Los errores contables

El objetivo de la información financiera es la toma de decisiones. Nadie que yo conozca lee un estado financiero por entretenimiento, cuando es más para propósitos de investigaciones de diferente naturaleza.

Cuando los interesados en información financiera la analizan para tomar una o varias decisiones, están confiando en que la misma es real, confiable y oportuna. Esto quiere decir que la información representa todos los bienes y obligaciones que efectivamente tiene o que ha incurrido la empresa o entidad que reporta; así mismo, contiene información sobre las operaciones que efectivamente se llevaron a cabo.

Otras características de la información financiera son que todos los activos y pasivos que se reportan estén correctamente valuados y presentados en la misma, de acuerdo a su naturaleza y características.

Los errores en la información financiera pueden ser derivados de equivocaciones involuntarias o distorsiones incurridas con el objeto de que el lector no se de cuenta de alguna situación que pudiera llevarlo a tomar una decisión que de otra manera hubiera sido diferente. Esto quiere decir que cuando los errores son intencionados, están dirigidos a influir inapropiadamente en la decisión de algún tercero, lo que se conoce como “fraude contable”.

La contabilidad se basa en reglas de aplicación general llamadas “Normas de Información Financiera”, dirigidas a que todas las entidades que reportan información financiera lo hagan sobre bases iguales a las mismas circunstancias. Estas normas incluyen la forma en que se tienen que valuar, registrar, presentar y revelar las operaciones y eventos económicos que afectan a la empresa.

Los errores contables alteran esa uniformidad y la interpretación que se pueda hacer de la información financiera. Por ejemplo, si una empresa decide registrar un ingreso de una manera diferente a como establecen las normas, no solamente afectará la comparabilidad que pueda tener comparada contra otras organizaciones y circunstancias similares, sino que alterará la percepción que tienen los interesados en la compañía, que será diferente a la de otras similares.

La decisión de la administración de no seguir las directrices contables, por ejemplo en el reconocimiento de ingresos, puede generar que el inversionista crea que la empresa tiene un desempeño mejor que el de asociaciones similares y que es mejor invertir en ella en lugar de las otras del sector. Asimismo, dicha percepción puede provocar que el inversionista genere expectativas exageradas en cuanto al rendimiento real, lo que puede llevar a una decepción cuando los resultados reales sean presentados.

Existen otros errores que causan expectativas irreales en cuanto al valor de una empresa, por ejemplo, para determinar la capacidad de garantizar un préstamo. Si en el momento de ejercer las mismas, se llega a la conclusión de que el valor es inferior al reportado, puede constituirse en un fraude a la institución que haya prestado.

El hecho de incurrir en un error u omisión premeditada, puede tener muchas motivaciones para la empresa, pero siempre genera un daño económico o moral a uno o varios terceros. Además daña irremediablemente el prestigio de la empresa y de su administración.