Reconfigura taller de inflables por túneles y cápsulas sanitizadoras

Carlos Hernández, fundador de Inflables Charly. Foto: Especial

Hace unos meses, Carlos Hernández estuvo a punto de despedir a 12 empleados de su taller de juegos infantiles. Las nulas ventas y la crisis por la pandemia del coronavirus (Covid-19), le obligó a reconvertir su negocio. Comenzó fabricando túneles sanitizadores; luego cápsulas aislantes, guantes, caretas, bolsas mortuorias y líquido sanitizador.

Las ventas en Inflables Charly subieron, y su dueño evitó que despidiera al personal. Ahora, en medio de la pandemia, que en México ha causado más de 7154,105346 contagios y más de 75,633666 muertes, estos productos son altamente requeridos por socorristas independientes, hospitales, funerarias y hasta empresas y escuelas para el regreso a la “nueva normalidad”.

“Cuando empezó la pandemia vimos que se nos había cerrado la puertas de hacer inflables, no íbamos a tener trabajo, y fue cuando empezamos a imaginar cómo podíamos apoyar para la pandemia.

Empezamos a ser los túneles sanitizantes, y nos estaba yendo bien, pero el gobierno dijo que no servían, aunque fue una mala información, porque no era el túnel, sino el sanitizante. Ese fue el problema.

“Me llamo un socorrista de Baja California que quería que le hiciera unas cápsulas. Me mandó el prototipo, y de ahí salió la idea de hacerlas para la Ciudad de México, y empezamos a trabajar. Hemos mandado a las clínicas a los hospitales, me han pedido mucho para Pachuca (Hidalgo)”, contó Hernández.

En su taller ubicado en avenida Texcoco y el kilómetro 14 de la calzada Ignacio Zaragoza, en la alcaldía Iztapalapa, Carlos Hernández mencionó el precio de sus productos: una cápsula de aislamiento 2,200 pesos, con guantes y el sistema para el aire. “Ya todo completo lo estoy dando en 4,500 pesos que incluye la batería, los dos ventilares para la presión positiva, la presión negativa, el filtro viral, los guantes y la cápsula”, indica.

El túnel sanitizante tiene un costo de 13,900 pesos con el sistema de aspersores y, sin éste aditamento, en 5,900 pesos.

Carlos Hernández contó que desde hace dos meses que cambió el giro de su negocio ha vendido alrededor de 100 productos, lo que le ha permitido mantener el empleo de sus 12 trabajadores.

Mencionó que las personas que más se acercan a su negocio, son socorristas que trabajan en ambulancias particulares, y aseveró que en el taller se elaboran principalmente productos por pedido, por lo que al día se elaboran unos 10 productos.

Se modificó el químico

El propietario del negocio mencionó que el único inconveniente que ha tenido hasta el momento fue el 8 de abril, cuando el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, aseguró que los túneles sanitizadores representan un riesgo a la salud debido a que las sustancias desinfectantes podían irritar la piel, los ojos y las vías respiratorias.

Carlos Hernández resaltó que el problema no fue el túnel sanitizador, sino el producto químico, por lo que se modificó y ahora se usa cuaternario de amonio de sexta generación, biodegradable y tiene registro en la Agencia de Administración de Alimentos y Medicamentos del gobierno de los Estados Unidos.

Las bolsas para cadáveres están hechas de polietileno; el requisito que deben cumplir es que no escurran líquido y sean impermeables. Su costo de 250 pesos y se venden principalmente a funerarias y hospitales.

Carlos dijo que se espera que sus productos tengan mayores número de ventas, debido a que pronto escuelas, universidades y empresas deberán retornar actividades bajo la modalidad de la “nueva normalidad”, lo que implica mayores medidas de protección e higiene en los espacios públicos.

CRÉDITO: 
Jorge Monroy / El Economista