Cri Cri, el grillito cantor pionero del licenciamiento

Los tres cochinitos que estaban en la cama, son parte de los 500 personajes del universo de Cri Cri. Foto: Cortesía

El valor sentimental y la forma de innovar el negocio han permitido que la marca de Francisco Gabilondo Soler predomine por décadas.

En 1934 comenzaba un nuevo programa en la XEW donde se contaban historias de animales y otros personajes y fue durante la primera emisión cuando sonaron “El chorrito”, “Batallón de plomo” y “El ropero”, inspiraciones de Francisco Gabilondo Soler, quien adoptó el nombre de Cri Cri, el grillito cantor que se ganó el corazón de los niños y que cautiva a las nuevas generaciones.

El compositor originario de Orizaba, Veracruz, no sólo creó canciones y cuentos alegres para los niños, sino que creó una de las marcas mexicanas más importantes para el país y para el mundo, y fue de los pioneros en comenzar a licenciar su obra.

Al platicar con El Economista, Tiburcio Gabilondo, hijo del autor y director general de Gabsol, oficina editorial establecida por Francisco Gabilondo Soler para el manejo de su obra, explicó que el comienzo de la obra de su padre no fue sencillo, pero hizo de su trabajo algo que ha prevalecido por años sin perder fuerza.

Cuando Francisco Gabilondo acudía con los editores para publicar sus temas, fue rechazado; sin embargo, representó una oportunidad porque él se hizo administrador de su propia obra, por lo que tenía la libertad de decidir quién grababa su música y cómo se producía.

Así, poco a poco, comenzaron a llegar las oportunidades comerciales. Por ejemplo, se comenzaron a hacer álbumes de estampas que salían en las gelatinas, cancioneros, promociones en detergentes y distintos coleccionables, todo bajo el control del autor.

“La finalidad principal no era ésta, mi padre siempre defendió el proyecto desde la parte artística, pero tampoco descartaba la comercialización para dar continuidad a su obra”, dijo.

Licenciamiento

Así, sin que se manejara el tema del licenciamiento, como tal, era mucho lo que él hacía, porque daba permiso temporal para usar los personajes. El problema es que no había una metodología para potenciarlo, es decir, si había oportunidad, se hacía, lo que tampoco era difícil porque la gente se acercaba sola a la marca.

Esto funcionó por años, pero tras su muerte, se comenzaron estrategias diferentes. Tiburcio, quien por muchos años asistía a la marca, pero que tomó el control directivo desde el año 2000, tomó los lineamientos de trabajo de su padre y vio que eran una gran área de oportunidad.

De esta manera, comenzó a tener un criterio selectivo de los licenciatarios y a revisar si los contenidos eran adecuados a la marca, ya que ha tenido proyectos con inversión fuerte para promover el producto y al final no se vende como se esperaba. Por ejemplo, hace unos años se hizo un programa con Plácido Domingo y Emanuel para que grabaran discos con las canciones de Cri Cri, y lo que ocurrió es que la gente prefirió los temas originales, no los de los artistas. El producto no era fiel a la imagen de la marca.

“El público conocedor, y al que le gusta Cri Cri, es muy leal y esa lealtad de marca es lo que debemos trabajar para que esto pueda funcionar”.

Presencia de Cri Cri

La marca, que consta de 500 personajes como la Patita, el Chorrito o el Ratón Vaquero, ha estado presente en cuentos ilustrados, discos, ropa, consumo como velas de cumpleaños, grabaciones de obras de teatro o conciertos, y otros que saldrán próximamente.

Los cuentos y discos que se graban bajo el sello de Sony Music son los que más años han estado en el mercado, pero ante las nuevas tecnologías, la marca se ha reinventado, por lo que su oferta está en lyrics videos en YouTube y en plataformas de música como Spotify.

“Lo que buscamos es mantener la esencia del personaje a través de la forma en que los niños actuales se entretienen, lo que también funciona con quienes lo han vivido y que ahora son papás o abuelos. Lo bonito es que Cri Cri puede integrar a la familia”.

Una de las estrategias actuales es la alianza con una plataforma llamada Pomka!, que permitirá posicionar los contenidos, mientras que Gabsol se dedicará a la parte creativa y a generar contenidos más detallados.

Aunque las formas han cambiado, para Tiburcio la esencia de la marca no se pierde, al contrario, se renueva y sigue vigente, en gran medida, por la parte emocional que genera. Muestra de ello es que en los últimos años, y especialmente en éste, han tenido mayor trabajo.

“Lo que ha cambiado es la forma de adquirir el producto. Tal vez ahora no compras el disco, prefieres descargarlo, pero, por ejemplo, en conciertos u obras de teatro, el disco se vende bien porque la gente quiere un recuerdo, es parte de la experiencia y tiene un valor sentimental. Lo bueno de Cri Cri es que te cuenta historias y genera experiencias”.

Los interesados en una licencia deben tener un negocio estructurado, bien establecido, mucha disposición a trabajar y seguir los lineamientos. Las regalías varían dependiendo de la campaña donde participe el personaje, pero se parte del promedio de 10% y después se va haciendo un traje a la medida. “Buscamos ser serios en los negocios, creativos y divertirnos con ellos”.

Al morir, Gabilondo Soler dejó 216 canciones y un amplio repertorio de cuentos. Mucho de su trabajo se ha traducido a otros idiomas como japonés y danés.

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CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario