Sobras y estiércol como sustitutos del diésel

La energía es un digestor anaeróbico autónomo, diseñado para procesar alimentos y convertirlos en biogás. Foto: Sandra Sassow

Un matrimonio inglés creó una solución portátil para transformar el estiércol y las sobras de comida en energía

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación estima que el ganado es responsable de un 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero. En una tranquila hacienda industrial de Southampton, en la costa sur de Inglaterra, un equipoformado por un matrimonio pronto ofreceráal despistado contaminante un medio para reparar parte de su vandalismo ambiental.

Tras cinco años de desarrollo, su compañía, SEaB Energy, pronto producirá dos modelos distintos de digestores anaeróbicos autónomos. (Ya se realizaron pruebas con los prototipos en el parque de ciencias de Southampton, la cervecería de Lancaster y en una granja de Hampshire.)

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Esta microcentral eléctrica se vale de un proceso natural para transformar los residuos en energía renovable. Las bacterias anaeróbicas se encargan de digerir el material orgánico tal como estiércol o residuos de alimentos para producir biogás, una mezcla que consta principalmente de metano y dióxido de carbono. El combustible puede utilizarse para producir calor y energía eléctrica, mientras que los restos de materia orgánica pueden usarse como fertilizantes para la agricultura.

La idea fue de la presidenta ejecutiva Sandra Sassow, una empresaria de origen estadounidense con una formación en tecnología de punta y programación. La inspiración vino de su esposo, que también inventó esta tecnología.


Un socio fundador de las prácticas de energía alternativa en PricewaterhouseCoopers, Nick Sassow, ha dedicado gran parte de su carrera a ayudar a los mayores productores de energía a negociar la vanguardia de la revolución de la energía renovable desde que esta empezó hace dos décadas.

Hablando con su esposo, Sandra advirtió que un factor que limitaba todos los proyectos en los que Nick y sus clientes trabajaban era el hecho de la distribución. «Recuerdo que se la pasaban preguntándose “¿Cómo podemos enviar la energía a la red eléctrica?”», recordó. Si la distribución era tan problemática, pensó Sandra, por qué no eliminar por completo la red eléctrica y generar la energía justo donde se usará, en una pequeña central eléctrica local.

Fue gracias a esta reflexión que ambos se enfocaron en decidir qué fuente energética usaría la central.

La energía solar escalable ya estaba muy avanzada para un nuevo participante pequeño. Si bien tanto la energía marina como la eólica parecen prometedoras (la energía eólica puede ser el siguiente objetivo de la pareja), se decidieron por la digestión anaeróbica.


El Muckbuster se especializa en estiércol, pero también sirve para tratar residuos de las cosechas y de ciertos tipos de alimentos.

La segunda unidad de la compañía, el Flexibuster, está diseñada principalmente para tratar desechos de alimentos y de otras fuentes orgánicas, pues resulta que la digestión anaeróbica funciona mejor con residuos de alimentos que son muy fáciles de encontrar, especialmente en las ciudades y en grandes abastecimientos. La ONU estima que un tercio de la comida producida para consumo humano (aproximadamente 1.3 mil millones de toneladas) se pierde o se desecha cada año.


Puesto que los residuos de alimentos son muy accesibles, este sistema también es una herramienta poderosa para proporcionar electricidad a millones de personas en países en vías de desarrollo sin acceso o con acceso limitado a una red eléctrica. Por ejemplo, a Sandra le gustaría poner unidades del Flexibuster en las entradas de las estaciones de gasolina de Nigeria, para que los lugareños puedan intercambiar sus residuos de alimentos a cambio de biogás para volver a llenar los contenedores que usan para cocinar.

Ambos digestores son sistemas portátiles y completamente equipados que caben en contenedores de seis metros de largo para facilitar su transportación e instalación. Están pensados para sitios que generan entre 200 y 1 000 toneladas de residuos al año, tal como sucede en aldeas, edificios de oficinas y zonas militares. El costo de cada unidad termina amortizándose gracias al ahorro en costos de energía e incluso podría generar dinero a los propietarios mediante la electricidad que genera.

Sandra cree que estas unidades pueden sustituir a los generadores de diésel por toda África debido a que son una solución rentable que produce menos emisiones de carbono.

Tiene la esperanza de que transformen la manera en la que se genera corriente eléctrica en las comunidades rurales de la misma manera en la que los teléfonos móviles transformaron la comunicación. En muchos países africanos, el uso generalizado de los teléfonos celulares eliminó por completo la necesidad de contar con redes de telefonía fija. De la misma manera, la implementación de centrales locales de corriente eléctrica podría eliminar la necesidad de redes eléctricas nacionales.


Es una posibilidad prometedora. Pero llevar electricidad a millones de los pueblos más pobres del mundo usando estiércol de ganado y sobras de comida parece ser una idea descabellada para los inversionistas. Es debido a esto, y a que el negocio se inició en un momento poco oportuno, que ha sido difícil encontrar financiamiento.

En 2009, solicitar a los inversionistas una suma significativa de dinero en un proyecto de energía alternativa que llevaría más de cinco años para llegar al mercado era «mucho pedir», admitió Sandra. Por ello, los £4 millones (US$6,3 millones) que ella y Nick recolectaron provienen de sus amigos y familia. Pero a comienzos de este año,la plataforma Novia inició la comercialización de un Bono de Energía SustentableTTC completamente asegurado para distribuir unidades de Flexibuster de SEaB Energy, con lo que planea recolectar £10 millones de inversionistas institucionales con una productividad considerable del 11 %.


En los últimos años, SEaB Energy ha ganado diversos premios y galardones, incluso fueron reconocidos por LAUNCH: Beyond Waste como una iniciativa «que puede revolucionarlo todo». Mientras tanto, Sandra dice cosas prometedoras acerca de su libro de pedidos.

Prefiere no revelar el número de unidades vendidas hasta ahora, pero están por entregar dos Flexibusters al Hospital General de Southampton y un desarrollador en Irlanda del Norte.

La compañía también ganó la oportunidad de probar una unidad en el Canary Wharf en Londres, un proyecto que piensan concretar más adelante este mismo año. Sandra promete que vendrán más «noticias emocionantes» y los inversionistas creen que esto es más nueces que ruido.

Para obtener más información:Sitio web: http://seabenergy.com/

Video: http://www.sparknews.com/en/video/seab­energy­power­box

CRÉDITO: 
Hugo Cox / Sparknews