Juguetes sexuales para divertirse y emprender

El comercio de juguetes sexuales generó 23,600 millones de dólares en el 2017. Foto: Shutterstock

Lorian y Karina emprendieron con sex shops en línea, por la oportunidad de ventas que ofrece el sector.

Ya sea para divertirse en pareja o de forma individual, los juguetes sexuales se han convertido en uno de los elementos preferidos por las personas en todo el mundo, ya que generan alegría, mejor conocimiento de la sexualidad y agregan un toque diferente a la vida sexual. Por ello, se han convertido en un gran negocio.

De acuerdo a una investigación de mercado elaborado por la firma Technavio, el comercio de juguetes sexuales generó 23,600 millones de dólares en el 2017, con un crecimiento de entre 7 y 10% anual, cifra que puede incrementarse a 15% o más si se dejan de lado las inhibiciones y tabúes. Los principales compradores tienen entre 30 y 50 años de edad. Para el 2010, se espera que las ventas crezcan a 50,000 millones de dólares.

Entre los países que más crecimiento están teniendo en este negocio están China, uno de los principales distribuidores de juguetes, e India, a pesar de que en el país la venta no está permitida en público, por lo que tampoco hay sex shops. En este caso, el e-commerce ha sido un importante aliado. En la actualidad, el país tiene 40 millones de clientes potenciales y en tres años pueden sobrepasar 100 millones gracias al Internet, revelaron datos de la compañía ThatsPersonal, distribuidora de juguetes en India.

En México, el negocio también ha ido en aumento, ya que si bien no hay cifras oficiales, de acuerdo a estimaciones de Alcázar & Compañía en el 2016, en el país había 280 tiendas formales, de las cuales entre 8 y 10% operaban bajo el modelo de franquicia, y con el avance del e-commerce, los números han crecido en gran cantidad.

Contra la pena

Ante la oportunidad de mercado que representan los juguetes, más personas se han adentrado en el negocio, tal es el caso de Lorian Méndez de Xalapa, Veracruz, quien administra Love&sex Shop, una sex shop en línea desde hace dos años.

Lorian se dedicaba a la venta de diferentes productos, como perfumes, bolsas y accesorios, pero por curiosidad de sus amigas comenzó en el negocio de los juguetes sexuales.

A mis amigas les daba pena ir a las tiendas y conocer sobre los productos, yo me ofrecía, porque me gusta. Así, poco a poco, comencé a surtirme, me empezaron a recomendar y fui creando mi negocio”, relató en entrevista con El Economista.

Así, con una inversión inicial de 8,000 pesos, adquirió un stock para la venta y, conforme la demanda crecía, hacia entregas sobre pedido, todo a través de Facebook y Mercado Libre, lo que le ha permitido hacer envíos a toda la República Mexicana.

Para Lorian, la venta en Internet es una gran ventaja para los clientes, ya que muchos aún sienten pena de adquirir esos productos, mientras que para ella hacerlo en línea le permite administrar mejor su tiempo, trabajar desde casa y estar más tiempo con sus hijos.

La pena es el principal barrera de los clientes para acerarse al mercado, porque a pesar de que les interesa, tienen temor por el qué dirán los demás.

“Incluso cuando entrego a mis clientas, no les llaman por su nombre, les llaman su pedido de ‘chocolates’ o ‘dulces’ porque se sienten más seguras”.

En cuestión de precios, confiesa que están por debajo de las tiendas tradicionales. Por ejemplo, una bala que vibra, que puede costar entre 400 y 500 pesos, ella la ofrece en 220 o hasta 300 si se hace en pagos. Esto le permite obtener ganancias aproximadas de 5,000 a 10,000 pesos por mes en temporada normal, que puede incrementarse al doble en temporadas altas, que para ella son Navidad, verano, el Día de la Madre y el Padre, y 14 de febrero.

Los artículos que más demanda tienen son la lencería, balas, dildos, estimulantes, lubricantes, retardantes, esposas y látigos, antifaces y colas de animales.


De lencería y juguetes

Karina Tamayo es otra mujer que decidió comenzar en el negocio por la oportunidad que ofrece, ya que en Celaya, Guanajuato, de donde es originaria, no hay muchas sex shops y las que hay tienen precios elevados.

Al igual que Lorian, comenzó vendiendo diferentes artículos en redes sociales, y tras aventurarse con la lencería vio una oportunidad con los juguetes porque los clientes los solicitaban. Así, desde hace seis meses se dedica a su distribución a todo el país a través de su perfil Karina Tamayo-Sex shop.

Para Karina es importante ofrecer precios accesibles. Por ejemplo, por un dildo que puede costar 1,300 en tiendas, ella lo ofrece en 400 pesos, con la misma calidad y seguridad.

Confiesa que la mayoría de sus clientes son mujeres y los productos que más vende son los retardantes, estrechantes vaginales, afrodisíacos y, por supuesto, la lencería.

Por día, llega a tener ganancias de 1,000 pesos en temporada normal, pero en temporadas altas como Navidad y ahora 14 de febrero, puede aumentar al doble.

“Este es un negocio que se vende bien, deja buenas ganancias, lo puedo hacer desde mi casa y ayudo a quienes tienen pena con el tema”, dijo.

Acoso, el principal problema

Si bien el negocio hace feliz a las jóvenes, también enfrentan un grave problema: el acoso, hostigamiento y críticas de sus allegados.

Ambas han tenido que limitar la entrega de sus ventas a hombres porque en más de una ocasión les han pedido actos sexuales a cambio de las compras o intentos de agresiones. Las únicas entregas personales que realizan son con las clientas de confianza.

“Creen que por vender estas cosas eres una ‘puta’, que ‘te vendes’ cuando no tiene nada que ver”, confiesa Lorain.

Las críticas también han venido de sus seres queridos, por ejemplo, el ahora ex novio de Lorain y el ex esposo de Karina, quienes les cuestionaban de la venta de esos artículos porque “les daría mala imagen”.

A pesar de todo, nada las detiene para hacer crecer su negocio, porque lo ven como una excelente oportunidad para emprender.

“Si quieres entrar en este negocio, primero debes quitarte la pena, tener la mente abierta, ser constante y ayudar en todo momento a los clientes a conocer más. La sexualidad no es mala no hay que sentir vergüenza por ellos”, afirma Lorain.

Entre los planes de ambas emprendedoras está el llevar su negocio a un lugar físico, donde los clientes se sientan en confianza y seguros.

“Veo a muchas mujeres reprimidas y lo que quiero es ayudarlas a liberarse un poco, que entiendan que la sexualidad no es mala y no tenemos por qué apenarnos. Deben conocerse y explorarse sin sudor y sin sentir que están haciendo algo malo. También quiero abordar sobre defensa personal, violencia de género, entre otros. Más allá de la sex shop, el lugar es una oportunidad de estos temas”, finaliza Lorian.

CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario