Ponen la mesa para tomar agua segura

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Si se trata sólo de ganar dinero, Cántaro Azul conseguiría inversionistas llevando a zonas urbanas su “Mesita Azul”, un sistema de purificación de agua con rayos ultravioleta que reduce costos de mantenimiento. Pero en la mente de Fermín Reygadas, cofundador de la empresa social, da vueltas un número al que quiere llegar: un millón de habitantes de comunidades pobres sin acceso a agua segura.

En México, 20 millones de personas consumen agua contaminada por bacterias debido a la cercanía de pozos de agua a las fosas sépticas, a que estos no están protegidos contra el clima o de animales; al inadecuado almacenaje o por actividades mineras. Este líquido genera problemas gastrointestinales y otros problemas de salud en niños y adultos que lo consumen.

Se trata de un tema sensible, un derecho humano que ha sido motivo de conflictos políticos, sociales y culturales, y que repercute en el desarrollo económico de la comunidad. De ahí la importancia de trabajar codo a codo con los habitantes de la comunidad en crear soluciones que sean adoptadas por todos sus miembros, algo que Cántaro Azul realiza desde hace ocho años.

Con el apoyo de la Universidad de Berkeley, la Fundación Kellog’s, Inmujeres y del BID, la asociación ha beneficiado a más de 10,000 personas de nueve estados del país, la meta es llegar a un millón en los próximos cinco años. “Ni de chiste vamos a resolver el problema, para ello se requieren varios cambios, uno de ellos es quitar el sesgo de que el agua es un asunto técnico”, señala en entrevista Fermín Reygadas.

SOLUCIONES Y ALIANZAS

Cántaro Azul comenzó como un ejercicio académico en la Universidad de Berkeley, donde los estudiantes de maestría, Fermín Reygadas e Ian Balam García, diseñaron un sistema de desinfección de agua con rayos ultravioleta para comunidades rurales, al que bautizaron como “Mesita Azul”.

Los rayos ultravioletas ya se usan para desinfectar agua. La novedad de este sistema es que mantiene la lámpara por encima del agua, lo que evita la acumulación de sarro y que tenga que ser sustituida. El agua se vierte en una cubeta, la lámpara, que se conecta a la corriente eléctrica, comienza a desinfectar el agua, que cae dentro de otro recipiente o de un garrafón. El proceso tarda cinco minutos.

Al no ver interés de las autoridades por adoptar el sistema, los emprendedores decidieron apostarle y a la fecha han beneficiado a 30 comunidades, donde los hogares pagan 15 pesos por “mesita”. “Ese dinero no alcanza para pagar la mesita ni la capacitación, es un monto que absorbe la Fundación Kellogs”, indica Reygadas.

En lugares donde no hay luz, Cántaro Azul trabaja con Iluméxico, que instala paneles solares. Fermín Reygadas adelante que trabajan con esa organización para crear un Ecocentro, que ofrezca soluciones de generación de energía eléctrica y agua segura.

Además de ayudar a llevar agua segura a 170 escuelas del país y otras 10 de Bolivia, crearon “Nuestra Agua”, un servicio de agua segura bajo el modelo de franquicia social en el que, por cinco pesos, los habitantes de 40 comunidades llenan un garrafón de 20 litros de agua purificada. El precio bajo asegura el consumo constante de agua desinfectada, explica Reygadas.

Para ello, personal de Cántaro Azul identifica a mujeres dueñas de un comercio: tortillerías, panaderías o tienda de abarrotes, a quienes ayuda a conseguir el financiamiento inicial para instalar el sistema de tratamiento y desinfección del agua. La franquicia tiene sus reglas, una de ellas es que no pueden aumentar el precio del garrafón, la ganancia proviene del volumen vendido y no de su precio.

Cántaro Azul, abunda Reygadas, hace visitas continuas a los quioscos para evaluar el agua que se produce, los resultados se entregan a la comunidad, lo que fomenta una cultura de rendición de cuentas y obliga a las empresarias a operar bien el sistema.

PRESENCIA CONTINUA

Fermín Reygadas habla de la pasión que tienen por el trabajo en campo los 12 miembros de Cántaro Azul, labor indispensable para generar confianza y credibilidad por parte de la comunidad, sobre todo en temas tan sensibles y politizados como el acceso al agua potable.

“Para ser francos, las comunidades marginadas lo son, porque no son prioridad para el desarrollo del país, ni para mucha instituciones que deberían darles servicio. Si lo hacen, generalmente es con visitas rápidas a la comunidad, no incorporan el conocimiento local. Hicimos un estudio muy amplio en todo el país sobre sistemas de distribución de agua, y una de las quejas más grandes es que los ingenieros no consultan sobre la parte hidrológica a la comunidad. Diseñan sistemas y no funcionaban”, expone.

La apuesta de Cántaro Azul con las comunidades en las que trabajo es a largo plazo, asegura Reygadas “paguen o no paguen” porque la vida de ellos es muy difícil, compleja, enfrentan retos de todo tipo. Si no estás ahí para ayudar a la solución de estos retos, seguramente el impacto de lo que hagas será muy limitado”.

“Al estar ahí, a mediano y largo plazo, cambias la forma en cómo la gente ve las cosas, requiere más presencia, más inversión, pero hemos tenido éxito, aun en comunidades muy marginadas donde la gente recibía todo gratis. Ahora la gente está dispuesta a pagar para tener un sistema de agua casero y pagar una cuota básica, y ha dado muy buen resultado”.

PIEDRAS EN EL CAMINO

El emprendimiento social enfrenta muchos bloqueos, considera Fermín Reygadas: burocracia, las relaciones públicas por encima de la eficiencia para acceder a apoyos, mecanismos financieros, régimen fiscal y laboral, la creencia de que las asociaciones civiles no son mecanismos eficientes para el manejo de recursos, entre otros.

El desarrollo social requiere relación y presencia en las comunidades y para ello se necesita gente dispuesta a hacerlo. Fermín Reygadas sostiene que las AC tienen que contratar bajo el régimen de honorarios para poder cumplir con lo que la ley les demanda en temas de impuestos.

“Ello implica que nuestro personal que tiene Seguro Social, Infonavit y una carrera dentro de Cántaro Azul deje esos beneficios y se ponga como consultor independiente para poder dar los recibos. No queda claro porque fueron implementados esos esquemas pero afectan muchísimo en los proceso de innovación, el no poder invertir en recursos humanos ha hecho que sea difícil avanzar con recursos del gobierno”.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda/ El Empresario