Del sol, la luz que transforma vidas

Foto: Especial

En momentos en que los líderes globales analizan medidas para reducir el impacto de la huella humana en el medio ambiente, resulta oportuno profundizar en iniciativas como la de Iluméxico que, además de cumplir esa misión, transforman la vida de las personas.

Ver la luz eléctrica en el hogar por primera vez genera un mar de emociones. Manuel Wiechers Banuet, director general de Iluméxico, cuenta que cuando el equipo terminó de instalar el sistema de paneles solares en una casa de una comunidad marginada, la dueña le ofreció de cenar. “La señora nos sirvió y le preguntamos por qué no se sentaba a cenar con nosotros, a lo que respondió: ‘no, yo ya tengo luz, me voy a sentar cuando yo quiera’ y rompió en llanto”.

Ana Lucía Coll Guzmán, directora de Proyectos, comparte otra historia que evidencia el impacto social, que no se puede contabilizar, de la labor que realizan los 39 miembros de Iluméxico y sus aliados: “Un papá –en cuya casa instalaron el equipo de energía solar- estaba con sus hijos pequeños y escuchó un ruido, cuando prendió la luz vio una serpiente venenosa junto a ellos. Pudo sacarla a tiempo, nos dijo que de no haber tenido luz, a lo mejor uno de sus hijos no estaría ahí”.

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Creada en 2009 por ocho ingenieros expertos en energía fotovoltaica, Iluméxico es una empresa que busca llevar electricidad al 5.5% de la población mexicana que carece de luz en sus hogares o la que recibe es de mal calidad. Para ello fabrica, distribuye y financia sistemas de energía solar para uso doméstico y empresarial.

En entrevista, Manuel Wiechers, emprendedor internacional Endeavor desde junio de este año, y Ana Lucía Coll, comentan los retos que enfrenta esta empresa social, que en febrero del 2016 cerrarán con un fondo de inversión francés su primera ronda de inversión, lo que les permitirá crear 10 nuevos ILUcentros en los próximos dos años e impulsar su plan de expansión.

En México, indica, hay 43,000 comunidades de alta marginación, en su mayoría de menos de 100 habitantes, que carecen de energía eléctrica. “Lo que hacemos es generar una estrategia para llegar a esas zonas, estar ahí de forma constante para dar servicio y mantenimiento y ofrecerles soluciones de energía”.

Iluméxico trabaja en cinco estados: Guerrero, Veracruz, Chiapas, Campeche y Oaxaca y está expandiendo sus operaciones a la huasteca potosina. Trabajan en alianza con gobiernos, empresas y fundaciones como GE, Ashoka, Fondo Unidos y Fomento Social Banamex. Tienen cuatro ejes de acción: fabricación de equipos de energía solar para vivienda y negocios; distribución, financiamiento flexible y empoderamiento social, con transferencia de conocimiento.

El sistema básico tiene un costo de 3,550 pesos e incluye equipo, instalación y mantenimiento por dos años. Las mensualidades van desde los 250 pesos, a pagar hasta en 18 meses. Los equipos comerciales van desde los 9,900 a 15,000 pesos, se trata de productos de electrificación para ganadería.

“Las familias ya realizan un gasto significativo en velas, lámparas, diésel… Nosotros reemplazamos ese gasto por una inversión”, señala Ana Lucía Coll.
Iluméxico fue finalista del Premio Visionaris, que otorga el banco suizo UBS. Uno de los proyectos que financiaron con su apoyo fue el de refrigeradoras para vivienda y comercios, bajo un esquema de renta.

La empresa opera actualmente cinco ILUcentros. En declaraciones al diario británico The Guardian, Wiechers indicó que pretenden contar con 50 centros al 2020, lo que les permitirá llegar a 300,000 personas y crear 180 nuevos empleos, así como iniciar su expansión hacia América Latina. Para ello deberán superar algunos retos.

“Uno de los retos más grandes para nosotros es el fortalecimiento de los recursos humanos… (pero) es en la parte fiscal donde vemos más oportunidades. La facturación electrónica es complicada, el año pasado tuvimos pérdida fiscal por los gastos no deducibles”, explica el emprendedor.

El reto también es la transformación social, en la que avanzan día a día. “Ha sido interesante cambia la visión del trato que se les da a esas comunidades –marginadas- porque somos una empresa que vende un producto por el que ellos pagan, es un tema de generar confianza y de voz para que ellos exijan un producto y servicio de calidad, de que son clientes, no beneficiarios”.

angelica.pineda@eleconomista.mx

CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario