Modelo híbrido mantiene a los gimnasios durante la pandemia

La pandemia lo llevó a transformar el negocio y apostar por un modelo híbrido. Foto: Shutterstock

Después de casi un año, Ricardo Covarrubias volvió a abrir su gimnasio al 30 por ciento. La pandemia lo llevó a transformar el negocio y apostar por un modelo híbrido, donde algunas clases se dan en línea y otras presenciales.

Recuerda que fue en marzo cuando cerró las puertas de FAIR, con la esperanza de que sólo fuera unos meses; sin embargo, el semáforo epidemiológico en rojo evitó que se reabrirá.

Como alternativa, Ricardo comenzó a dar clases en redes sociales, compartiendo rutinas de entrenamiento, pero con el tiempo se dio cuenta que no era redituable, así que decidió migrar a plataformas como Zoom.

“Esto no lo pudieron hacer todos, solo los entrenadores que tenían cierto tipo de experiencia en estas plataformas. Algunos de nuestros entrenadores son licenciados en entrenamiento físico y en la licenciatura ocupaban plataformas digitales, por eso no se les dificultó”, precisa Ricardo en entrevista para El Economista.

“Los gimnasios tienen que adaptarse a esta nueva realidad, ofrecer soluciones a través de la tecnología para estar a un lado de los clientes”, menciona Oriol Cortes, CEO de Totalpass.

Desaparecen más de 4,000

Oriol Cortes, vicepresidente de la Asociación Mexicana de Gimnasios, señala que antes de la pandemia existían 12,000 gimnasios, de los cuales sólo 2,000 eran de cadena, el resto eran pymes. Después de un año de pandemia sólo sobreviven 8,000 gimnasios.

“Más de 4,000 gimnasios, la mayoría de ellos negocios familiares y pymes, ya no existen en México un año después de la pandemia”.

Como medida de supervivencia, los gimnasios acudieron a tratos con arrendadores, algunos lograron descuentos del 30 hasta 50 por ciento.

“En mi caso el descuento fue del 40% y se mantiene hasta que haya semáforo verde, ese fue el trato; sin embargo, hay algunos gimnasios que aunque lograron arreglos, tuvieron que cerrar, porque sin ingresos es complicado”, relata Ricardo.

“Desgraciadamente no ha existido un marco jurídico que nos dé respaldo, como sí ha existido en otros países”, dice Oriol; sin embargo ha habido sacrificios de todos los empleados del sector. “Todos tuvimos que poner un poco de nuestro lado y evitar, con reducciones de salario, que la industria se fuera hacia abajo y así poder mantenernos”.

La mayoría de los entrenadores no tienen un sueldo fijo, ganan por clase de una hora entre 100 a 500 pesos, dependiendo del nivel académico. Durante la pandemia el número de clases, de quienes pudieron darlas en línea, se redujo a la mitad, prácticamente su sueldo se fue al 60% y otros se quedaron sin ingresos.

Las clases en línea sirvió para pagar a los entrenadores y cubrir las rentas, pero “ganancias cero”, dice Ricardo.

Un segundo cierre sería catastrófico

Oriol detalla que a un año de la pandemia existe información que demuestra que los gimnasios con medidas de seguridad son seguros. Por ejemplo en Nueva York, después de la reapertura en el mes de septiembre, los contagios solo han sido del 0.04 % y en España fueron del 0.2 por ciento.

“Es muy importante que los gobiernos entiendan que tenemos que volver a operar, siempre con medidas de seguridad”.

Comenta que la medida de operar sólo al aire libre es complicado porque las máquinas son costosas y si se mojan se descomponen. Además, en esta modalidad sólo se puede entrenar con el propio cuerpo y existen muchos gimnasios que no tienen espacio al aire libre.

La propuesta es operar con medidas de seguridad y sanidad, buen equipo de ventilación, sana distancia y cubrebocas.

De existir otro cierre, considera sería catastrófico para el sector, pues existen gimnasios que tienen una deuda de 1 millón de pesos en un año de rentas. Por ello, hace un llamado a denunciar a los centros que no cumplen con las medidas de seguridad, porque hay gimnasios que no han respetado y no han cerrado.

“Sabemos que es hora de volver, pero volver de forma segura al gimnasio que mantiene la seguridad”, finaliza Oriol.

CRÉDITO: 
Elizabeth Meza Rodríguez / El Empresario