Reciclando poliestireno con aceites esenciales

La fundadora de Polystyvert muestra la eficacia de la solución. Foto: ébastien Lavallée

El poliestireno (PS) es uno de los plásticos más utilizados en el mundo y uno de los que menos se recicla. Utilizado para fabricar envases de frutas y verduras, vasos de yogur, paquetes de comida para llevar y varios tipos de embalajes, este plástico a base de petróleo es responsable de generar importantes emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). En 2016, la producción mundial anual de poliestireno alcanzó los 24 millones de toneladas y consumió 50,000 millones de litros de petróleo, más del 2% de las reservas mundiales de petróleo, según el Consejo Mundial de Energía.

Si pretendemos limitar el calentamiento global a un aumento por debajo de los 2 grados centígrados, un tercio de las reservas mundiales de petróleo tendrán que permanecer en el suelo, según un estudio publicado por la revista científica Nature en 2015.

En Ville d’Anjou, en los suburbios de Montreal, Canadá, la joven empresa Polystyvert ha estado perfeccionando una técnica que podría ser una de las soluciones más prometedoras para este problema. Su proceso de reciclaje liberaría 83% menos de emisiones de GEI que la producción de resina virgen.

"Sólo existen un puñado de soluciones para el tratamiento del poliestireno", asegura Andrée-Lise Méthot, fundadora y socia directora de Cycle Capital Management, una plataforma ‘cleantech’ (tecnología limpia) de inversiones de capital de riesgo con oficinas en Canadá, Estados Unidos y China. "Su método consiste en disolver el plástico en aceites esenciales para que pueda transportarse más fácilmente".

Según datos recientes de Recyc-Québec, la empresa de recuperación, reutilización y reciclaje del gobierno de Quebec, 80% de los residuos de poliestireno generados por los ciudadanos de la provincia canadiense se tiran a la basura. Dado que, de momento, las opciones de reciclaje para el poliestireno son limitadas, menos de un tercio de los desechos recibe tratamiento y la actividad resulta poco rentable.

Una de estas opciones es comprimir el poliestireno en bloques usando una máquina, pero este enfoque presenta tres problemas: el transporte (este tipo de plástico ocupa mucho espacio), la contaminación (no todos los contaminantes pueden eliminarse manualmente) y la versatilidad (los bloques tienen usos limitados). Otra opción es transformar los residuos de plástico sólido a un estado líquido, a muy alta temperatura. Más flexible que la compresión, esta alternativa permite crear mayor variedad de productos pero consume mucha energía.

La técnica desarrollada por Polystyvert consiste en disolver el poliestireno en un concentrador lleno de aceites esenciales. El líquido se vierte luego a través de una malla, que atrapa cualquier material no disuelto, y se purifica por floculación — los contaminantes restantes forman escamas que se pueden retirar fácilmente. Por último, se agrega un líquido aislante para separar 80% de los aceites esenciales. La pasta final se lava para purificar el poliestireno, que luego se convierte en gránulos transparentes a 98% de pureza, utilizables para fabricar una gran variedad de productos.

La multinacional Sony fue la primera en aplicar técnicas de disolución para facilitar el reciclaje de poliestireno en los años 80 y 90, pero finalmente abandonó sus experimentos para centrarse en el sector de la electrónica. "Estudié la patente de Sony para reproducir su método", explica Solenne Brouart Gaillot, fundadora de Polystyvert, "pero no tuvimos éxito". Finalmente, es el profesor Roland Côté de la Universidad de Quebec en Trois-Rivières (ahora vicepresidente de I + D de Polystyvert) quien en 2014, desarrolló un nuevo proceso patentable que funciona en una probeta con 20 gramos de poliestireno.

El pasado mes de mayo, la compañía se asoció con el gigante francés de petróleo y gas Total, lo que podría escalar significativamente el alcance de su técnica. "En este momento, el proceso desarrollado por Polystyvert es el más avanzado y atractivo para un productor como nosotros", afirmó recientemente Alain Standaert, gerente de investigación y desarrollo de Total, durante una entrevista en la televisión pública canadiense.

Polystyvert está explorando su modelo de negocio, que de momento se basa en la venta de licencias. Estas otorgan acceso a la tecnología y a los equipos de la compañía, y la startup recibe también beneficios por la venta de cada kilogramo de poliestireno reciclado.

El modelo está basado en el ecosistema de actores que rodean al poliestireno: el proveedor de tecnología (Polystyvert), el recolector de residuos y el transformador (Total). Mientras que el primero genera ingresos por la venta de su tecnología, el tercero lo hace al satisfacer las demandas de sus clientes. "Compañías como Danone le piden a Total y a otras compañías petroquímicas que les suministren plástico reciclado o, de lo contrario, fabricarán sus vasos de yogur con otro tipo de material", apunta Brouart Gaillot. Para 2020, toda la resina virgen en la Unión Europea deberá contener al menos 20% de material reciclado.

El desafío es principalmente la recolección de residuos, dado que los recolectores y transformadores no se ponen de acuerdo con los precios de los desechos —demasiado baratos para unos, demasiado caros para otros. Existen dos caminos posibles. Reducir los costos para los recolectores, optimizando el sistema de clasificación de residuos, o bien aumentar los precios del material virgen, lo que incentivaría a los transformadores a ofrecer precios más altos por los desechos.

En Francia, por ejemplo, el gobierno ahora impone un impuesto adicional del 10% a los recipientes fabricados completamente con plástico virgen. Una intervención del Estado que resalta cómo la lucha contra el cambio climático depende tanto de la innovación tecnológica como del cambio de comportamiento, ya sea voluntario o impuesto.

CRÉDITO: 
Diane Berard / Les Affaires / Canadá