De mujeres marginadas a proveedoras

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“Híjole, estoy loca”, pensó Gabriela Enrigue al enfrentar a un grupo de mujeres pobres que alegaban haber sido defraudadas con envases para miel que al esterilizarlos habían quedado inservibles. No fue la única vez, en otra le gritaron que mejor cerrara Prospera y les diera el dinero. Fueron dos minutos de dura lección para la economista del ITAM y fundadora de esa organización, ganadora del Premio Visionaris de UBS a empresas sociales.

La idea era ayudar a las mujeres de cierta comunidad en condición de extrema pobreza a reducir sus costos de materia prima, en particular con los envases para la miel y sus etiquetas. Al esterilizarlos en sus casas, las mujeres no midieron la temperatura y los frascos quedaron inservibles. En su indignación y desesperación culparon a la organización social de fraude.

“Ser emprendedor social es muy difícil. Cuando uno hace dinero para uno mismo está bien, pero cuando quieres hacer dinero para que otros tengan se genera una serie de animosidad, sospechas, se entiende la desconfianza por el abuso histórico que ha sufrido, pero hace mucho más difícil nuestro trabajo”, relata.

La acusación dolió, reconoce, pero tuvo que poner en la balanza su tristeza y la desesperación de la gente. Hablaron y el problema se resolvió. Pero Gabriela entendió también que Prospera tenía que ir más allá de dar capacitación empresarial para mujeres en situación de vulnerabilidad y desarrollo de productos, comprendió también que existen barreras emocionales para la productividad de la mujer que tenía que atender.

UNIENDO MUJERES CON MARCAS

Antes de fundar Prospera, Gabriela Enrigue estudió en la Universidad de Berkeley y trabajó en el Banco Mundial. Su interés por encontrar una respuesta para aliviar la pobreza la llevó a observar que existe un componente de género en ella. Las mujeres pasan penurias para salir adelante con sus hijos, inician un negocio para sobrevivir.

En su inicio, Prospera capacitó a las microempresarias y les ayudó a desarrollar sus productos, pero con el tiempo fue obvio que no sería suficiente, por ello Gabriela y su equipo desarrollaron proyectos especiales para vincular a dichas mujeres con empresas como Starbucks, Kidzania, Cemex, Toks y Grupo Alen, a fin de crear productos exclusivos para éstas.

Desde su fundación en 2008, Prospera ha beneficiado a 6,500 mujeres. Actualmente trabaja con 40 pepenadoras del Valle de Chalco para desarrollar libretas de papel reciclado, que en unos días comenzarán a venderse en las cafeterías de Starbucks, con lo que su ingreso de 17 pesos diarios por recolectar pet se multiplicará ocho veces, estima la emprendedora.

Otro grupo de 60 mujeres cose para Kidzania uniformes para niños y con Grupo Alen, productores de las marcas Cloramex y Pinol, se crearán regalos vinculados a esas marcas. Con Cemex y Toks también se desarrollarán productos reciclados que serán entregados a las mamás en los restaurantes Toks en próximo 10 de Mayo. Prospera apoya con el desarrollo de las campañas de mercadotecnia y promocionales.

“Nuestros ingresos provienen por una parte de la capacitación. La educación de las mujeres está financiada por organizaciones internacionales, gobiernos locales y programas de Responsabilidad Social Corporativa de empresas”.

CAPACITAR EMPRENDEDORES

La noche del miércoles 26 de noviembre, Gabriela Enrigue fue galardonada con el Premio Visionaris que otorga por undécima ocasión el banco UBS, con lo que Prospera recibió 35,000 dólares. La emprenderá asegura que la mayor ganancia fue haber conocido al jurado, todos ellos directos de empresas y comprometidos con causas sociales.

“Todo el mundo tenía un emprendedor social de clóset. Uno pensaría que nada más les importan las ganancias, pero es gente que se desvive por ayudar. Los de Visionaris hicieron un trabajo extraordinario en juntar a esa gente prominente, influyente y con ganas de ayudar”.

La emprendedora social considera que hay vientos de cambio en la generación de negocios sociales. Sin embargo, considera que se tienen que desarrollar herramientas para “dar sustancia a la solución de problemas e ir más allá de la buena voluntad, del coraje y la indignación”.

Sugiere dotar de herramientas a los emprendedores sociales para que conozcan qué modelos funcionan, qué hacer y en qué fijarse al momento de atender problemas sociales. Capacitarlos para comprender situaciones complejas como autoestima, violencia, hábitos, plan de vida.

“Hay toda una serie de barreras emocionales en la productividad de las mujeres, su rol les impide estar metidas en esta carrera de generar riqueza”, finaliza.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda/ El Empresario