La competitividad económica de México, primera parte

La competitividad económica de nuestro país ante el resto de las economías desarrolladas y emergentes debiera ser un asunto central en las agendas del Gobierno Federal (tanto de la Presidencia de la República, de la Secretaría de Economía y de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público), así como del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) a través de sus principales cámaras empresariales con el apoyo del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

La competitividad económica en general, origina numerosos beneficios en el desarrollo económico y diversos indicadores económicos favorables para cada nación, tales como: ayuda a mantener y atraer inversiones nacionales y extranjeras en proyectos productivos de inversión, promueven estabilidad en las finanzas públicas, así como en las finanzas privadas de las empresas, sirven de soporte para fomentar las exportaciones de nuestros productos, promueve la creación de empleos mejor remunerados, eleva el crecimiento del PIB y el ingreso per cápita, contribuye a incrementar las reservas de divisas, ayuda al Gobierno Federal y a las empresas públicas y privadas a colocar títulos de deuda a menores tasas de interés en los mercados financieros internacionales, mejora la perspectiva e imagen de los analistas de las empresas calificadoras para calificar los títulos internacionales de deuda antes mencionados, etc.

El Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés), publica en octubre de cada año su informe sobre el Índice de Competitividad Global (ICG) de 141 países. Para 2019, México quedó ubicado en el lugar 48 con un total de 65 puntos, dos lugares abajo con relación a su informe de 2018, en el que estaba en la posición 46.

Este lugar que ocupamos en el ámbito mundial no corresponde al que México debiera ocupar por varias razones: por el monto de nuestro PIB (somos la economía número 15 en el mundo, según el FMI, descendiendo un lugar en el último año) y por el denominado pilar 10 del WEF “Tamaño de Mercado”, en el cual ocupamos el lugar 11 a nivel mundial, con un puntaje de 80.8, por el tamaño de nuestra población de 125 millones y por nuestro bono demográfico por tener un alto porcentaje de población joven que seguirá realizando un alto consumo en los próximos años, por tener una frontera de 3,169 kilómetros con la unión americana, por ser el mayor socio comercial de los Estados Unidos de América (habiendo ya desplazado a China), por la segunda economía más abierta con mayor número de tratados económicos firmados con otros países y bloques económicos, entre otros.

El top ten del Índice de Competitividad Global estuvo encabezada por Singapur, Estados Unidos, Hong Kong, Países Bajos, Suiza, Japón, Alemania, Suecia, Reino Unido y Dinamarca.

Si comparamos el lugar 48 de México con los países del denominado acrónimo “BRICS” con un nivel de desarrollo similar a nuestra nación, notaremos que estamos en una posición intermedia, ya que Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica ocuparon los lugares 71, 43, 68, 28 y 60, respectivamente en el año de 2019 en el ICG calculado por el WEF, observando que la denominada segunda economía mundial (China) y la Federación Rusa han hecho mejor la tarea que nuestro país en materia de competitividad.

A nivel iberoamericano, nos superan en esta materia, países como España, Chile y Portugal que ocuparon en 2019 los lugares 23, 33 y 34, pero estamos por arriba de Brasil, Argentina, Perú y Colombia los cuales estuvieron ubicadas en los sitios 71 y 83, 65 y 57.

Por otro lado, existen economías muy importantes en el tamaño de su PIB, como Corea del Sur, Australia, Turquía, Vietnam, Indonesia y Polonia y Tailandia, con las que competimos por las inversiones productivas y en la exportación de productos, que ocuparon los lugares 13, 16, 61, 67, 50, 37 y 40 respectivamente, observando cómo nos superaron en 2019 cinco de ellas.

En mi siguiente colaboración, abordaré de manera general los doce Pilares o rubros que evalúa el WEF para medir y clasificar la competitividad económica de México con algunos comentarios.

Ramón Serrano Béjar, consultor Independiente en Productividad y Gobierno Corporativo
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