Fomentan con créditos solidaridad entre mujeres

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Fernando Orta, fundador de Podemos Progresar, microfinanciera que apoya a emprendedoras de escasos recursos, está convencido que otorgar préstamos sólo a mujeres no sólo es dar buenos créditos, es una forma de transformar su realidad hacia un futuro mejor.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en México hay 3 millones 832,000 de mujeres que son el único sustento de sus familia, más de la mitad ganan menos de dos salarios mínimos. Estas mujeres se ven en la necesidad de iniciar un negocio que les permita dar alimento, ropa y educación a sus hijos, pero su informalidad las excluye como sujetos de crédito en la banca tradicional.

Podemos Progresar es una Sofom (Sociedad Financiera de Objeto Múltiple) fundada en 2010, que otorga créditos solidarios con fines productivos a grupos de mujeres que deseen comenzar o hacer crecer su negocio. Opera cinco centros en la zona norte del estado de México, que son también la base de operaciones de los coordinadores de emprendedoras, quienes visitan a las potenciales clientas y conocen sus necesidades.

El esquema creado por Orta e inspirado en el modelo de negocios del premio Nobel Muhammad Yunus apoya a 5,000 mujeres de bajos ingresos con créditos y otros servicios para su desarrollo económico y personal. Su cartera vencida es de 1 por ciento.

“Es una solución inclusiva en la que tomamos servicios financieros y los juntamos con servicios de índole social”, expresa Fernando Orta en entrevista telefónica.

Una vez que han sido contactados por los coordinadores de campo, las microempresarias interesadas reúnen un grupo ocho mujeres como mínimo para solicitar un crédito. Dado que carecen de garantías, estas mujeres se avalan unas a otras para obtener el préstamo, que va de 4,000 a 40,000 pesos.

Los créditos solo son para proyectos productivos, no para consumo y se pagan en plazos de 16 semanas, con una tasa de 3.6% mensual. “Como solo trabajamos con mujeres se crea una red de apoyo en las mismas comunidades, lo que es muy importante”, comenta.

Con el apoyo de un fondo de inversión de Nueva York, la organización extendió sus operaciones a los municipios de Nicolás Romero, Villa del Carbón, Atizapán de Zaragoza y Tlalnepantla, en el estado de México, donde cuenta con centros comunitarios.

“La razón de que sea el estado de México es porque ahí nací y crecí y es la zona que mejor conozco. Además, es inmensa la atención que ahí podemos dar. Una vez que crezcamos ahí veremos después en provincia”, justifica Orta.

Y abunda: “en las comunidades donde trabajamos ponemos los centros comunitarios, donde llevamos diferentes tipos de ayuda y eventos, como atención psicológica, campañas de salud, conservas de productos, todo enfocado a detonar el potencial económico, lo que buscamos es hacer más productivas a nuestras integrantes. El crédito es como la gasolina, que hace que el motor se pueda comenzar a mover”.

Las experiencias suelen ser positivas. “Muchas de nuestras integrantes viven en familias donde el machismo es ley. Ves su transformación, no sólo generan más ingresos, sino que se involucran más en la toma de decisiones de la familia y eso beneficia a los hijos”.

SENTIDO DE LA VIDA

Con 29 años, Fernando Orta afirma que comenzó su carrera emprendedora otorgando préstamos en la parte trasera de una camioneta “y lo hice porque sentía que mi trabajo diario contribuía de una forma positiva”.

“Estudié en el extranjero, conocí el modelo de negocio del crédito solidario y lo que vi en él fue una oportunidad de llevar productos y servicios a un segmento marginado en México. Para formar la empresa tomé los ahorros que tenía de toda mi vida, y me puse a dar los créditos, una clienta a la vez y una comunidad a la vez”, recuerda.

El emprendedor se inspira en aquellas personas que dedicaron su vida a una causa que iba más allá de su beneficio personal, como Gandhi, Martin Luther King. La vocación social le viene de la sensación de agradecimiento por la vida “y la forma de mostrarlo es con el trabajo diario, hacia la sociedad, hacia la humanidad”.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda/ El Empresario