Banquetas, los espacios que enamoran el paladar

¿Qué es lo que hace tan atractiva a la banqueta como el nuevo espacio gourmet? Foto: Cortesía

La comida de banqueta o street food como los foodies la conocen en todo el mundo, se ha consolidado como una fuente innegable de inspiración para restaurantes hechos y derechos por chefs altamente reconocidos; y es que no hay nada más auténtico que la comida que proviene del bullicio de los barrios más tradicionales de cualquier ciudad del mundo, que todos por angas o por mangas hemos disfrutado en un sinfín de ocasiones y que además, históricamente, han sido generadores de comunidad.

Orgullo chilango con calidad gourmet

Y si se preguntan por qué nos consideramos expertos en el tema, la respuesta es sencilla: la Ciudad de México, en sus miles de banquetas, alberga joyas gastronómicas tan indulgentes como “un machete” de sesos de Amparito en la colonia Guerrero, en la Ciudad de México, o unos exóticos tacos de obispo y queso de puerco en Tacos Toluca, ubicados en lo más recóndito del centro histórico y que si se atreven a probarlos, les aseguro que se van a enamorar y olvidarán su peculiar preparación.

No es casualidad que Forbes, en su lista de The World’s Top 10 Cities for Street Food, apunte a la CDMX como un indispensable para sumergirse en cientos de opciones de banqueta para deleitar a los connoisseurs más exigentes y que con el paso del tiempo han ayudado a que el turismo gastronómico en la ciudad expanda sus horizontes más allá de los típicos restaurantes en tendencia.

Olvidemos por un instante los tacos de pastor y las tortas gigantes que abundan por la ciudad; aun así nos quedaríamos con un menú tan amplio que no lo podríamos cubrir en un solo día y para muestra un botón: para empezar el día ¿cómo les caería un tlacoyo de habas, queso fresco y nopalitos en escabeche? A medio día, cuando la panza gruñe por un cariñito, un par de taquitos de adobo de puerco, frijol o papa salidos de esas canastas que recorren toda la ciudad.

Para la comida, algo un poco más sustancioso y ya saben que para eso nos pintamos solos, aquí, los caldos de gallina con muchas tortillas y chile verde o unos huauzontles rellenos de queso en un caldillo de tomate, vienen de maravilla. Y para cerrar esta oda a la banqueta, un antojito que cae de perlas para la noche, unos esquites con tuétano de res. ¿Díganme si no los chefs más reconocidos de la ciudad han tomado inspiración en estos platillos para hacer sus menús?

En el final de la primer temporada de la serie Somebody feed Phil, de Netflix, su simpático presentador, Phil Rosenthal, eligió a la Ciudad de México como el escaparate perfecto para mostrar precisamente esa relación intrínseca entre lo que ocurre en las calles y su repercusión en restaurantes, el chef no lo podría haber descrito de la mejor manera:

“Esta ciudad no era para nada lo que esperaba; claro, los sabores clásicos, definitivamente estaban ahí y excedieron mis expectativas, pero lo más increíble fue descubrir que además están efervesciendo nuevos sabores llenos de innovación y alma que vienen directamente de las calles y sus raíces”.

La indulgencia de un plan B

El buen Anthony Bourdain, decía regularmente que “las comidas más memorables en unas vacaciones, muchas veces terminan ocurriendo cuando el plan A falla y terminas saliendo a la calle a buscar opciones”.

Esta visión le permitió mostrarnos, en sus varios programas de televisión, un mundo entero de posibilidades deliciosas e incluso muchas veces tan sofisticadas como un platillo de calidad Michelin. En julio del 2016 este tema cobró relevancia a nivel internacional, cuando la guía incluyó el puesto de Chan Hon Meng, en el mercado Chinatown Complex de Singapur como el primer restaurante de street food con una estrella gracias a su platillo héroe, que era “pollo en salsa de soya” y tan sólo cuesta 2 dólares.

Con cada vez más fuerza, las banquetas de todo el mundo están siendo mucho más visibles gracias a la globalización mediática que ha ocurrido por series como Ugly Delicious o Street Food de Netflix y también por canales digitales como Eater y Vice; los cuales han despertado un interés tan grande por los foodies en todo el mundo que, de acuerdo al Reporte Global de Turismo Gastronómico, elaborado por The World Tourism Organization en el 2018, ciudades como Azerbaiyán o Kazakhstan, totalmente fuera del mapa gastronómico hace un par de años, están siendo consideradas un must para descubrir sus calles y delicias escondidas este 2019.

Los planes B tienen un magnetismo particular porque alrededor de ellos siempre existe un bullicio encantador, toda una comunidad que te hace la constante invitación a probar sus platillos icónicos y, sobre todo, porque como consumidor no sólo estás disfrutando algo delicioso, sino que estás viviendo parte de la cultura que diariamente da identidad a una ciudad.

Por ejemplo, en la vertiginosa Osaka no hay nada más interesante que caminar por uno de sus mercados peatonales y probar una brocheta de pulpo glaseado, relleno de un huevo de codorniz, llamado Tako Tamago; o qué me dicen de recorrer en Lima, en búsqueda del perfecto anticucho, una deliciosa brocheta de diferentes tipos de carne que te da un abracito cada que le das una probada; y ya para los más tragones, descubrir el sur de Estados Unidos probando deliciosos sándwiches de fried chicken con pepinillos encurtidos y una variedad de salsas que sin duda te dan permiso para chuparte los dedos.

Entonces, ¿qué es lo que hace tan atractiva a la banqueta como el nuevo espacio gourmet?

La comida de banqueta nos remite a los momentos en los cuales comenzamos nuestras aventuras gastronómicas: como cuando nuestros padres o familiares nos llevaban a la esquina por aquellos primeros gustitos, como cuando entre amigos comenzábamos a descubrir la ciudad y nos atrevíamos a probar por primera vez aquellas garnachas que siempre se quedarán en nuestra memoria o como cuando incluso, en símbolo de rebeldía, nos atrevíamos a comer en ese puesto prohibido que terminaba encantándonos.

No es casualidad que cada vez más veamos este tipo de oferta en restaurantes galardonados; porque como nosotros, foodies comunes y corrientes, los chefs más reconocidos también vivieron este tipo de anécdotas y hoy tienen la capacidad de enaltecerlas y de mantenerlas vivas con técnicas mucho más refinadas para preparar sus platillos. Porque a fin de cuentas, no hay nada más democrático que comer en la banqueta y no hay nada más rico que compartirlo con todo el mundo. Provecho.

*Nuestro mero mole es hacer restaurantes y food halls a nivel global que crean experiencias extraordinarias para sus usuarios e inversionistas.

CRÉDITO: 
Iván Moreno / creative design en Mero Mole