El crecimiento acelerado es como un cohete: Jordi Muñoz

Foto: Especial

Han pasado ocho años desde que Jordi Muñoz fundó con Chris Anderson (ex editor de Wired) 3D Robotics, la compañía pionera en la producción de drones que pasó de estar valuada en 350 millones de dólares a cerrar fábricas y despedir empleados.

Ahora la atención de Jordi se concentra en mRobotics, una empresa dedicada a la elaboración de componentes robóticos y hardware, con un esquema más orgánico, sin inversionistas, y separó caminos de 3D Robotics, del cual sólo funge como accionista en la actualidad.

“Yo ya me iba a retirar. En realidad no me gustaría volver a empezar una empresa como 3D Robotics, no en mis 30, porque fue muy desgastante. Tuve una serie de problemas con mis papás, me divorcié, engordé, me subió la presión, y sólo pensaba en que quizá la empresa mañana podría dejar de funcionar”, relató el joven originario de Ensenada durante la octava edición de Campus Party.

El emprendimiento no es para todos, consideró Muñoz, sobre todo si la compañía atraviesa por procesos inusuales como el crecimiento acelerado, lo cual, irónicamente, adjudicó como uno de los factores que jugó en contra de 3D Robotics por la cantidad de inversionistas que hubo a bordo.

“Yo dejé de ser CEO en el 2012 durante su auge, y entró mi socio y 12 de los más importantes inversionistas de Silicon Valley. Ellos nos obligaron a cerrar la fábrica de Tijuana, decían que los 40 millones de dólares que dejaba al año no eran nada. Nos obligaron a poner todos los huevos en una canasta”.

La canasta de la que Jordi habla es Solo, un drone al que la compañía apostó prácticamente todo su capital humano y financiero, pero que no alcanzó a despegar por fallos técnicos y una fuerte competencia con sus pares chinos, DJI.

“Fabricaron como 100,000 (drones Solo), de los cuales sólo se vendieron alrededor de 15,000; la compañía se quedó endeudadísima pero la lograron rescatar y quedó en ceros. Ahorita 3D Robotics se dedica a otro giro totalmente, de puro software sofisticado”.

Por ello, en su nuevo proyecto, Jordi busca un avance más moderado, con riesgos más controlados y sin otros inversionistas.

“Las empresas orgánicas, en mi opinión, son un poco más estables. Cuando tienes un crecimiento acelerado es como un cohete: tienes tanta energía que si algo sale mal, puedes explotar a la mitad del lanzamiento. Es mucho más fácil, seguro, y por ello voy a dejar que el crecimiento vaya conmigo, para descansar los fines de semana, dormir, volar, etcétera, y esa es mi tirada”.

“EN MÉXICO NO HAY PERDÓN PARA EL RIESGO"

Como parte de mRobotics, Jordi no busca invertir en la misma proporción que lo hizo como 3D Robotics, y una de las principales causas, dijo, es la regulación laboral y su impacto para la inversión extranjera.

“Uno de los defectos en México es que no hay perdón para el riesgo. Si vienes como extranjero, abres una empresa y contratas a 100 empleados, no funciona y los tienes que despedir, ¡te meten unas demandas! Tienes que pagarles una indemnización, finiquito, etcétera; 3D Robotics terminó pagando más de medio millón de dólares al cerrar en Tijuana, que eran como 300 empleados”.

En Estados Unidos, agregó, se fomenta más el riesgo ya que los trabajadores cuentan con un seguro de desempleo, y por ello las empresas no tienen la presión de pagar indemnizaciones en situaciones adversas.

"Si tú lees un libro de economía, tenemos muchos rasgos comunistas que no deberían de estar; claro, estas leyes (de indemnización) tienen una buena intención de proteger al empleado, pero en Estados Unidos también se protege al empleado de una manera distinta donde no presionan a la empresa y fomentan más el riesgo”.

juan.tolentino@eleconomista.mx

CRÉDITO: 
Juan Tolentino Morales / El Economista

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