Después de la jubilación, ¿por qué no emprender?

Foto: Especial

Para muchas personas que toda su vida han trabajo en diferentes ámbitos, la jubilación puede representar un descanso que muchas veces no termina siendo satisfactorio porque aún tienen del deseo de hacer más, por lo que incursionan en el mundo del emprendimiento.

Cuando Ray Kroc vio la oportunidad en McDonald's y lo que una hamburguesa podía generar en la población, tenía 52 años. Su pasado como emprendedor sin éxito y su experiencia en el negocio lo habilitaron para ver más allá y comprender cómo era que debía funcionar. Lejos de ser millennials, pero con el mismo entusiasmo, ganas y aún más experiencia, los 50 años encuentran a casi 10 millones de personas (24% de la población argentina, según el censo de 2010) con la posibilidad y la energía para emprender.

Comenzar de cero

Alejandro Houssay de 64 años y Marietta Durañona de 52, crearon Metta, un negocio de diseño, fabricación y comercialización de carteras, bolsos y mochilas de neopreno que comenzó en 2011 como respuesta a un cambio de paradigma en sus vidas laborales.

"Trabajé en multinacionales como gerente de ventas, coordinador de proyectos y broker de importación y exportación. En busca de nuevas oportunidades, me mudé a los Estados Unidos en 2006. Tres años más tarde, tuve que regresar a Argentina", recuerda Houssay, y explica que en 2009 no tenía trabajo y, en vez de ponerse a buscar un empleo en relación de dependencia, decidió abrir su propia empresa.

Con su experiencia como ingeniero industrial y la idea de su pareja de realizar algún elemento innovador, encontraron la respuesta en el material que hoy usan en cada uno de los accesorios que fabrican.

"Recuerdo nuestra primera venta, fue una lunchera dentro del círculo de amigas del colegio de mi hija menor. Al poco tiempo, empezamos a ampliar el rango de producción", cuenta Houssay.

Metta comenzó con una inversión inicial de 2000 de dólares de recursos que tenían ahorrados. Al momento que notaron que sus ventas crecían, también vieron como aquello se iba reinvirtiendo y, en 2013, percibieron las primeras ganancias. Entre 2012 y 2014, tomaron créditos bancarios personales por 45,000 pesos argentinos, que invirtieron en capital de trabajo.

Houssay afirma que el próximo paso es conseguir financiación a través de un crédito blando o inversionistas que deseen participar del negocio para dar el gran salto. "Queremos comenzar a exportar, pero nos falta generar una mayor producción con precios competitivos en el mercado", resalta, mientras añade que este movimiento los llevaría a triplicar la producción y la facturación en los próximos dos años.

Hoy, venden unas 2000 unidades anuales y en 2017 facturaron cerca de 1 millón, casi el doble que en 2016. "Estar comprometido con el mundo del trabajo es clave para dar el primer paso, así como tener en claro que emprender es impulsar la economía", afirma la pareja emprendedora.

La experiencia como motor

Silvia D'Imperio creó Mujeres Go Global cuando tenía 55 años, junto a su socia Mariela Lorenc Pacec en 2015. Tras dirigir una ONG dedicada al desarrollo rural y ocupar un cargo directivo en el Estado diseñando proyectos para el tercer sector, decidió impulsar su carrera.

"Participé del programa VVLead de Voces Vitales, mi primer paso para crear las Go Global. Mi actividad me llevó a conocer en profundidad el país y, en particular, las comunidades más tradicionales que se dedican a la artesanía y, sobre todo, los textiles; así como la realidad de las mujeres y sus problemáticas en el entorno", detalla D'Imperio, y asegura que gracias a esa experiencia es que encontró su mayor aspiración: "ayudar a estas mujeres a cambiar su realidad y la de sus hijos, poder mostrarle al mundo el producto de las culturas de nuestra Argentina profunda y cómo sus saberes siguen influenciando las artesanías urbanas".

Con una inversión inicial de 5000 dólares y 100,000 horas de trabajo, lograron crear esta agencia que busca representar a maestras artesanas en el exterior. "Las capacitamos para llevar su producción al siguiente nivel y acompañar a quienes quieren emprender con sus productos, pero que aún no alcanzan el nivel de calidad que exigimos", expresa D'Imperio.

Lograron ver ganancias a los ocho meses de lanzarse al mercado sin haber accedido a ningún programa de emprendedores, aunque no descartan la oportunidad de adquirir subsidios en algún momento. A su vez, esperan que a fines de 2018 su cartera de productoras posea representantes de las cinco regiones argentinas y, en 2020, de América latina.

Respecto a lanzarse a emprender después de muchos años de experiencia, D'Imperio opina que "hay un prejuicio social para analizar".

"La juventud está sobrevalorada y la adultez, desvalorizada. Hay cosas de las que sigo aprendiendo, y sobre otras tengo más trayecto recorrido. Emprender, trabajar y crear es lo que sé hacer", sostiene.

Ajustar la cadena para que todo llegue al cliente como corresponde fue uno de los desafíos más importantes que enfrentaron estas emprendedoras. "Las maestras artesanas, muchas veces, viven en lugares aislados, sin buenas comunicaciones", ejemplifica D'Imperio.

Así, la cocreadora de la firma recuerda que con su primera venta logró el mejor marketing posible: "Fue con los Estados Unidos. Así comprobamos que nuestra propuesta funcionaba como la habíamos concebido. Celebramos con la artesana y brindamos por Skype con nuestra cliente".

CRÉDITO: 
El Cronista / RIPE

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.