquellos que no tienen las misma suerte, permanecen en el infortunio de la pobreza.

Si bien es cierto, en la esfera internacional existen países que contemplan como parte de su normatividad fiscal partidas aplicables a herencias (tal es el caso de Estados Unidos de América con la tasa del 40% o Japón con la tasa del 25%), también lo es el hecho de que no parten del índice de Gini para su justificación (índice que mide la distribución de ingresos entre individuos de una economía).

La propuesta de Alfonso Cuellar (en apariencia) no encontró eco en el ejecutivo federal; pese a ello, en fechas recientes el presidente constitucional de nuestra nación ha sido enfático en la necesidad de modificar la forma en la que se mide el crecimiento económico, posicionando a elementos tales como “bienestar”, “distribución equitativa de la riqueza” y “felicidad”, con lo cual se tiene un punto de encuentro de fondo.

Considero que en el actual clima de contracción económica que experimenta nuestra nación, las iniciativas y reformas que partan de la sola “acumulación de riqueza” estarán destinadas al fracaso, máxime si se trata de la imposición de nuevos gravámenes aplicables solo a cierto sector económico (en función al monto de lo donado/heredado), hecho que indudablemente acentuarían la postura de confronta sostenida por la 4T y pudiesen provocar la fuga de capitales de forma acelerada, situación que en nada conviene a nuestra nación.

Considero que la óptica encaminada a perfeccionar los procesos de fiscalización valiéndose de las herramientas tecnológicas de las que disponemos, es el camino idóneo por medio del cual podamos “aportar a las finanzas públicas conforme a nuestra capacidad contributiva real”, ya que una computadora no procesa filias o fobias, sino solo datos.

* El autor: Eduardo Enrique García Hidalgo, integrante de la Comisión Fiscal 4 del Colegio de Contadores Públicos de México