Cómo aprender a fracasar sin morir en el intento

Foto: Especial

El fracaso es considerado la peor cosa que le puede pasar a una persona, sobre todo en el ámbito laboral y al emprender, ya que cree no tener las capacidades necesarias o que el esfuerzo es inútil; sin embargo, para alcanzar el éxito este es el primer paso que se debe cumplir.

La meta principal de un emprendedor cuando comienza su proyecto es ganar altos ingresos rápidamente y posicionarse en el mercado como líder, pero la realidad es que para que eso ocurra, primero se sufrirán múltiples fracasos, ¿cómo enfrentarlos?

La respuesta la tiene Leticia Gasca, directora del Instituto del Fracaso, quien una noche al mes se reúne con cientos de emprendedores que han fracasado para que hablen de ello, se rían, aprendan y ayuden a otros en situaciones similares, todo acompañado de copas y un buen ambiente durante las Fuckups Nights.

“Es un movimiento que creamos cinco amigos hace cinco años y lo que hacemos es reunirnos con otros emprendedores para escuchar las historias de tres o cuatro participantes en 10 imágenes en siete minutos”, explicó en entrevista a El Economista durante el INCmty 2017.

Hasta ahora, el movimiento está presente en 230 ciudades, 80 países y se realiza en 36 idiomas, y cuentan con 300 voluntarios quienes organizan las reuniones.

La gran caída

Para Leticia, el proyecto comenzó tras haber sufrido múltiples fracasos, como cuando creó una asociación en Sierra Negra, Puebla, para apoyar a mujeres indígenas a comercializar sus productos a precios justos. Infortunadamente, después de haber conseguido socios, inversiones y la venta de los artículos, la empresa quebró.

“En aquel momento éramos una asociación muy atractiva y ganábamos muchos premios, con lo que nos sosteníamos económicamente, pero realmente no era un modelo de negocio escalable y sostenible a largo plazo”, narró.

Así, los socios y miembros del equipo comenzaron a salir y los números bajaron. Ahí fue el momento de aceptar que todo se había acabado.

Tiempo después Leticia comenzó a trabajar en diferentes empresas por siete años, hasta que una noche en compañía de amigos y mezcal, todo cambió.

Tras hablar de las caídas que todos habían tenido, decidió que podía crear un nuevo proyecto para ayudar a todos los que han pasado por las mismas situaciones, con el fin de enseñar que el fracaso no es malo, sino un precursor del éxito.

Cambiando la cultura

Para Leticia el gran reto al fracasar es cambiar la cultura de que este es malo, cuando realmente es una oportunidad de crecimiento, aprendizaje y algo inevitable.

“No porque tu negocio fracase, tú eres un fracasado. En realidad al ser emprendedor es común el fracaso, te va a tocar pase lo que pase. Lo que debemos tener es una mentalidad diferente y aprender de los fracasos”, detalla Gasca.

Detalló que en Latinoamérica, 80% de los negocios fracasa antes de los dos primeros años y 75% en México. En Argentina y Perú, el tiempo es de un año, a diferencia de Chile, Estados Unidos y Europa, donde los años se extienden de cuatro a cinco.

Entre las principales causas de ello, se encuentran ingresos insuficientes, mala planeación, falta de indicadores reales de éxito y problemas en la ejecución, donde no se tienen las habilidades necesarias para dirigir la empresa, algo muy común en startups de base tecnológica.

“Hay métricas de vanidad que son los visitantes a las redes sociales, número de amigos y cantidad de clics, pero esto no sirve porque lo que importa son las cifras de ventas y conversiones”.

Gasca resaltó que para cambiar la percepción de los fallos, lo primero es consultar las estadísticas de las empresas que fracasan y en las escuelas, dar herramientas a los estudiantes para ser más resilientes y saber superar el “duelo” de perder su compañía.

Para el 2018, la asociación buscará incrementar su impacto y dar pláticas en corporativos, ya que ahí se requiere de asesoría del fracaso.

Los interesados en asistir a las reuniones, solo deben acceder a las redes sociales y estar al pendiente del día en que se realice en su ciudad.

CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario

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