Quiero que me volteen a ver

Foto EE: Angélica Pineda

Marina Mendoza es una emprendedora mexicana en busca de financiamiento para vender sus diseños en los mercados de África y Estados Unidos.

Marina Mendoza ganaba 600 pesos diarios como costurera en San Juan del Río, Querétaro. Pero quería hacer más dinero. Por ello dejó todo y se fue a Estados Unidos. Sin papeles caminó entre México y territorio gringo durante tres días con sus noches.

Entrevistada en el marco de la Semana del Emprendedor, contó que en su primer trabajo le pagaban 600 dólares a la quincena por una larga jornada de trabajo. Lo dejó y puso un negocio de costura, donde también vendía ropa interior, zapatos y, como un redituable complemento, legalizaba “carros y trocas”, con una ganancias de 100 dólares por unidad.

“Vendía zapatos, trajes vaqueros, a Zermat –empresa multinivel de perfumería- nunca la dejé, allá tengo todavía a mis vendedoras y gano dinero por ello. Compraba y vendía las trocas, legalizaba, mandaba la paquetería, vendía ropa interior por mayoreo y menudeo, entre otros negocios".

Marina sufrió un accidente y se regresó a México en diciembre del 2012. Inquieta en los negocios invirtió su dinero en una granja de cerdos. También comenzó a organizar talleres de costura para atender a las clientas que dejó “del otro lado”.

“Como le hacía mucha ropa a las afroamericanas tengo todas las ideas, medidas, modelos. Soy muy creativa. Les prometí que les iba a hacer la ropa en México y se las voy a enviar, pero aquí no he encontrado quien me ayude. Tengo unas máquinas pero no tengo quien me patrocine, ni la inversión”.

La emprendedora comentó que acudió al evento en el Centro Banamex “para que alguien me voltee a ver, que vea mis vestidos y me diga dónde puedo acceder a recursos para comenzar a exportar. En Estados Unidos fui a un programa de ProMéxico, allá es fácil todo, aquí hay mucha burocracia. Si no terminamos con esa burocracia aquí nunca vamos a hacer nada”, consideró.

Marina cree que sus diseños tendrán éxito en África, pero por lo pronto su objetivo es el mercado estadounidense, en particular las clientas que allá dejó. “Las que van a llevar los vestidos a África son ellas, las mismas que me compraban”, concluye.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda/ El Empresario