La capacidad de cualquier líder: delegar

Muchas veces nos preguntamos qué es lo que hace que una empresa funcione o no. Y aunque los éxitos y los fracasos de un negocio obedecen a muchísimas causas, la realidad es que un factor que sí es determinante para el éxito de cualquier negocio, es nuestro equipo de trabajo.

Un buen líder tiene muy claro que para avanzar necesita rodearse de los mejores; en ocasiones, de gente mejor (más inteligente, más hábil, más resiliente, o con más conocimiento sobre un tema en particular) que el propio jefe. Contar con un equipo de personas que sepan hacer su trabajo y lo hagan bien, para que el líder se ocupe de dirigir todo lo demás. De ahí viene la importancia que tiene el saber delegar responsabilidades. Nadie es capaz de hacer todo lo que se requiere en un negocio, esto solo nos llevaría a perdidas económicas y de tiempo, generando estrés.

Sin embargo, cuando el líder parte de la visión de que el negocio es propio, muchas veces cuesta trabajo y causa ansiedad no tener absoluto control de lo que ocurre. Para lograrlo, además de construir un equipo sólido, tiene que existir una muy buena comunicación. Debes ser específico con lo que quieres, y establecer objetivos, metas y tiempos de entrega, indicándolos claramente al dar la instrucción, procurando que sean realistas, y escuchando la retroalimentación del equipo sobre la carga de trabajo que implica ejecutar esa tarea en el tiempo esperado. No digas simplemente lo que quieres que hagan, más bien hazles ver para que lo tienen que hacer, las razones por las que eso es importante, y qué otras áreas del negocio dependen de que esa tarea se ejecute a tiempo. Haz que todos se sientan incluídos en el avance de la empresa, que sepan que lo que hacen tiene un sentido y genera sinergia.

Basándonos en eso, hay que pensar qué es lo que se va a delegar. Es muy distinto delegar tareas sencillas de hacer, que quizá podría ejecutar cualquier miembro del equipo, que tareas que requieren de mucha especialidad. También hay que tener muy claro qué cosas solo puedes hacer tú, cuáles se te dan bien y cuáles no. Una vez que se decide esto, entonces se piensa a quién se le va a delegar cada responabilidad. Por eso tienes que conocer bien a tu equipo, saber sus puntos fuertes y débiles.

La clave es reconocer que todos hacen las cosas de manera distinta, por lo que, en ocasiones, no importa cómo se hace algo, sino el hecho de que se llegue al objetivo, bien y en tiempo. Si tu empleado no cumple su responsabilidad de la forma exacta en la que tú lo harías no importa, siempre y cuando el resultado sea el deseado. Hay que dejar que todos trabajen a su manera y confíar en sus habilidades.

Habrá casos excepcionales en los que la forma de ejecutar el proyecto sea importante; en esas ocasiones, un buen jefe sabe cómo presentar los temas de forma y ejecución como tareas adicionales que son parte de la misma meta, y comunica, con igual claridad, para cuándo debe estar listo el entregable final y qué características debe tener.

A todos nos gusta sentir que hicimos bien nuestro trabajo, por lo que un buen líder siempre reconoce los méritos de su equipo. Felícitalos cuando hacen las cosas bien, no sólo en privado, sino frente a todos. Es una excelente motivación. Por otro lado, si alguien no logra su objetivo, no lo ridiculicez frente a los demás, dícelo en privado, haciendo una crítica constructiva que también lo motive a mejorar.

Mientras vas viendo como tu equipo va creciendo, puedes ir poniendo cada vez más retos. Eso logra que la gente se de cuenta de que confias en ellos y además hace que su interés en el trabajo crezca. Si sienten que cada vez tienen más responsabilidad y se dan cuenta de sus mejorías, van a estar más involucrados con su trabajo, y lo harán mejor.

Por último, para que el trabajo de frutos, debe haber seguimiento. Esto se logra teniendo metas realistas y aceptando la comunicación no sólo al inicio del proyecto, sino durante todo el transcurso del mismo, para que el equipo se pueda ajustar según el avance que exista. Ser claro con los objetivos y las fechas de lo que pedimos, pero flexible cuando las circunstancias cambien o el equipo comunique de manera razonable que la carga de trabajo no puede atenderse en ese tiempo. Es recomendable hacer juntas periodicas en las que cada quien hable de su progreso y sus obstáculos. El equipo debe sentir que lo apoyas para tener un mejor rendimiento. Toma en cuenta lo que digan. Si piensan que sus tareas no son realistas, probablemente tengan razón.

Un buen líder siempre está abierto a mejorar. Si crees que alguien tiene una buena idea, impleméntala. Muchos piensan que eso puede demeritar su trabajo, pero es todo lo contrario. Ten presente que el punto es que se haga lo mejor posible y que la perspectiva de alguien más puede ayudar. Eso también incluye reconocer tus errores y ser capaz de recibir crítica. Sus observaciones te ayudan a mejorar día con día. De igual manera, tus críticas constructivas los ayudan a ellos a progresar, así que tómalos en cuenta en todo momento.