A “patadas” niñas aprenden a amarse y defender derechos

Foto: Cortesía

Los momentos difíciles y problemas son inevitables; sin embargo, también representan una oportunidad de cambio y bienestar.

Guadalupe García es prueba de que aunque la vida ponga obstáculos, se pueden vencer con determinación y pasión, y mejorar no sólo su vida, sino la de las personas a su alrededor, sobre todo a las mujeres.

“Mi nombre es Guadalupe García, soy una mujer indígena mazahua de la región norte del Estado de México, soy activista, promotora y defensora de derechos humanos, y me enfoco en la educación, derechos sexuales y reproductivos”, manifestó durante la segunda da edición del Women’s Forum 2017

“Lupita” como cariñosamente le llaman, nació en San Juan Coajomulco, Estado de México, comunidad indígena donde la violencia, marginación y discriminación hacia la mujer es muy marcada, simplemente por el género y la pobreza.

“Mi madre quedó huérfana a los 11 años porque mi abuelo mató a mi abuela a golpes. Tengo dos hermanas quienes se casaron a los 14 y 15 años, y tengo un hermano con discapacidad porque trataron de abortarlo pero no se pudo.

Al terminar la secundaria lo que quería era venir a la Ciudad de México y emplearme como servidora domestica, como es común en la comunidad”, relató.

Durante su estancia en la ciudad, se topó con un libro que cambiaría su vida y motivaría a ir a la universidad, aunque no fue sencillo. Primero, las personas con las que laboraba la despidieron porque buscaban a alguien que lavara platos, no que estuviera leyendo. Al regresar a la comunidad tuvo que pedir permiso a su hermano y padre para poder estudiar y tras mucho esfuerzo, concluyó la licenciatura en comunicación.

Como parte de la tesis, Lupita conoció siete historias de mujeres de su comunidad que han vivido violencia en diferentes formas y cómo no lo evitan e incluso la replicaban por la cultura existente. Una de esas mujeres era su mamá.

“Somos mujeres valiosas e inteligentes que lo único que falta es que nos dejen demostrarlo”.

Lucha de derechos

Para cambiar el panorama, Lupita comenzó la Fundación Mujeres, lucha y derechos para todas que ayuda a las mujeres a librarse de la violencia, estereotipos y tener control absoluto de su cuerpo.

A través de talleres, mujeres de todas las edades aprenden sobre liderazgo y a luchar por sus derechos, ejercer sanamente su sexualidad, decidir sobre su cuerpo y continuar con sus estudios.

“Enseñamos a conocer nuestro cuerpo, entender que ese cuerpo es mío, de saber que tengo una vulva que si no quiero que me toquen, no deben hacerlo. Enseñamos a defendernos y aceptarnos. Cuando una mujer se apropia de su cuerpo, toda su vida cambia”.

Asimismo, ha desarrollado el programa Jugando por mis derechos, cuyo objetivo es enseñar a las niñas a amarse, decidir sobre su cuerpo y apoyarlas a seguir sus estudios, todo a través del fútbol.

Lupita acude a comunidades donde aún existen estigmas sobre las niñas jugando fútbol, que les da pena usar shorts o patear balones. Las que quieran participar, deben tener buenas calificaciones y el mayor beneficio es que además de empoderarlas y darles confianza, apoyan con becas escolares y deportivas.

Gracias a ello, cientos de niñas se han beneficiado y están estudiando en escuelas privadas. Una de ellas de origen otomí, ha sido convocada para participar en pruebas de ingreso a la selección nacional.

Para Lupita su proyecto es como otros que buscan defender los derechos de las mujeres, especialmente de las indígenas, pero para lograr el objetivo, se requiere de la unión de la sociedad.

“La indiferencia no es el camino, el placer sin conciencia es muy peligroso e ignorar las problemáticas del país, también es un tipo de violencia. Hay que sumarnos en cosas prácticas y que de verdad hagan un cambio en la vida de las mujeres”, finalizó.

CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario

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