Trueque, las casas que empoderan a parteras

Por casa se requieren en promedio 70,000 pesos. Foto: Cortesía

La construcción de viviendas busca reducir la mortalidad materna e infantil y reconocer a las mujeres.

Por años, las parteras han apoyado millones de nacimientos, pero han sido relegadas por las leyes del estado de que todos los partos deben ser atendidos por médicos y enfermeras obstetras en centros de salud, para evitar muertes de madres y menores.

Sin embargo, muchas comunidades no tienen acceso a servicios médicos, por lo que las parteras siguen presentes, aunque no siempre tienen las instalaciones adecuadas.

Ante esta situación, Patricia Torres, directora del departamento de arquitectura y diseño industrial en el Tecnológico de Monterrey, en colaboración con Juan Pablo Rodríguez, profesor del departamento de arquitectura de la institución, creó un proyecto para reducir la mortalidad, revalorizar el trabajo de las parteras y empoderarlas: construir casas seguras de cemento o madera.

En entrevista con El Economista, Patricia declaró que la idea comenzó hace cinco años, como parte de un programa de capacitación del Tec, cuando la red de parteras les pidió apoyo para diseñar viviendas en la comunidad de Tenejapa, Chiapas. La idea les entusiasmó tanto que además del diseño, reunieron dinero y construyeron las casas.

“Cuando nos hablaron del proyecto, decidimos vincularlo con una de las materias de arquitectura, edificios comunitarios, y buscamos a un profesor con ese perfil”, dijo.

Con profesores y alumnos de preparatoria y licenciatura de diferentes carreras de 10 campus, comenzaron a construir casas, que también permitió sensibilizar a la comunidad Tec.

Proyecto trueque

La base del proyecto es el trueque, que de acuerdo a Patricia se trata de dar cosas y obtener otras útiles. Por ejemplo, las casas a cambio de la reducción de muertes en la región, que ocupa el segundo lugar en tasa de mortalidad materna e infantil.

“Trueque es un concepto que nos guía a que todas las cosas que hagamos den valor, pero reconociendo que lo que aprendo contigo, tiene la misma valía. Por ejemplo, ellos me enseñan a bordar y yo les enseño electrónica, o nosotros diseñamos una casa y aprendemos cómo viven en su comunidad”, explicó.

El trueque también está en reconocer la labor desinteresada que hacen las parteras, a cambio de empoderarse y seguir ayudando a su comunidad.

“Las parteras están en lugares con difícil acceso a centros de salud y por eso empoderamos y reconocemos su trabajo, porque son pieza fundamental para la salud y mantener viva a la comunidad.”

Las casas son aproximadamente de 25 a 30 metros cuadrados y tienen tres áreas básicas: zona de atención del parto, espacio sanitario y zona de reunión, aunque el diseño dependerá de las necesidades de cada mujer. Por ejemplo, una pidió un área de juegos para los niños que acuden y otra uno de planificación familiar.

Por vivienda, el costo también dependerá de los materiales usados como madera o block. Su precio estimado es de 70,000 pesos, recursos que los alumnos y profesores recolectan a través de eventos, venta de artículos u otro medio.

Patricia confiesa que el proyecto ha ido lento porque la construcción depende de los horarios de los alumnos. Por ello, han construido sólo dos casas y tienen fondeo para otras dos, pero para seguir creciendo, deben cambiar la estrategia de recolección y manos trabajadoras.

“Estamos replanteando el modelo por el tiempo de los alumnos”.

Una forma es empleando a la comunidad con ayuda de Agustín, habitante de la región y arquitecto, que quiere empoderarlos.

El objetivo a mediano plazo de Patricia es entregar 64 casas y estar en otras comunidades. Por ahora, están en pláticas con el municipio para saber a qué otras regiones llegar, y posteriormente replicarlo en otros estados.

El reto no es sencillo, pero para Patricia la misión es clara: seguir impulsando a las mujeres a través del reconocimiento a su labor, para que crezcan y ofrezcan mejor atención.

“Cuando el reconocimiento viene de fuera, la mujer se empodera y crece solita. Necesitamos encontrarlas, reconocerlas y empoderarlas”, destacó.

CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario