Desarrollan bioplástico con cáscara de naranja

Giselle Martínez, fundadora de GECO. Foto: Cortesía

El interés por ayudar a las comunidades más vulnerables del país despertó en Giselle Martínez cuando tenía 14 años; en ese entonces creó la fundación México Joven, enfocada en labores sociales, pero después de cuestionarse de qué manera podía hacer una mayor contribución, a sus 21 años fundó GECO, empresa que a partir de los residuos de la cáscara de naranja genera un bioplástico que puede servir para fabricar envases.

En entrevista a El Economista, la estudiante de séptimo semestre de Economía del Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey, dijo que usar la cáscara de naranja como materia prima resulta rentable y económico porque México es el quinto productor de esta fruta y de toda la producción del país, entre 40 a 65% del peso se desecha”.

El bioplástico creado por la emprendedora oroginaria de Fresnillo, Zacatecas, es versátil y se está desarrollando para su uso en la industria de envasado y embalaje; es decir, como los envases de plástico que normalmente conocemos.

De acuerdo con datos del Centro Empresarial del Plástico de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), en México se generan 7 millones de toneladas de plástico al año, de los cuales 48% pertenece al sector de envases. Además, en el mundo se producen 400 millones de toneladas de plástico, lo que equivale a 25,000 veces el peso del Empire State y sólo 9% de esos desperdicios se reciclan.

Por ello esta innovación representa una ventana para combatir el cambio climático, porque al estar hecho con cáscara de naranja se elimina el uso de petróleo y el material tarda sólo 90 días en degradarse.

El bioplástico de GECO también podría aplicarse para la agricultura, alimentos y biomedicina, en este último Martínez también trabaja a fin de que en un futuro funcione como sustituto de piel para quemaduras y heridas.

Actualmente, la emprendedora trabaja en perfeccionar el producto. “Se busca optimizar los procesos de producción para llegar a un precio competitivo y pruebas finales para abrir el mercado”.

Reconocimiento

El pasado mes de febrero Giselle Martínez fue reconocida con el primer lugar del Global Student Entrepreneur Awards (GSEA) en México, en la categoría Estudiante Emprendedor por dirigir su empresa GECO.

La emprendedora fue acredora a 500,000 pesos por su emprendimiento y 100,000 por su innovación; además, le permitió el pase a la final en Toronto, Canadá, en abril del presente año, donde compitió con proyectos de más de 50 países y quedó en séptimo lugar.

En la final surgió el interés de inversionistas de todo el mundo como de España, Estados Unidos, Brasil y Egipto que desean implementar la innovación en su país; sin embargo, Martínez precisó que primero quiere “ trabajarlo en México, para después expandirlo a nivel global”.

Joven emprendedora

Ser estudiante y emprender es uno de los mayores retos a los que se ha enfrentado Martínez, la clave, dijo, es “enamorarse de los problemas para generar soluciones”.

Como parte del programa de becas Líderes del Mañana del Tecnológico de Monterrey, Martínez requiere conservar un promedio de excelencia académica. “En este semestre obtuve el promedio más alto de mi generación, no sé cómo fundé GECO, pero es todo un reto porque (economía) es una carrera muy retadora, pero me apasiona”.

Al respecto de su relación con los empresarios e inversionistas, mencionó que aquellos que se acercan “no me pueden ver como estudiante; tienen que ver a una empresaria seria. También me he retado mucho a aprender y a tomar la responsabilidad de vida”.

A los jóvenes emprendedores les hace un llamado a ser valientes, dejar las diferencias atrás. “Necesitamos abrir los ojos ante los retos o problemáticas que hay en el entorno y los grandes problemas del país y a nivel global; suelen parecer muy grandes, pero en México tenemos jóvenes muy talentosos para resolver estos grandes problemas. Es cuestión de valentía y resiliencia al fracaso para continuar pase lo que pase”.

elizabeth.meza@eleconomista.mx

CRÉDITO: 
Elizabeth Meza Rodríguez / El Empresario