Futuro Incierto

Al salir de la entrevista, Luis se aflojó el nudo de la corbata mientras bajaba por el elevador rumbo a la calle de Insurgentes en la Colonia del Valle. Por enésima vez escuchó de un gerente de Recursos Humanos aquella frase de la que siempre titubeaba al momento de responder: ¿tiene usted experiencia en el puesto?

Con 30 pesos en la bolsa del pantalón, a sus 22 años y con la cabeza fija en el suelo, caminó hacia la estación del metro. No dejaba de pensar en la invitación de Miguel, su amigo de toda la vida, quien al salir de la prepa puso un negocio de producción y distribución de películas “piratas”. Al menos tendría para mis gastos, se justificó.

Al llegar a su casa a mitad de la mañana se dejó caer en su cama ante el enojo de su madre. Laura, su novia, espera la llamada para saber cómo le fue, y como siempre, darle ánimos.

Al día siguiente, Luis se puso el mismo traje azul marino gastado, camisa blanca y corbata a rayas para no dejar matar la esperanza en otra entrevista, como sucede desde hace ya casi seis meses. Por supuesto llevó su título universitario como armadura y su currículum vitae, elaborado de acuerdo a las sugerencias de Google.

Aunque, mirando hacia la nada se queda pensando: ¿qué hice mal, en qué me equivoqué?

Luis es uno de los dos y medio millones de desempleados que existen en México. Miguel forma parte del 60% de la población ocupada dedicada a la economía informal. A veces se nos olvida que detrás de las estadísticas existen personas de carne y hueso.

Recientemente el Banco de México (Banxico) pronosticó un crecimiento del PIB de 3.5% para 2015 y 3.7% para 2016. Estas cifras son totalmente insuficientes no sólo para absorber el desempleo existente, sino para incorporar a los jóvenes al mercado laboral con empleos de calidad en el futuro inmediato. Todo esto enmarcado ya dentro de las reformas del presente sexenio.

A esto agreguemos, con datos del Instituto Nacional de Geografía e Informática (Inegi), que en México solo 7% de las personas ocupadas, informales y formales, ganan más de 10,000 pesos mensuales, es decir, cinco salarios mínimos. De acuerdo con el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), se han perdido en nuestro país, en los últimos 5 años, cerca de 1.8 millones de empleos que pagan más de 5 salarios mínimos, y 1.3 millones de empleos de 3 a 5 salarios mínimos.

Nuestros jóvenes universitarios deberían estar inmersos en un proceso de incorporación a la vida productiva del país. Muy lejos de esta situación los localizamos en huelgas, manifestaciones, actos vandálicos o como nini´s. El bono demográfico se nos está yendo entre las manos. Esto es grave.

El autor es director sede Cuernavaca de al Universidad Interamericana para el Desarrollo

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