Para innovar hay más de un camino

Foto EE: Angélica Pineda

El empuje del emprendimiento en México y en varias partes del mundo, alentado en buena medida por la tecnología, ha traído un cambio en los paradigmas de negocios: los jóvenes dejan de buscar empleos y crean nuevas empresas. También, la creación de nuevos productos trasciende a los centros de investigación y se acomoda incluso en las pequeñas compañías.

Es toda una revolución. Sin embargo, al interior de las empresas, los cambios al parecer son más lentos, aún persiste la idea de que innovar se trata de crear algo nuevo, un campo en el que sólo incursionan gigantes con recursos millonarios como Apple o IBM. Y no, innovar es también renovarse y para eso a veces basta con echar una mirada analítica al interior de las organizaciones.

“El empresario debe aprender a identificar la forma de innovación de su empresa, no tiene que ser lanzando un nuevo producto. Puede innovador con un nuevo método, con información que no tengan los demás, con las diferentes capacidades que tenga su personal”, explica el especialista en innovación organizacional Guillermo Granados.

Miembro del consejo técnico del Premio Nacional de Tecnología e Innovación (PNTI), y del Premio Nacional de Calidad (PNC), Granados ofrece un ejemplo:

“En Guadalajara, Jalisco, el hijo del dueño de una empresa que produce hule creó una máquina para fabricar ese artículo. Su costo es de un décimo de lo que cuesta la máquina comercial japonesa que usan y ambas tienen el mismo desempeño. Esa es una forma de innovar”.

El también director general de The Business Performance Institute señala que las empresas tienen que innovar para sobrevivir, y este camino tiene varias alternativas. “No sólo se puede competir con nuevos productos, sino también en costos o en servicios”, comenta.

Una vez que las empresas han detectado ese potencial innovador, y han establecido una estrategia para desarrollarlo, hay que medirlo. Y es es parte del trabajo Guillermo Granados y su equipo de trabajo, quienes desarrollaron un método para medir esa innovación, que antes se tenía la idea de que se tenía que medir conforme el número de patentes que registraran.

“Inicialmente trabajamos con empresas grandes, farmacéuticas, de gobierno, de distribución eléctrica, pero ahora estamos evolucionando y queremos compartir ese aprendizaje con las pequeñas y medianas empresas (pymes). Éstas muchas veces no han tenido la suficiente exposición a los modelos de negocios para ver que sí se puede innovar ”, agrega.

Y pone otro ejemplo: haga de cuenta que tenemos un equipo de futbol. Una cosa es organizarlo y otra que juegue al futbol y que gane un campeonato. Lo que va a pasar es el domino de la actividad, todos toman un rol y se mide que éste se desarrolle de manera predecible y uniforme. En el camino se van dando los reacomodos.

“Ese es nuestro fin, guiar a las pymes en ese camino del aprendizaje, el cual tiene muchas variantes, desde la identificación de los procesos, lo que hace cada uno, hasta el diseño de indicadores, de estrategia, modelos de negocios, los vamos llevando de la mano hasta que sean unos jugadores”.

Sin embargo, este camino también tiene sus retos, y uno de ellos es el tiempo que le dedican los directivos a los cambios dentro de la compañía. “Son héroes, tienen muchas cosas que hacer. Me dice uno de los encargados de procesos del Instituto que no encuentra a uno de los directivos, que siempre está haciendo mil cosas, así que el reto principal es la distribución de esa fuerza, de ese tiempo”.

El directivo considera que por ser empresas familiares, las pymes logran asimilar esa perspectiva global del negocio, “se van cerrando muchas cosas y se crean ambientes positivos”.

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acv

CRÉDITO: 
Angélica Pineda/ El Empresario