Contingencias y compromisos

El tema que hoy nos ocupa ya lo hemos tratado en artículos anteriores. El 17 de mayo del 2016, hablé de las responsabilidades y las obligaciones contraídas, el 18 de octubre del 2016 hablé de la administración de obligaciones y pasivos contingentes y el 3 de enero del 2017, hablé de hacer frente a las eventualidades. Hoy, quiero dar una perspectiva al tema no desde la administración de la empresa, sino desde el punto de vista del proveedor de recursos.

Cuando un empresario, inversionista, organismo financiero o proveedor pone su dinero en un negocio, la finalidad es evidentemente la ganancia, sea ésta representada por un interés, dividendo o la ganancia que obtiene el proveedor al vender un producto.

Cualquiera de los anteriores, u otros interesados, basará su decisión de invertir en la empresa o no, en el análisis que hagan de los últimos estados financieros que estén disponibles.

El inversionista, en su análisis de los estados financieros, tomará en cuenta varios aspectos: verificará que el nivel de operaciones sea adecuado para generar un flujo de efectivo suficiente para pagar las deudas actuales y futuras; el nivel de operaciones sea consistente con los generados en periodos anteriores de tal manera que dé certeza de conservarse en el futuro; los activos sean los adecuados para la operación del negocio; las cuentas por cobrar sean suficientes y recuperables en un plazo razonable para poder pagar con oportunidad sus costos y a sus acreedores; el endeudamiento esté en un nivel aceptable de tal manera que la adicional incrementada no ponga en riesgo la capacidad de pago de la empresa.

Adicionalmente, las instituciones financieras que le prestan a las empresas imponen una serie de obligaciones de hacer y qué no, para asegurar que la empresa mantiene la capacidad de pago acordada.

Los estados financieros de la empresa deben estar preparados de tal manera que, de su análisis, el lector pueda determinar todos los factores mencionados, pero existen otros que los estados financieros por sí mismos no transmiten y son los relacionados con sucesos que no han sucedido.

Dentro de estos eventos tenemos dos tipos: los que están comprometidos mediante un contrato, y los que suceden porque la empresa está expuesta a ciertos riesgos que pueden traer como consecuencia el pago de asuntos no contemplados.

Los primeros se refieren a las obligaciones que adquiere la empresa cuando entra a un contrato a largo plazo que compromete hacer pagos futuros anuales como de préstamo y renta que cubren varios años; obra a largo plazo; pagos de regalías, y otros. Dichas obligaciones no son registradas en la contabilidad, ya que no son gastos que hayan sido devengados. Todas estas obligaciones deben ser reveladas al lector en notas a los estados financieros para advertir al posible inversionista de aquellas obligaciones por las cuales ya hay recursos futuros comprometidos.

El segundo tipo de eventos son aquellos a los que les damos el nombre de contingencias, riesgos que corre la empresa que pueden convertirse en obligaciones reales en un nivel mayor a posible. Algunas de éstas son: demandas de tipo laboral o mercantil hacia la empresa; asuntos de controversia con las autoridades; asuntos derivados de daños a la naturaleza o propiedad pública o de terceros en donde se esté estableciendo responsabilidad a la compañía, etcétera. En todos los casos, la administración empresarial también deberá revelar al lector de estas situaciones en las notas a los estados financieros.