Disrupción, clave de éxito de empresas millonarias

La clave no es crear nuevas cosas, sino echar una mirada a lo existente y mejorarlo. Foto: Shutterstock

Ya no se trata de tener una idea nueva, ahora lo importante es ser disruptivo, buscar soluciones que faciliten la vida de las personas y alteren las reglas del juego.

Usualmente se considera que para crear una empresa y tener éxito se requiere ser innovador; sin embargo, el mundo está lleno de gente que a diario innova, lo que ha provocado un exceso de oferta de servicios y productos. Por ello, es necesario ser disruptivo.

La disrupción, de acuerdo con el diccionario, es una alteración de la norma, actividad o proceso, es decir, no responde a una lenta evolución, sino a un cambio repentino de las reglas del juego. La clave no es crea nuevas cosas, sino echar una mirada a lo existente y mejorarlo.

En este sentido, Mario Borghino, consultor de empresas y autor del libro Disrupción, más allá de la innovación, explica que ya no se trata de tener una idea nueva, ahora lo importante es ser disruptivo, buscar soluciones que faciliten la vida de las personas.

“La innovación que debes crear es la que altere las reglas del juego, ya no puedes sacar un producto enlatado de color verde porque no lo tenías o pensado en niños cuando antes era para mayores, ahora no es sacar una diversidad de producto para un segmento del mercado, porque eso ya está afinado. El consumidor está brutalmente sobresaturado de oferta, por lo que exige a los empresarios hacer algo nuevo y único”, afirma en entrevista con El Economista.

Ser disruptivo no es complicado y muestra de ello son empresas que hoy son de gran tamaño, con presencia en todo el mundo y que cambiaron la forma de hacer negocios. Ejemplo de ello es Domino’s Pizza, quien se convirtió en un disruptor partiendo de un negocio que ha existido por años: la venta de comida de un alimento que le gusta a muchos: la pizza, pero éste no fue el secreto del éxito, su pilar fue que “agregó un motor a la pizza” al acercar el producto a los clientes en menos tiempo

Borghino señala que este negocio ofrece una pizza que no tiene mucho de especial, es algo que puedes encontrar en otros lados, pero el valor que agregaron fue acercarla a sus clientes hasta su casa, lo que reduce tiempo, traslado y resulta más cómodo, además que garantizan rapidez al hacerlo en menos de 30 minutos. Son estos pequeños detalles los que hacen la diferencia.

Otro ejemplo es Starbucks, que no inventó el café, ni el negocio de las cafeterías, pero logró darle a los clientes una nueva experiencia, dándoles un trato más personal, conociendo su nombre, preparando con rapidez sus órdenes y ofreciendo un lugar en el que puedan permanecer el tiempo que deseen, sintiéndose cómodos y en armonía.

Airbnb también es muestra de que la disrupción vence a la innovación al dar un giro radical al servicio de la hotelería, incluso sin tener una sola cama o habitación propia, que además, permite a otras personas ganar dinero.

Lo tradicional, gran aliado

Estos ejemplos son para Borghino muestra de que los negocios tradicionales y que no parecen los más novedosos, pueden convertirse en una oportunidad para ser disruptivo.

“Se trata de resolver problemas al consumidor. Por ejemplo, Uber nació del negocio de los taxis que ha existido desde hace más de 100 años, pero cambió la forma de usarlo”.

El autor explicó que de acuerdo con un estudio realizado por él mismo a empresas disruptivas, hay siete elementos que juntos ayudan a descubrir una disrupción: problema, tecnología, estrategia, valor, concepto, simplicidad y commodity. A estos pasos se les conoce como el algoritmo de la disrupción.

El primer punto es encontrar un problema que sufra el consumidor, para así hacer su vida más fácil, cómoda y simple. Posteriormente se piensa en lo necesario para resolverlo, se incorpora la tecnología necesaria, se añade el valor y se aplica.

“¿Por qué te compra el cliente? No por tener un producto de calidad, eso todos lo ofrecen. Hoy debes crear una empresa que inicie desde el cliente y luego creas la compañía”, afirma Borghino.

Tipos de disruptor

La disrupción no tiene que ver con un servicio o producto, abarca diferentes áreas desde la forma de ahorrar recursos, hacer los procesos de la empresa hasta la forma de comercializar, por lo que es importante definir qué tipo se quiere aplicar.

Existen cinco diseños disruptores de negocios que se caracterizan por buscar precios y costos bajos, pero que se diferencian por otros aspectos. El primero es el financiero, donde el valor que se otorga es la accesibilidad.

El segundo es el de producto, con un valor emocional en el consumidor. El tercero, de servicio, cuyo valor es la experiencia al cliente.

El cuarto tipo es la expansión geográfica, con un valor de saturación geográfica, es decir, dar productos o servicios para todas las personas, de fácil acceso y comodidad.

Por último, está el tecnológico, que aporta el valor de una nueva forma de hacer las cosas

Los enemigos

Para Borghino, cualquier persona puede crear negocios exitosos, pero en ocasiones hay algunos enemigos que lo impiden y es por ello que México es de los países con mayor retraso disruptivo en el mundo: “La gente tiene que cambiar de mentalidad”.

Este cambio cultural también representa un importante reto para las empresas grandes, porque se basan en lo que les ha funcionado por años y prefieren dedicarse en mejorar lo que tienen y protegerlo.

Asimismo, no se centran en el cliente como deben, su mayor enfoque está en la eficiencia interna de la compañía, para la cual usan la tecnología, cuando ésta debería ser para convertirse en disruptivo.

Por ejemplo, la empresa de jugos nunca pensó en hacer otra cosa que esas bebidas, porque a eso se dedicaban, en cambio, una de agua que se atrevió a nuevas cosas, pensó en agregar jugo a las aguas, teniendo así un importante logro, dice Borghino.

“Para comenzar un negocio, los jóvenes y todos los que empiezan, deben tener la sensibilidad de resolver problemas ancestrales. El que logre transformar los conceptos existentes, es quien se hace millonario”, finaliza.

CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario